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Antigua Guatemala

Antigua Guatemala

Sacatepéquez (Guatemala)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 21 04, 2017
  • Categoría:

Capital herida


Los 45 kilómetros que separan la antigua capital de Guatemala de la moderna se hicieron eternos para la imagen del Jesús Nazareno de la Merced. Su penoso traslado, iniciado con lloros en la iglesia de la Merced y ejecutado a lomos de distintos fieles, marcó el traslado definitivo de la capital de la capitanía general de Guatemala. El enésimo terremoto, materialización de la constante amenaza de los volcanes Agua, Fuego y Acatenango que rodeaban la antigua capital, tuvo la culpa. Así, Santiago de los Caballeros de Guatemala se renombró como Antigua Guatemala. Este traslado provocó, por otro lado, que el diseño renacentista de una de las más bellas ciudades de las Indias se mantuviera intacto. Con su arquitectura ha sucedido lo mismo. La salvedad es que ser pasto de constantes terremotos ha dejado en la ciudad numerosos edificios en ruinas y cicatrices. Nos cuentan que tiempos pasados fueron más gloriosos.

Arco de Santa Catalina con el volcán Agua al fondo

De hecho, Antigua no fue la primera sino la tercera capital para los españoles. La primera se localizó en Iximché y la segunda en Ciudad Vieja, en la falda del volcán Agua. Un alud de barro arrasó esta ciudad y en 1543 se decidió el traslado unos kilómetros, en el centro del valle de Panchoy. Este valle creció gracias al poder político y económico: en el entorno de Antigua prosperaron 73 pueblos y dos villas, además de la propia ciudad. Al poder político se sumó rápidamente el religioso con los franciscanos, que abrieron la iglesia Escuela de Cristo. Por entonces ya se habían iniciado las obras de la catedral, suspendidas constantemente por los sismos. Eran las primeras señales. Antigua prosperó en el siglo XVII gracias también a la apertura de la tercera universidad de América y a la figura de Pedro de San José Betancur. Este canario supo llegar a los indígenas con su caridad y es considerado el gran evangelizador de las Indias occidentales. Las cosas empezaron a torcerse en 1717, cuando Antigua sufrió su primer gran terremoto.

Fue culpa del volcán Fuego, que generó sismos y erupciones. La ciudad se recompuso, pero se empezó a plantear la posibilidad de mudar la capital. En 1751 llegó el segundo, pero más pareció que los antigüeños se rebelaron contra los elementos: los proyectos arquitectónicos crecieron. Hasta 26 iglesias y 70.000 personas había en la ciudad cuando llegó el fatal año, 1773. Se le llamó el terremoto de Santa Marta y marcó un antes y un después en Antigua. No es que fuera mucho más virulento que los previos, pero hizo comprender a las autoridades que la capitanía había de moverse. Esto dejó en un estado de abandono a Antigua, que fue pasto del saqueo. Arruinada Guatemala, la llamaron. Sin ninguna parroquia ni autoridad, la ciudad poco a poco empezó a levantar la cabeza. Con la independencia en 1821 recuperó el estatus de ciudad y volvió a crecer gracias a la agricultura. Su patrimonio la ha hecho eterna, aunque el tema de los terremotos no tiene arreglo: el último grave fue en 1976.

Ruinas del proyecto catedralicio de Antigua

Antigua pasa por ser la mejor representante del diseño renacentista en damero: es absolutamente rectilínea y cuadrangular. Entre sus calles empedradas destaca la imagen del Arco de Santa Catalina, perteneciente a un antiguo convento y hoy símbolo de la ciudad. Las edificaciones no suelen pasar de un piso y los campanarios son bajos: todo con tal de soportar los terremotos. En el centro, una gran plaza coronada con una fuente de sirenas. En esta plaza se saludan el poder político y el eclesiástico. Aquí están el palacio de los capitanes generales y la catedral del San José. Esta parroquia asumió la ocupación de un sector de la antigua catedral. Lo más interesante es acceder a las ruinas de la enorme nave que fuera catedral más grande de la zona. Diego de Porres fue el gran constructor de la ciudad y suyo es el convento de San Francisco, que todavía muestra cicatrices de los terremotos. En mejor estado está la Iglesia de la Merced, el mejor exponente del ultrabarroco antigüeño.

Antigua está a menos de una hora del aeropuerto de La Aurora, en la capital del país. Tiene actualmente 50.000 habitantes y mezcla el encanto rural con la sensación de pasear por una ciudad medio en ruinas. Hay paseos guiados y uno de ellos recorre los lugares más relacionados con el padre Betancur. Antigua es una ciudad llena de turismo y de jóvenes estadounidenses aprendiendo español, por lo que la seguridad es mayor que en otras zonas. Aún así no es total. Subir al mirador de la Cruz es obligatorio, pero el camino exige precauciones. Más aún si queremos subir al volcán Agua, desde donde se tiene una vista excepcional del valle. La Semana Santa es la fiesta más grande de Antigua. Durante la misma se celebran varias procesiones que caminan sobre alfombras de aserrín de colores.

Fotos: J. Stephen Connkishrieves

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