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Barrio del Puente Viejo en el centro histórico de Mostar

Barrio del Puente Viejo en el centro histórico de Mostar

Herzegovina-Neretva (Bosnia-Herzegovina)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 2 03, 2017
  • Categoría:

La ciudad del puente


Stari Most no es el puente más alto del mundo, ni el más largo, ni el más antiguo ni seguramente el más bonito. Sin embargo, el puente que cruza el río Neretva en Mostar es sin duda uno de los más simbólicos del mundo. Mostar, ciudad más relevante de la región no oficial de Herzegovina, fue ocupada por los otomanos durante el siglo XV. Ellos la encumbraron hasta cederla al imperio astro-húngaro. Entonces, muchos de los musulmanes permanecieron en sus casas formando un grupo conocido como los bosníacos. La mezcla étnica, cualidad positiva de Mostar hasta entonces, empezó a dar problemas. Estos terminaron por degenerar en una de las últimas guerras en territorio europeo: la guerra de los Balcanes. Mostar era entonces, como hoy, una mezcla casi a partes iguales entre musulmanes, católicos y ortodoxos. El conflicto se llevó por delante el puente de Mostar, un símbolo de 400 años que atrajo el interés de medio mundo. No todas las heridas de la guerra se han curado, pero al menos hoy podemos celebrar la reconstrucción del Stari Most.

Vista de Stari Most, ya reconstruido

Mostar es una ciudad construida a partir de un puente. Antes de los otomanos había uno de madera. Su misión era comunicar el mar Adriático con las regiones mineras del interior de los Balcanes. El asentamiento alrededor del puente estaba poblado por los mostari, literalmente los cuidadores. En 1468, los otomanos ocuparon el territorio y urbanizaron y fortificaron profundamente Mostar.  En 1566, el puente de madera se transformó en uno de piedra gracias a la ingeniería otomana. Mostar se convirtió en una de las ciudades más importantes del imperio. En esta época se llenó de influencias porque en la ciudad, además de musulmanes, había católicos, ortodoxos y judíos. Se llegó a generar una cultura propia. En el siglo XIX, los vientos de cambio finalizaron con el paso al imperio astro-húngaro en 1878, que la convirtieron en la capital de su región Herzegovina. Tras la I Guerra Mundial se unió con el resto de los Balcanes en el experimento llamado Yugoslavia.

Que, como todos sabemos, no funcionó. El avispero de los Balcanes tomó forma propia en Mostar, que vivió una doble guerra. En la primera, el ejército yugoslavo se enfrentó a los croatas, que defendían la creación de la República Croata de Herzeg-Bosnia. Los yugoslavos asediaron la ciudad 18 meses en los que cayeron multitud de monumentos: monasterios, la catedral, quince mezquitas incluyendo la de Karadzoz-bey y los centros ortodoxos. Estos últimos cayeron de mano de los croatas, que ganaron y prometieron respetar el gobierno bosnio. Acto seguido, impusieron su cultura a través de moneda, lengua, etc. Los bosníacos reaccionaron y arrancó así el segundo acto. Con Mostar dividida, el este bosníaco fue asediado durante diez meses. Finalmente, el acuerdo de Washington expulsó al gobierno croata de Mostar. Para entonces, el mal ya estaba hecho: Stari Most había caído. Desde 1999 comenzaron las obras de reconstrucción de puente y centro histórico gracias a la UE, UNESCO, Banco Mundial y otros organismos y países. Lo principal ya vuelve a estar en pie.

Una de las calles de la multicultural Mostar

La arquitectura de Mostar mezcla todas las numerosas influencias que ha tenido la ciudad. Lo otomano está muy presente en muchas casas, como la de Muslibegovica, y en algunas mezquitas supervivientes como la de Cejvan Cehaj. A esta influencia se unen el Renacimiento italiano y dálmata por la cercanía al Mediterráneo y el neoclasicismo incorporado por los astrohúngaros en el siglo XIX. En el periodo comunista, algunas casas históricas fueron sustituidas por edificios funcionales, pero afortunadamente el tirón turístico de Mostar protegió el centro. Allí se encuentra el nuevo Stari Most, un prodigio de la arquitectura e ingieniería otomana. El original fue levantado por Mimar Hayruddin bajo un diseño del gran maestro Sinan. Cuelga 20 metros del río y mide 28 metros de longitud, formando un leve arco. Está flanqueado por dos torres defensivas: Halebinovka y Tara.

Mostar se recupera paulatinamente y cuenta actualmente con más de 100.000 habitantes. El turismo ha regresado con fuerza y es servido por un aeropuerto con muchas conexiones con Italia. No está lejos de Dubrovnik y Sarajevo, desde donde se llega por tierra. Mostar disfruta de multitud de festivales de música y teatro, principalmente durante el verano, cuando el clima es más agradable. La cocina vuelve a ser una apasionante mezcla de influencias culturales. Principalmente es otomana y mediterránea, pero también tiene un toque centroeuropeo en el profuso uso de las salchichas. El cevapi es el plato que mejor representa esta mezcla de culturas.

Fotos: Xiquinho SilvaVinceTraveller

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