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Camino Real de Tierra Adentro

Camino Real de Tierra Adentro

Chihuahua, Durango, Zacatecas, Aguas Calientes, San Luis Potosí, Jalisco, Guanajuato, Quetérato, México e Hidalgo (México)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 3 10, 2017
  • Categoría:

Antiguo y salvaje norte


Miles de hispanos migran anualmente hacia el norte con la mente puesta en la promesa de una nueva vida en EEUU. La frontera que marcan las ciudades de Juárez y El Paso simboliza más que ningún otro sitio este camino que hace unos siglos tenía un significado diferente. Entre los siglos XVI y XIX, España tejió una red de caminos denominados reales para facilitar el transporte de mercancías en sus territorios de Nueva España. Los cuatro principales confluían en la capital: Ciudad de México. El que se dirigía al norte se denominó de Tierra Adentro por lo desconocido de un territorio árido y lleno de peligros, pero también de oportunidades. También conocida como la ruta de la plata, de norte a sur viajaba este preciado mineral, mientras que de sur a norte subían provisiones y materias primas como el mercurio. Los 2.560 kilómetros que van de Ciudad de México a Santa Fe, hoy en EEUU, se llenaron de hospederías, presidios y haciendas que dieron servicio al camino, que se convirtió en un vertebrador cultural de toda la región.

Puente de Ojuelos, del siglo XVII

Antes de que llegaran los españoles ya existían rutas comerciales entre los pueblos de las montañas Rocosas y Mesoamérica. En estas, productos como la sal y la turquesa eran protagonistas. Desde la conquista española, los caminos se recuperaron y aseguraron. Durante el siglo XVI se hizo en la sección más cercana a Ciudad de México, pero a finales de ese siglo una expedición liderada por Juan de Oñate logró atravesar el desierto hasta más allá del río Bravo, el mismo que hoy marca una gran parte de la conflictiva frontera entre México y EEUU. Productivas minas como la Valenciana servían al imperio, mientras que hacia el norte se formaban caravanas, denominadas conductas, que se enfrentaban a un duro camino para abastecer a las ciudades fundadas en el camino. Tras pasar un territorio de bandoleros hacían frente a zonas de indígenas y finalmente al largo desierto.  La meta eran lugares como San Felipe el Real, hoy Chihuahua, o San Felipe Neri de Alburquerque, hoy una próspera ciudad del estado de Nuevo México en EEUU.

Estas ciudades y el camino de Tierra Adentro empezaron a tomar vida propia al margen del imperio y de la capital. Se generó una propia cultura en la que también se incluyeron a indígenas como los de pueblo de Taos. Estos participaban en ferias comerciales que servían como punto de encuentro de los territorios norteños. Los colonizadores permitieron estas relaciones como una solución para gestionar la relación con los indígenas. La estrategia se mostró exitosa y formó un colchón de seguridad frente al avance de otros estados europeos como Inglaterra o Francia, establecidos más al este. Sin embargo, el siglo XIX trajo nuevas complicaciones por medio de los deseos de independencia. Más que mercancías, en estos tiempos Tierra Adentro fue utilizado por tropas de ambos bandos. Tras la independencia, el nuevo estado mexicano expandió el camino comercial hasta Misuri para mejorar las relaciones con EEUU. Estas se rompieron cuando estalló la guerra entre ambos, tras la cual se fijó la frontera que partió el camino Tierra Adentro en dos, justo en medio de El Paso. Poco después, el camino empezó a caer en desuso con la llegada del ferrocarril.

Paisaje del camino Tierra Adentro en la Sierra de Órganos

El camino hoy es más un ente abstracto que une puntos en el mapa mexicano, aunque también hay secciones antiguas entre pequeñas villas e infraestructuras como los puentes de Atongo, Ojuelos y La Quemada. Atraviesa varios estados, ciudades y sesenta localizaciones señaladas como ejemplos, porque podrían ser muchas más. De sur a norte el camino empieza en el centro histórico de México D.F. y pasa por conventos, santuarios y haciendas, pero también centros históricos tan importantes como los de Quetérato, San Miguel de Allende o Zacatecas, y los denominados pueblos mágicos como Lagos de Moreno, Sombrerete o Mapimí. También hay patrimonio minero, como el de Guanajuato, zonas naturales como la Sierra de Órganos e incluso una cueva pintada, la de Ávalos, que muestra el punto de vista indígena sobre la llegada de los colonos.

Recorrer el camino original no es posible porque este se ha truncado, pero se puede diseñar un recorrido casi igual entre México D.F. y Santa Fe. De hecho, este recorrido está ganando fama entre los más aventureros. El recorrido exige una planificación amplia y bastante tiempo si queremos visitar con calma cada lugar, especialmente en el estado de Durango, el que más lugares señalados acumula. Lo más lógico es volar al D.F. y ahí alquilar algún transporte para ir al norte. En Ciudad Juárez, el camino continuaría por El Paso, donde podemos tener problemas fronterizos dependiendo de nuestra nacionalidad, hasta Santa Fe. La sección estadounidense está considerada un National Historic Trail de 650 kilómetros entre los estados de Texas y Nuevo México. Existe, de hecho, un centro de visitantes y museo del camino en la ciudad de Socorro, en Nuevo México.

Fotos: OrbistertiusNoé González-Gallegos

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