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Casa, talleres y museo Plantin-Moretus

Casa, talleres y museo Plantin-Moretus

Flandes (Bélgica)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 20 12, 2015
  • Categoría:

La revolución impresa


Muchos historiadores comparten la idea de que una triada de inventos revolucionó el mundo al final de la Edad Media: el compás, la pólvora y la imprenta. Lo que muchas veces se señala como revolución es en realidad un proceso que se dilata muchos años en el tiempo. La imprenta es un ejemplo: aunque Gutemberg se lleve todo el crédito histórico por su invención, muchos fueron los inventores y empresarios que durante siglos hicieron avanzar la tecnología que dio pie a una nueva era del conocimiento humano. En la Edad Moderna, distintas ciudades fueron focos de la impresión de libros. Primero fue Venecia; posteriormente, el centro impresor de Europa se trasladó a Flandes, con un protagonismo especial por parte de Amberes. Esta ciudad, la más poblada de Flandes, fue un polo tanto cultural como económico al comienzo de la Edad Moderna. Fueron los ingredientes perfectos para que surgieran empresas como la de Christophe Plantin, cuya imprenta fue una de las más influyentes a lo largo de sus tres siglos de existencia.

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Conjunto de tipos en el taller de Plantin-Moretus

Amberes, la favorita del pintor Rubens, siempre ha sido una ciudad principalmente próspera desde el punto de vista industrial y comercial. La ciudad tiene orígenes galo-romanos, pero Amberes no destacó a lo largo de toda la Edad Media. Hubo que esperar a finales del siglo XV, cuando un declive en Brujas trajo buena parte del negocio de esta a Amberes. Bajo dominio español se convirtió en el puerto de referencia para el azúcar del Nuevo Mundo, incluidos dominios portugueses, y alrededor del puerto se construyeron multitud de refinerías. Con el tiempo se añadieron otras importaciones: pimienta, plata, tejidos, etc. En esta edad de oro, Amberes se convirtió en la segunda ciudad más poblada del norte de Europa. Cuando nada parecía detenerla, empezaron las guerras de religión que separaron cultural y comercialmente a Flandes de España. En 1576, los soldados españoles saquearon la ciudad, cuyos habitantes emigraron en masa hacia Holanda.

Por entonces, Plantin ya había abierto su imprenta en la ciudad. Este impresor ganó fama rápidamente por la calidad de sus trabajos. Llegó a tener la exclusividad de impresión de textos religiosos para el imperio español, nombrado así por Felipe II tras la presentación de una fantástica impresión de la Biblia Regia. No solo gracias a los textos católicos vivió su esplendor la imprenta: hay historiadores que afirman que Plantin estaba detrás de varios textos reformistas que el impresor fabricaba sin señalar su autoría, práctica habitual en textos más o menos heréticos. El único hijo varón de Plantin murió a los cuatro años, por lo que Plantin pasó el testigo a su yerno Jan Moretus. Durante varias generaciones, los Moretus mantuvieron en pie la imprenta. Su periodo de esplendor pasó de largo en el siglo XVII, pero los Moretus consiguieron sobrevivir hasta las evoluciones tecnológicas del siglo XIX, muy intensas en el mundo de la impresión. Los Moretus no se supieron adaptar. Edouard vendió la imprenta a la ciudad de Amberes en el año 1876, tras estar solo diez años parada. Un año después abrió sus puertas como museo.

Biblioteca de casa Plantin-Moretus

Biblioteca de casa Plantin-Moretus

La Casa de los Plantin-Moretus es un ejemplo perfecto de cómo la imprenta se expandió a lo largo de los siglos en un negocio familiar que además guardó registro de todas las actividades acontecidas en ese tiempo. La casa representa así la tangibilización de una de las revoluciones tecnológicas más importantes de la era moderna. La Officina Plantiniana, como Plantin denominaba su negocio, sigue siendo hoy un museo. Se conserva todo tipo de tecnología de impresión antigua, como por ejemplo las dos prensas más antiguas del mundo, así como estancias donde vivía la familia. Además, los Plantin-Moretus guardaron ejemplares que son una joya por sí mismos y que elevan la categoría de la biblioteca del museo a un imprescindible para entender la historia del conocimiento humano. Aquí se guardan la Biblia Regia, por supuesto, así como impresiones de la Biblia de Lutero. Del universo laico se guardan libros tan importantes como el libro anatómico de Vesalius o el primer atlas de la historia, editado por Ortelius.

Del azúcar y otros productos, Amberes pasó a los diamantes y hoy el 70% de los que circulan en el mundo pasan por aquí en algún momento. La ciudad no suele ser tan visitada como otras de Bélgica, pero es un lugar ideal para quien desee visitar el legado industrial de todas las épocas: la Revolución Industrial devolvió todo el lustre a Amberes. Hoy podemos encontrar aquí el segundo puerto más importante de Europa tras el cercano de Rotterdam. Amberes tiene su propio aeropuerto, pero hay tantos alrededor que es probable que mucha gente llegue de Ámsterdam o Bruselas. La Casa-Museo de Plantin-Moretus está en el centro histórico y ofrece audioguías y visitas guiadas a grupos. Tiene una agenda de exposiciones interesante que conviene repasar.

Foto: Jim Forest / CucombreLibre

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