Menú de navegación
Castillo de la Orden Teutónica en Malbork

Castillo de la Orden Teutónica en Malbork

Pomerania (Polonia)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 13 01, 2018
  • Categoría:

Estado cruzado


El castillo de Marienburg o Malbork, situado al norte de Polonia, fue el detonante para que Europa recordara la historia de los caballeros teutónicos en la Edad Contemporánea, durante el romanticismo. Esta Orden fue creada en 1190 en Acre, Israel, para dar apoyo a los Cruzados. Cuando poco después estos fueron expulsados de Oriente Medio, la Orden no desapareció, sino que trasladó sus funciones. Primero asistió al rey de Hungría en Transilvania, pero fueron expulsados por intentar hacerse con el poder regional. Entonces, en 1230, los teutones pusieron su atención en la orilla báltica de Prusia. Allí, el rey polaco fue más generoso y les otorgó una serie de tierras desde donde se expandieron a territorios cubiertos hoy por Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Rusia. De repente, la Orden Teutónica había mutado de una Orden religiosa a un estado monacal. Como tal, batalló con sus vecinos, fueran cristianos o no. En 1410, una coalición de polacos y lituanos les dejó muy tocados en la batalla de Grunwald, pero de una forma u otra han sobrevivido como Orden hasta nuestros días.

Vista exterior del castillo de Malbork

El principal objetivo regional de los teutones fueron los prusianos del Báltico, de religión pagana. Así fue durante el siglo XIII, en el que los prusianos se rebelaron contra el dominio teutón hasta en cinco levantamientos. En 1260 consiguieron anotarse una grave derrota teutona en Durbe, pero los caballeros se repusieron y retomaron el control regional. Es en ese momento cuando se construye Malbork para reafirmar este poder. Heinrich von Wilnowe fue el primer constructor hasta 1300, cuando se acabaron las primeras obras. Poco después, los teutones trasladaron sus principales órganos de gobierno aquí y el maestro principal, Siegfried von Feuchtwangen, decidió ampliar Malbork. Fue la primera de varias ampliaciones que hicieron de este castillo uno de los más grandes de Europa, capaz de alojar hasta 3.000 caballeros. La localización a orillas del río Nogat, sobre una península, permitió que Malbork creciera como castillo y como ciudad comercial, convirtiéndose en el proceso en un miembro de la liga hanseática.

Sobre 1406, el castillo adquiere su forma y extensión actuales. Cuatro años después fue asediado por la coalición de polacos y lituanos que había debilitado el poder teutón. Sin embargo, una buena planificación del maestro Heinrich von Plauen, sumado al cansancio acumulado por las tropas enemigas, hicieron que el asedio fuera un fracaso. El castillo resistió los apenas dos meses de asedio y los teutones lograron firmar una paz que prolongó su renqueante poder regional. Solo hasta 1456, cuando la Orden, ahogada por las deudas, no pudo pagar a sus mercenarios y fue presa fácil para los polacos. Con estos fue residencia real durante varios siglos, pero a finales del siglo XVIII Malbork presentaba un estado ruinoso. Bajo manos prusianas se planteó su derribo, pero el arquitecto Friedrich Gilly consiguió recuperar la historia de la Orden y el castillo. Este fue utilizado en alguna guerra más, incluida la II Guerra Mundial. Fue un bastión nazi y, como tal, sufrió muchos daños que fueron restaurados.

Patio del castillo de Malbork

De hecho, las restauraciones de Malbork durante el siglo pasado y el XIX se encuentran entre los primeros ejemplos de restauraciones comprensivas de la historia de la arquitectura. Había mucho que hacer, pues el castillo con sus 18 hectáreas y su invariable ladrillo rojo se encuentra entre los más grandes. El estilo es gótico, pero con particularidades propias de la Orden. Está dividido en tres partes. El castillo alto, modelo para otros castillos teutones, es un cuadrado con patio central. En un ala se instaló una capilla cuyo presbiterio desborda el cuadrado y tiene una entrada policromada. En el castillo medio destacan el palacio de los maestros con su torre residencial, diseño de interiores, bóvedas, iluminación y especialmente el refectorio con sus esbeltas columnas. La última expansión es más modesta, pero obligó a extender las fortificaciones y fosos.

Hoy Malbork cuenta con unos 40.000 habitantes. La mejor manera de llegar es en tren y la visita suele llevar todo el día. Son unas dos o tres horas desde Varsovia o mucho menos si venimos desde Gdańsk. Esta ciudad tiene aeropuerto y es bastante turística. A pesar de haber sido reconstruida tras la guerra tiene un atractivo centro histórico y es el principal puerto polaco. El castillo está a unos diez minutos de la estación de tren, aunque es buena idea rodear e incluir la vista desde el otro lado del río, donde mejor luce Malbork. La entrada incluye una completa audioguía y también hay opción de visitas guiadas en inglés. La mejor época para ir es el verano, aunque también es cuando más turismo hay. En particular, en el mes de julio se reedita de forma festiva el fallido asedio de Malbork por parte de tropas polaco-lituanas.

Fotos: Andrea RoasioDawid Galus

Deja un comentario