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Centro histórico de Praga

Centro histórico de Praga

Praga (República Checa)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 20 07, 2017
  • Categoría:

Barrios con personalidad


Aunque hay quien pueda asociar lo bohemio al estilo de vida de los artistas parisinos, la auténtica región de Bohemia está en el corazón de Europa. Hoy es una de las tres regiones históricas de la República Checa, pero en su día fue parte del reino del Sacro Imperio Germánico y provincia de los Austrias. Procedentes del norte de Italia, los boii llegaron aquí huyendo de los romanos. A partir del sigo VI, el área se repobló con eslavos. Esta mezcla generó un carácter propio, distinto de los germánicos. No obstante, la cristianización del siglo IX reavivó las relaciones con Europa occidental, hasta que finalmente Bohemia se ganó su propio reino. Este fue el momento de despegue de su capital, Praga, una de las ciudades con más historia de Europa. En medio de mil batallas, Praga ha resistido en el siglo XX una invasión nazi y otra comunista hasta volver a ganarse un hueco entre las grandes ciudades del continente.

Puente de Carlos y castillo de Praga al fondo

Alrededor del siglo IX surgen en poco espacio de tiempo dos fortificaciones a pocos kilómetros: una sencilla de madera que se convertiría en el Castillo de Praga y la de Vysherad. El primero atrajo un asentamiento que creció en la otra orilla del río Moldava. La ciudad empezó a crecer gracias al comercio, lo que atrajo una nutrida población judía. El siglo XIV es el despegue definitivo gracias a la figura de Carlos IV, rey de Bohemia y emperador. Él transformó Praga con nuevos barrios, la universidad más antigua de Centroeuropa y un puente estable que conectó el Castillo con la ciudad vieja. A partir del XV, la religión marca el destino de la ciudad. Primero con las guerras husitas, tras la muerte del condenado como hereje Jan Hus, y luego por las reacciones protestantes del siglo XVII que dieron lugar a la Guerra de los Treinta Años. La ciudad declinó, aunque se recuperó poco a poco. En el siglo XIX hubo una ola de espíritu nacional checo que pudo avivarse desde la Revolución de Terciopelo que significó el fin del comunismo.

Praga sobrevivió bien a la II Guerra Mundial y ofrece un catálogo de estilos gracias a sus más de mil años de historia. Cinco son los barrios principales: Stare Mesto barrio viejo, Nove Mesto o barrio nuevo, Josefov o barrio judío, Mala Strana o ciudad pequeña y Hradcany, la zona del Castillo. Los tres primeros están en el lado este del Moldava. En Stare Mesto la referencia es la plaza central, donde dos edificios compiten por el protagonismo: el viejo ayuntamiento con su reloj astronómico de 1410 y la iglesia gótica de Tyn sobresaliendo entre las casas. Al sur está el Nove Mesto. Aquí está la más moderna plaza de Wenceslao, dominada por el imponente edificio del Museo Nacional. Esta plaza ha vivido intensamente la historia reciente de Praga. Al norte del barrio viejo está Josefov, en su momento uno de los barrios judíos más importantes de Europa. Los dos sitios de referencia son el romántico viejo cementerio judío y la sinagoga Vieja-Nueva, una auténtica superviviente. En estilo gótico, lleva en pie desde 1270, lo que la hace la más antigua del continente.

Reloj astronómico e iglesia de Tyn en Stare Mesto

Para cruzar a los otros dos barrios hay que pasar por el mítico puente de Carlos, quizá la imagen más famosa de Praga. Sus 621 metros están flanqueados por dos torres defensivas y treinta estatuas barrocas de venerados santos, más bien sus réplicas, lo adornan. Llegamos a Mala Strana, conocido como la perla barroca. En una iglesia está la imagen más venerada por los católicos de Praga, el Niño Jesús. También podemos ascender a la colina de Petrin para tener una panorámica de la ciudad. Ascendiendo por la preciosa calle Nerudova llegaremos a Hradcany y al Castillo, que es una ciudad en sí. Tiene el título oficial, de hecho, de castillo antiguo más grande del mundo. Aquí comparten espacio los complejos palaciegos de los reyes de Bohemia, que recibían a sus invitados en el imponente hall de Vladislav. Dos edificios religiosos sobresalen en el Castillo. Uno es la iglesia más antigua de Praga, la basílica de San Jorge. El otro es la encajonada Catedral de San Vito, uno de los templos góticos más importantes de Europa, construida en el siglo XIV. Por detrás podremos llegar al callejón del oro, en una de cuyas casas vivió Franz Kafka.

Hoy viven en Praga más de un millón de habitantes, a los que hay que sumar el nutrido turismo, que alcanza los cinco millones. Estos llegan por carretera, tren y avión. Praga exige un mínimo de dos o tres días para poder ver sus cinco barrios, pero más aún si queremos extender la visita y ver otros lugares como Vysherad, el otro núcleo primigenio de la ciudad. Es muy habitual tomar un pequeño crucero por el Moldava. En algunos de ellos se incluye la cena, aunque el tema gastronómico no es el fuerte de la ciudad. Sí lo es su cerveza, una bebida tan tradicional que Praga tiene algunas tabernas con más de cinco siglos, como U Fleku, y un festival en mayo. La vida cultural de Praga es muy intensa, especialmente en lo relacionado con la música: hay festivales a lo largo de todo el año. Aunque haga mucho frío, los mercados navideños son muy famosos. En ellos podremos comprar artesanía de cristal de bohemia.

Fotos: WizzardGary Denham

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