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Ciudad arqueológica de Samarra

Ciudad arqueológica de Samarra

Saladino (Irak)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 17 04, 2017
  • Categoría:

A la sombra de Bagdad


El tío más joven de Mahoma procuró una de las líneas dinásticas más prolíficas del Islam. Opuestos a los hegemónicos omeyas, la dinastía abasí paulatinamente progresó y llegó a controlar territorios que iban desde Túnez hasta Centroasia. Este tercer califato anuló el control ejercido desde Damasco. Los omeyas huyeron al sur de la península ibérica y Bagdad pasó a ser la nueva capital de Islam por su cercanía a Persia, aliados de los abasíes. Puntualmente, la capital pasó a la cercana ciudad de Samarra, que por los avatares de la historia se ha convertido en la ciudad abasí mejor conservada. Su diseño y su arquitectura son originales del siglo IX, cuando Samarra fue el centro del mundo musulmán. En ese periodo apareció también la figura de Muhammad al Mahdi, el redentor prometido por el chiismo duodecimano, una corriente que tiene en Samarra un lugar de peregrinación. El siglo XX vio crecer una nueva Samarra moderna en la que todavía domina su excepcional minarete en espiral.

Gran Mezquita de Samarra, con el minarete en espiral

Sobre el quinto milenio a.C., esta zona en las orillas del Tigris empezó a ser habitada por la cultura, conocida como Samarra solo por la cercanía a la ciudad. Fueron uno de los precursores de los pueblos mesopotámicos por su avanzado uso de la irrigación y su alfarería. En la otra orilla de la actual ciudad nació mucho tiempo después la ciudad asiria de Surimarrat, que sí parece un precedente de la actual Samarra. Aún queda un 80% por excavar en la zona y la información es limitada. Ya en nuestra era, la apertura de la sección norte del canal de Nahrawan, en el siglo VI, permitió encauzar agua del Tigris y ayudar así al crecimiento de Samarra. Entonces se levantaron una torre y un palacio con coto de caza para celebrar el canal. Los abasíes abrieron una nueva sección bajo el gobierno de Harun al-Rashid, a comienzos del siglo IX. Su hijo Al-Mutasim fue el verdadero artífice de la actual Samarra cuando se trajo la capital desde Bagdad aquí en el año 836.

Mutasim rediseñó la ciudad y se rodeó en este lugar de sus esclavos militarizados, los mamelucos, que en su momento tomarían el mando de los califas. Su sucesor Al-Mutawakkil fue el que dejó mayor huella en Samarra, gracias a su construcción en el 847 de la gran mezquita de Samarra. Su amor por la arquitectura dejó una profunda huella en la ciudad que aún perdura. Esto es así en buena parte porque la capital volvió a Bagdad poco después, en el 892. A mediados del siglo X, el hundimiento de los abasíes produjo el colapso de Samarra, que prácticamente se abandonó. Esto ha beneficiado su conservación. Aún así, tuvo que sufrir un ataque mongol en el siglo XIII que dañó seriamente su gran mezquita. También fue un campo de batalla en el siglo XVIII, cuando los otomanos frenaron aquí los avances del persa Nader Shah. En el siglo XX, Samarra empezó a crecer y a modernizarse. Mientras, los arqueólogos empezaron a llegar a la ciudad. Entre 1911 y 1913, Ernst Herzfeld estuvo trabajando aquí sacando a la luz el pasado de Samarra.

Mezquita de Al-Askari antes de su destrucción

El abandono temprano de Samarra ha mantenido intacto su diseño abasí y muchos edificios de la época, cosa que no sucedió en Bagdad. El edificio más relevante es sin duda su gran mezquita, de la que se conservan sus murallas exteriores y su icónico minarete en espiral, la torre de Malwiya. En su día, esta mezquita fue la más grande del mundo gracias a sus 17 pasillos. Su diseño fue muy influyente por sus mosaicos y sus decoraciones florales en estuco. Mezquitas como Ibn Tulun, en El Cairo, utilizan como modelo la mezquita de Samarra. Hoy, su minarete de arenisca sigue llamando la atención gracias a sus 52 metros de altura y su escalera en espiral. No es el único en este estilo: unos kilómetros al norte están las ruinas de Abu Dulaf, con un minarete similar. Más simbólica aún es la mezquita y el santuario de Al-Askari, del siglo X. Es el lugar más representativo del chiismo duodecimano. Destaca su gran cúpula dorada.

Al-Askari ha sido atacada en los últimos años sucesivas veces por las luchas entre chiíes y suníes, por lo que está reconstruida. Parece una constante de Samarra, que lleva ya mucho tiempo rodeada de conflictos. Por eso esta ciudad, situada a 130 kilómetros al noroeste de Bagdad, no es visitada actualmente por ningún occidental y sus edificios están amenazados.

Fotos: J.Merena  / Toushiro

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