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Ciudad del Cusco

Ciudad del Cusco

Cuzco (Perú)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 9 10, 2016
  • Categoría:

Corazón inca


Hay una piedra en Cusco que simboliza como ninguna otra la maestría de los incas a la hora de construir: la piedra de los doce ángulos. Los incas no utilizaban argamasa, encajaban las piedras una a una limándolas hasta que solo se veía una fina línea entre ambas. La piedra de los doce ángulos podría parecer que encaja por suerte, pero detrás llevó un duro y fino trabajo. Al llegar a Cusco, los conquistadores españoles arrasaron la capital de los incas, pero mantuvieron sus cimientos al levantar sus propios edificios. No hicieron mal, porque la base inca ha aguantado terremotos mientras edificios coloniales colapsaban. También respetaron el diseño fundamental de la ciudad, que de una forma sorprendente parece seguir los preceptos de la ciudad renacentista. Pero no lo es: Cusco, Cuzco o Qosqo, en aimaraico original, era el centro neurálgico del mayor imperio que conoció Sudamérica. La capital histórica del Perú se conoce como la Roma de las Américas por el legado inca combinado con la arquitectura española.

Convento de Santo Domingo en Cusco, con la base inca del Qoricancha

Convento de Santo Domingo en Cusco, con la base inca del Qoricancha

Arqueológicamente, parece que la cultura killke se estableció aquí entre los siglos IX y XII e inició las obras de Sacsayhuamán sobre la colina que contempla la ciudad. A mediados del XIII, los incas controlan la zona, pero Cusco no pasa de ser una ciudad más. Esta tuvo que esperar al gobierno de Pachacutec. Tras la batalla con los chancas, el mítico dirigente inca toma el control de toda la zona y reconstruye Cusco para nombrarla su capital. Para ello desvía el curso de dos ríos y divide la ciudad en cuatro barrios en torno a la zona noble. En cada barrio reside temporalmente el gobernador de cada uno de los cuatro suyos en los que se divide su imperio. Cusco se convierte en el centro político y religioso de los incas, señores del continente. Décadas después, tras ciertas disputas entre incas, la ciudad quedó en manos de Atahualpa. Y en estas llegaron los españoles.

Corría el año 1533: los españoles vencen a Atahualpa en la batalla de Cajamarca y lo hacen preso. Acaban así con el gran imperio inca. A finales de año, Francisco Pizarro entra en la capital y se queda maravillado con lo que ve. En parte por el diseño de la ciudad y en mucha más por todo el oro que adorna la ciudad y que es seguidamente saqueado. Pizarro dejó una guarnición de hombres al control y partió con Manco Capac, el inca que le servía de valedor, para seguir ocupando ciudades. Sin embargo, este se escapó y organizó un contraataque contra Cusco en forma de asedio. Durante diez meses lo intentó y lo consiguió solo puntualmente. La llegada de refuerzos le obligó a replegarse a Ollantaytambo. Con el terreno despejado, los españoles acometieron un integral lavado de cara a la ciudad. La zona palaciega se convirtió en la plaza de Armas. En todas las esquinas, los cimientos incas sirvieron de acomodo a iglesias católicas. Cusco no fue la capital del virreinato por el simbolismo entre los indígenas que tenía la ciudad, pero fue una ciudad aventajada. Sí que fue capital en el breve espacio de tiempo entre la caída de Lima a manos independentistas y la caída de Cusco, allá por el 1824.

Vista de la Plaza de Armas de Cusco desde Sacsayhuamán

Vista de la Plaza de Armas de Cusco desde Sacsayhuamán

Dicen que la forma de Cusco asemeja a un puma. Si uno sube a la colina de Sacsayhuamán, además de ver las impresionantes ruinas que la coronan, verá que el diseño es más sencillo. Todo parte de la plaza de Armas, de la que sale la avenida del sol dividiendo el centro en dos. En la plaza de armas está la catedral, construida entre 1560 y 1664. Tiene estilos gótico tardío, barroco y plateresco. Destaca el trabajo de orfebrería y las pinturas, las mejores de la escuela de Cusco. En perpendicular está la iglesia de la Compañía y, si seguimos por ese lado, la de la Merced, que tiene un precioso claustro barroco. El mejor lugar para advertir la fusión inca-católica es el convento de Santo Domingo. En tiempos fue el Qoricancha o templo del sol. De él se cuenta que estaba forrado de oro por todas partes. El oro ya no está, pero sus cimientos son impresionantes. El templo renacentista posterior es casi lo de menos. Cusco es además una ciudad viva con barrios como el de San Blas y mercados como el de San Pedro.

Actualmente, la ciudad tiene 400.000 habitantes y recibe dos millones de turistas al año. Cusco está en la cordillera de Vilcabamba, a 3.400 metros de altitud. Es suficiente para agotar a cualquiera por la falta de oxígeno, así que si se llega en avión es mejor tomarse con calma las primeras horas. La otra forma habitual de llegada es en el autobús turístico que la conecta con el lago Titicaca. Cusco tiene un clima complejo: cuando no llueve hace algo de frío. No obstante, es mejor ir de mayo a septiembre. El mejor día es sin duda el 24 de junio, cuando se celebra el Inti Raymi. Desde mediados del siglo XX rememora la ceremonia al sol inca. La cocina cusqueña no es tan vanguardista como la limeña, pero merece mucho la pena. Fundamental probar alguna de las 3.000 variedades de patata y, si vencemos los escrúpulos, el cuy. Este pequeño roedor, familiar del conejillo de indias, es ideal hecho a la parrilla.

Foto: Yan-Di ChangRobert Cutts

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