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Ciudad vieja de Damasco

Ciudad vieja de Damasco

Damasco (Siria)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 2 07, 2016
  • Categoría:

Altibajos milenarios


El famoso título de ciudad más antigua del mundo permanentemente habitada está más que discutido por historiadores y arqueólogos. En muchas clasificaciones, Damasco aparece como la ganadora, aunque esto esté más que discutido. Aun así, no cabe duda de que la capital de Siria es uno de los asentamientos urbanos más influyentes e importantes que ha contemplado la historia de la humanidad. Ash-sham o la ciudad de jazmín lleva observando el paso de civilizaciones por sus puertas desde hace más de 4.000 años. Está situada a ochenta kilómetros del mar, en una zona árida por tener las montañas del Antilíbano entre medias. El paso de los siglos ha generado una capa de restos arqueológicos complicadísima de investigar en su totalidad. Musulmana desde tan pronto como el año 635, Damasco ha sido desde entonces una de las ciudades capitales de esta religión. Esto se simboliza en su obra más influyente: la mezquita de los Omeyas. Es el nombre de la dinastía que con su califato protagonizó la etapa más dorada de la ciudad.

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Mezquita de los Omeyas en Damasco

Las escrituras del Antiguo Testamento dicen que Damasco fue fundada por un tataranieto de Noé, pero el primer registro arqueológico le otorga 4.000 años. Un tell a unos veinte kilómetros elevaría la primera actividad al 6.300 a.C., pero no se puede considerar Damasco. La ciudad ganó relevancia al ser capital de uno de los estados federados arameos desde el siglo XI a.C. La canalización de la ciudad está aún basada en la suya. Tras siglos de disputas con israelíes y los neoasirios, cayó en manos de Babilonia. Luego pasó a formar parte del imperio de Alejandro Magno, iniciando una breve etapa helenística de disputas que cesaron con la romanización de Oriente Medio. Es con ellos cuando Damasco despunta como centro de comercio y paso de la Ruta de la Seda. De esta época es el barrio de Bab Tuma. Aquí vivió el habitante más carismático de Damasco: San Pablo. En el año 661, Damasco es nombrada capital del califato de los Omeyas. Llega a controlar un territorio que va desde la península ibérica hasta el subcontinente indio. Cuando los abasíes relevaron a los omeyas y llevaron la capital a Bagdad, el destino de Damasco se volvió más turbio. La ciudad pasó al olvido.

Desde el 878 empezó a cambiar de manos constantemente entre distintas dinastías. Los selyúcidas le devolvieron la capitalidad a Damasco. Se convirtió entonces en centro cultural gracias a la apertura de numerosas madrazas. Los Cruzados amenazaron a la ciudad sucesivas veces, pero fue Tamerlán el que arrasó la ciudad tras firmar su retirada en lo que fue la etapa más oscura de Damasco. Miles de sus ciudadanos murieron o fueron llevados como esclavos a Samarcanda. Los mamelucos heredaron los restos que luego los otomanos volvieron a engrandecer. Durante 400 años, los damascenos vivieron en paz y progresaron con el beneplácito de los otomanos. Estos favorecieron la historia de Damasco por encima de la pujanza económica de Alepo. En el siglo XX creció el nacionalismo y los otomanos fueron expulsados en la I Guerra Mundial, solo para recibir un breve periodo de protectorado francés que a su vez finalizó en la II Guerra Mundial.

Ruinas del templo de Júpiter a la entrada del zoco de Al-Hamidiyah

Ruinas del templo de Júpiter a la entrada del zoco de Al-Hamidiyah

Todas las épocas han dejado su traza en la ciudad. El diseño fundamental es de origen romano, pero modificado con la filosofía urbana de los abasíes. Estos eran más proclives a dividir la ciudad en barrios. De los romanos es la calle recta, que ahora es un zoco con restos romanos. Restos que también se ven en una de las múltiples puertas de entrada al barrio antiguo, la de Bab Sharqi. En el perímetro destaca también la ciudadela, de origen medieval. Fue construida sobre otras anteriores y la mayor parte de la fortificación actual es de origen ayubí. El centro de la ciudad antigua respira aires otomanos, sobre todo en la plaza de Marjeh. Si se quiere tener un aire cristiano, lo mejor es ir a la casa de Santa Anania.  Aquí es donde se supone que San Pablo fue bautizado. El legado musulmán está representado por multitud de madrazas y mezquitas como la de Sayyidah Zaynab, en el norte. Con todo, es sin duda la imponente mezquita de los Omeyas la que justifica por sí sola un viaje a Damasco. Construida en el siglo VIII sobre una catedral cristiana, en la que se dice que estaba la tumba de San Juan Bautista, es uno de los lugares de culto más antiguos de la humanidad. También una de las mezquitas más grandes y el cuarto lugar santo para muchos musulmanes. Modelo para muchas otras mezquitas, destacan sus tres minaretes y la gran cúpula del águila. Allí está enterrado el mítico Saladino, paladín frente a los Cruzados.

Lamentablemente, Damasco es una ciudad en guerra. Aunque la situación de sus casi dos millones de habitantes es razonable dentro de la anormalidad siria, viajar allí no tiene justificación ni como personal humanitario. Solo el tiempo podrá decir cuál es la situación del patrimonio de Damasco y solo el tiempo devolverá los turistas al zoco de al-Hamidiyya, a los cafés con tés y hookas, a los puestos de shawarmas, etc.

Foto: american_rugbier / Ai@ce

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