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Iglesias de Moldavia

Iglesias de Moldavia

Región noreste (Rumanía)

Por ambas caras


La razón de ser de un fresco medieval tiene un poco de arte y un mucho de explicación religiosa. Por razones de conservación e integración en la liturgia, los frescos van en la parte interior de las iglesias, como es lógico. O no tanto, debieron de pensar los moldavos en los siglos XV y XVI. Durante aproximadamente un siglo, este pueblo decidió pintar sus iglesias por dentro y por fuera. Esta región histórica de la actual Rumanía fue un principado independiente de los siglos XIV al XIX, cuando se unió a Valaquia. Actualmente hay zonas moldavas en Rumanía, Ucrania y la propia República de Moldavia. La zona rumana se conoce como Bucovina del sur. Aquí, alrededor de la que fuera capital del principado, se distribuyen en poco espacio una serie de iglesias totalmente originales. Las pinturas murales exteriores son una simbiosis entre arquitectura, arte bizantino y entorno rural. Además del aspecto artístico, su buena conservación nos permite recuperar ciclos completos de los temas religiosos que preocuparon en aquella época.

Detalle de los frescos exteriores del monasterio de Moldovita

Detalle de los frescos exteriores del monasterio de Moldovita

Moldavia nace como región cuando Bogdan I se rebela contra Hungría en 1359 y cruza los Cárpatos. Se instaló en un territorio casi deshabitado por haber sido un cinturón de seguridad frente a los ataques mongoles. Fundó su capital en la ciudad de Suceava, donde construyó un castillo. Este fue el centro del principado hasta 1565, cuando la capital de Moldavia se mudó de sitio. A su alrededor es donde se localizan las iglesias pintadas. Son ortodoxas, como era el territorio entonces a nivel oficial, aunque el catolicismo estaba más que permitido y funcionó como una marca distintiva frente a sus vecinos. Además de viejas rencillas con estos vecinos, el gran enemigo de Moldavia fue el imperio otomano. A estos les rindieron lealtad en forma de tributos, pero también se defendieron cuando los musulmanes quisieron ganar territorio. Esteban III fue en este sentido el gran héroe del principado a finales del siglo XV, tanto que el Papa le denominó verdadero campeón de la fe cristiana. El siglo XVI, los otomanos se pusieron duros y Moldavia cedió terrenos y autogobierno. Petru Rares representa esta época de debilidad mezclada con devoción en forma de iglesia pintada.

Ocho son las iglesias principales de Moldavia. Se construyeron cuando el auge político derivó en apogeo cultural. En el plano artístico, la influencia bizantina fue clara, pero con elementos locales que brillaron con luz propia. Las pinturas murales exteriores trataron varios temas de forma recurrente: la jerarquía de la Iglesia, el árbol de Jesé y el Juicio Final. Uno de los primeros ejemplos lo podemos ver en el monasterio de Voronet, donde se localiza la iglesia de San Jorge. Fue construida en estilo gótico en tiempos de Esteban III para conmemorar una batalla ganada frente a los otomanos. Se pintó más adelante, ya en el siglo XVI. Sus pinturas, donde destaca un intenso azul, están consideradas el cénit de este estilo. También se le añadió un exonártex de estilo renacentista. Además de las pinturas, el monasterio destacó por ser una escuela caligráfica donde aprender a leer y escribir. De la misma época es el monasterio de Humor.

Exterior de la iglesia de Voronet

Exterior de la iglesia de Voronet

Ya en tiempos de Petru Rares tenemos como ejemplo el monasterio Moldovita, de 1532. Su iglesia de la Anunciación fue la primera en ser construida y pintada justo a continuación, tanto por dentro como por fuera. Además de los temas recurrentes hay una escena de la Virgen salvando Constantinopla de las tropas persas en el siglo VII. Se trató sin duda de una referencia a los problemas políticos que vivía Europa en la época de Petru Rares: hacía décadas que la capital bizantina había caído a manos otomanas. Uno de los últimos monasterios construidos fue el de Sucevita, con su iglesia de la Resurrección. Fue un proyecto de la familia Movila, dirigentes por entonces. El monasterio fue residencial del príncipe, por lo que está fortificado por una gruesa muralla casi cuadrada de cien metros de lado y cuatro torres. Sus pinturas del antiguo y nuevo testamento fueron elaboradas desde 1601.

Suceava sigue siendo hoy el centro de la región y todas las iglesias están en un radio de unos sesenta kilómetros. Podemos utilizar la ciudad como base de operaciones, aunque también nos pueden servir el pueblecito de Gura Humorului o el monasterio de Dragormina, que pese a no estar pintado merece una visita. La zona tiene un aeropuerto muy pequeño que la enlaza con Bucarest. Nos ahorraremos así las siete horas de tren. Si vamos en circuito por el país es casi seguro que pasaremos por Suceava, porque las iglesias pintadas son uno de los puntos turísticos más importantes de Rumanía. Si vamos por nuestra cuenta es obligatorio alquilar un coche o bien contratar un tour guiado en Suceava. La ciudad sigue teniendo una carga religiosa fuerte y sus fiestas principales son Navidad y Semana Santa. La gastronomía es muy curiosa, pues mezcla elementos centroeuropeos con toques otomanos.

Fotos: Alex MoiseGaspar Serrano

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