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Le Havre, ciudad reconstruida por Auguste Perret

Le Havre, ciudad reconstruida por Auguste Perret

Alta Normandía (Francia)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 4 03, 2016
  • Categoría:

Juego de hormigón


Le Havre, situada en la desembocadura del río Sena, en el norte de Francia, es la máxima expresión de una ciudad portuaria. Su nombre ya significa “el puerto” y es de hecho el segundo más grande de Francia y el mayor en el norte. Su fundación en 1517 por parte de Francisco I no tuvo más razón que precisamente la de servir como puerto y su actividad económica principal ha estado siempre ligada a esta función. Recibió mercancías del nuevo mundo y las colonias, comerció con esclavos y fue hogar y punto de partida de distintos exploradores que partían al nuevo mundo desde aquí. Su situación cercana a Reino Unido hizo también de la ciudad un punto estratégico que sufrió distintos ataques. El más grande de todos sucedió en 1944: la ciudad había estado ocupada por los nazis desde el comienzo de la II Guerra Mundial y fue arrasada como operación previa al desembarco de Normandía. Casi nada quedó en pie. Lo que arrancó tras la guerra fue uno de los programas de reconstrucción más innovadores que ha habido nunca.

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Iglesia de Saint-Joseph de Le Havre

La zona de Le Havre había estado habitada intermitentemente por su situación. La ciudad está hoy dividida en dos zonas, la parte baja y la alta, siendo la primera el centro que se creó con Francisco I. Girolamo Bellarmato recibió el encargo en 1540 de expandir la ciudad y esta ganó barrios como el de San Francisco, que aún con la reconstrucción conserva su diseño original. De esta época data también la Catedral de Notre Dame, uno de los pocos edificios de antes de la guerra. El desarrollo comercial siempre tuvo limitaciones en Le Havre por las guerras. Las de religión hicieron que la ciudad fuera puntualmente ocupada por los británicos. A finales del XVIII comenzó la escalada económica al abrigo del comercio de esclavos, pero durante el XIX también tuvo problemas por las guerras en las que participaba Francia y en las que Le Havre cambiaba su rol al de ciudad defensiva. Pese a todo, el final del siglo XIX fue la época más brillante: se crearon boulevards y el comercio hizo definitivamente grande a Le Havre.

Entonces llegaron las Guerras Mundiales. La Primera dañó severamente la ciudad y fue usada por los británicos, esta vez aliados, en su paso hacia el interior de Francia. Tras el periodo de entreguerras, bastante conflictivo en lo laboral, las tropas de Hitler invadieron la ciudad muy pronto: en 1940. Los nazis tenían en mente utilizar Le Havre para prepararse para invadir Reino Unido. Los ciudadanos de Le Havre, muy comprometidos con la Resistencia, vivieron penurias mientras intentaban sabotear al ejército alemán. Uno de estos sabotajes precedió el desembarco de Normandía. Muchos ciudadanos franceses huyeron a tiempo antes del bombardeo que sufrió la ciudad, complementado con la destrucción del puerto por parte de los alemanes. La Operación Astonia, británica, prácticamente borró del mapa a Le Havre en dos días: 5 y 6 de septiembre de 1944.

Ayuntamiento de Le Havre

Ayuntamiento de Le Havre

Auguste Perret era entonces un arquitecto belga ya mayor, especializado en el hormigón reforzado y centrado en el estilo neoclásico con influencias del arquitecto del XIX Viollet-le-Duc. En 1945 se le encargó el trabajo de rediseñar y reconstruir Le Havre. El resultado fue un diseño unitario e íntegro que utilizó toda la tecnología de la época. La principal fue el hormigón prefabricado. Preparó miles de bloques estándar de hormigón que utilizó en toda la ciudad como si de un gran juego de Lego se tratara. Solo el barrio de San Francisco, levantado de nuevo con ladrillo rojo y pizarra, escapó al hormigón. Este está muy presente en edificios como el ayuntamiento o la iglesia de Saint-Joseph, una gran torre de hormigón y vidrieras que marcó el final de la reconstrucción en 1964.

Además, Perret diseñó una ciudad muy habitable con zonas peatonales y verdes que en conjunto redujeron la densidad poblacional de 2.000 a 800 personas por hectárea. Nuevas obras han completado la ciudad, que vivió una larga crisis comenzada con la desindustrialización de los años 70. Ahora, los cruceros han vuelto a visitar Le Havre. Es más habitual llegar por carretera o tren, pues la ciudad está a dos horas de París. También tiene un pequeño aeropuerto. Si se quiere tener un poco del Le Havre antiguo se puede visitar la Maison de l’Armateur, del XVIII. También es interesante el museo Malraux, segundo con más obras impresionistas. Aunque la gastronomía no es puntera aquí, no hay que dejar de comprar queso y sidra en Les Halles, la zona comercial.

Foto: Henning Leweke / Frédéric BISSON

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