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Manzana y estancias jesuíticas de Córdoba

Manzana y estancias jesuíticas de Córdoba

Córdoba (Argentina)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 3 01, 2017
  • Categoría:

Sistema económico católico


Lejos del espíritu de las órdenes mendicantes, de la Contrarreforma del siglo XVI nació una nueva agrupación religiosa con innovadoras ideas acerca de la economía. La Compañía de Jesús jugó un papel fundamental en la evangelización de Sudamérica. En la zona de la ciudad de Córdoba, segunda en población de Argentina, desplegaron un entramado económico muy característico en ellos. Para la capital dejaron las estructuras principales; sobre todo el ámbito educativo, que derivó en 1613 en la primera universidad en el actual territorio argentino. Le ha valido a Córdoba el sobrenombre de ciudad docta. La ciudad está en la región pampeana, camino de los Andes. Alrededor de ella, los jesuitas distribuyeron distintas estancias que sirvieron como sostén económico de la capital. El sistema funcionó perfectamente y aupó a la provincia jesuítica de Paraguay como el centro de evangelización del cono sur. Además, su presencia afianzó la dispersa presencia colonial durante los siglos XVII y XVIII.

Antiguo rectorado de la universidad jesuita en Córdoba

Antiguo rectorado de la universidad jesuita en Córdoba

Córdoba fue fundada en 1573 por Jerónimo Luis de Cabrera, siendo su nombre posiblemente un homenaje al lugar de origen de la familia de su esposa. Su localización pretendía establecer un punto seguro en la ruta hacia el mar frente a los indígenas comechingones. Se diseñó en típico damero, esta vez con setenta manzanas. La catedral comenzó a construirse muy pronto, mientras que los jesuitas se instalaron oficialmente en una de las manzanas en 1599. Rápidamente fundaron un noviciado y el colegio máximo, germen de la universidad que promovió el obispo franciscano de Tucumán, Hernando Trejo y Sanabria. En 1671 se concluyeron las obras de la iglesia jesuítica principal. Córdoba creció políticamente y fue capital de varios virreinatos. Mientras, el creciente poder de los jesuitas llevó a su expulsión en 1767 por orden de Carlos III. Fueron readmitidos en 1853, cuando el territorio ya era independiente. No obstante, la universidad fue nacionalizada y durante todo el siglo XX ha sido un símbolo en el apoyo a la democracia, especialmente en el movimiento de 1918.

La manzana jesuítica está compuesta por los distintos edificios que supusieron el poder de la Orden en la ciudad. Todo el complejo tiene un aire muy colonial y europeo, con estilos como el manierismo y el barroco dominando, así como la piedra y el ladrillo. El noviciado original ya no existe: sus ruinas son hoy la cripta jesuítica, cuyas bóvedas aparecieron durante unas obras a comienzos del siglo XX. La universidad tiene un patio central, antes jardín botánico, desde el que se distribuyen el antiguo rectorado, la biblioteca mayor, la residencia de los monjes, etc. En activo sigue el colegio de Montserrat, abierto en 1687. La iglesia no solo sigue en activo, sino que es una de las más importantes de la ciudad. Lo más destacado es su rico interior barroco, con su retablo y la plata procedente de Potosí.

Vista de la iglesia jesuita en la estancia de Alta Gracia

Vista de la iglesia jesuita en la estancia de Alta Gracia

Por su parte, las cinco estancias tienen una orientación más funcional y económica. Sus sectores más trabajados eran la agricultura, ganadería y los textiles. Los jesuitas se establecieron en terrenos heredados o comprados y en ellos levantaron sus centros de operaciones locales. Para ello usaron mano de obra indígena y africana, lo que da un aire más local a la arquitectura. Alrededor de las estancias se expandieron rancherías donde vivían los trabajadores de las tierras. Estos asentamientos crecieron en mayor o menor medida, siendo Alta Gracia el más poblado hoy con 50.000 habitantes. Esta estancia era la más relevante ya en época colonial. Aún conserva la iglesia y la residencia de los monjes en torno a un patio cerrado por una muralla. Aun así ha perdido otros edificios, pero no su Obraje, una escuela para enseñar artesanía a los indígenas. Otras estancias de interés son las de Jesús María, donde hay un museo con mucho arte sacro, y Santa Catalina, la más grande de todas las estancias.

Córdoba tiene más de un millón de habitantes y su propio aeropuerto. Además de recorrer la manzana jesuítica es recomendable dar un paseo tranquilo por la ciudad. El centro lo tenemos en la plaza San Martín, cerca de donde está el cabildo. Luego podemos pasear junto al arroyo encauzado de la Cañada. La vida cultural de la ciudad es muy activa y conviene revisar la agenda antes de ir. Cada año crece con fuerza la fiesta de la primavera en septiembre. Está organizada por la muy nutrida comunidad universitaria, que sigue marcando el carácter de la ciudad siglos después. Una vez visitada Córdoba, para las estancias es recomendable un coche. Si queremos verla todas hay un recorrido de 250 kilómetros. La dieta de la región está marcada por la pasta y las carnes rojas.

Fotos: CordobesAdam Jones

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