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Monte Etna

Monte Etna

Sicilia (Italia)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 12 07, 2017
  • Categoría:

Esperando lo inevitable


El volcán Etna, situado en el este de la isla mediterránea de Sicilia, no es solo uno de los más activos del mundo: es seguramente el más documentado. Los científicos se han aliado con los historiadores para analizar crónicas de erupciones que abarcan los últimos 2.700 años. Esto ha influido considerablemente en disciplinas como la vulcanología y la geofísica. El Etna es también parte del proyecto de Naciones Unidas “Los volcanes de la década”, nacido en los años 90 con el fin de investigar aquellos volcanes que por actividad y proximidad de asentamientos tiene un mayor potencial destructivo. El Etna está localizado entre las placas de Eurasia y África, lo que le garantiza actividad constante. Esta actividad ha ido aumentando su tamaño progresivamente hasta convertirlo en el volcán activo más grande de Europa, doblando en altura y extensión a otros conos míticos como el Vesubio. Sus laderas siguen albergando multitud de poblaciones que a diario miran de reojo a la gran montaña humeante. Esperan lo inevitable.

Vista del monte Etna desde Catania

El Etna es un estratovolcano de unos 3.300 metros de altitud, aunque este dato depende de las erupciones. Tiene la forma cónica que representa nuestro ideal de volcán, aunque en la cima hay actualmente cinco calderas distintas. Sus laderas son muy verticales y alojan también huecos por los que la actividad sale a la superficie. Estos huecos, a veces de cientos de metros de ancho, son más peligrosos que las calderas de la cima. El Etna tiene un ancho de unos 140 kilómetros y toda su inmensa área ocupa unos 1.200 kilómetros cuadrados. En sus faldas y la llanura de Catania, en el sur, el suelo es muy fértil. Esto ha atraído históricamente a asentamientos humanos que se aprovechan de ello, sobre todo con frutales y viñedos. La parte más alta está protegida. Su vegetación, que incluye especies endémicas, es un regalo para los científicos a la hora de entender los procesos biológicos y ecológicos que suceden a una erupción.

El nombre del volcán parece que procede del fenicio, que lo llamaron simplemente chimenea. Entre los griegos fue muy conocido y ellos explicaron el Etna a su modo: el dios Tifón había sido encerrado bajo el volcán por Zeus, justo donde estaba también la forma de Hefesto. De ahí el humo y el fuego. El primero al que le debemos una descripción detallada del volcán es al romano Virgilio. El Etna, por entonces, llevaba ya unos 500.000 años de actividad. Hace 35.000 años inició una fase muy eruptiva con grandes flujos piroclásticos. Aunque esta fase finalizó hace 15.000, hace unos 8.000 años que ocurrió una de las mayores catástrofes. Un colapso produjo un corrimiento de tierras que formó el valle del Bove. Pero no solo eso: las tierras llegaron al mar y generaron un tremendo tsunami que arrasó el Meditarráneo este. Se estima que las ruinas sumergidas de Atlit Yam, en la costa israelí, son de una ciudad hundida ese día.

Vista satélite de la erupción del año 2002

La última gran actividad del Etna se produjo hace unos 2.000 años, cuando nació la caldera piano. Esto no quiere decir que el volcán se haya calmado. Los habitantes de Catania pueden dar buena fe de ello. Esta ciudad ya fue prácticamente destruida en el año 122 a.C. y en el año 1669 se las volvió a ver con el volcán. En esa ocasión, los ríos de lava arrasaron diez pueblos antes de llegar a Catania. Allí, el río de lava chocó contra las murallas de la ciudad y se dividió en dos brazos que la rodearon antes de llegar a la bahía. Solo por un hueco de la muralla se coló un pequeño río de lava que no produjo ninguna desgracia personal. En el último siglo, el volcán solo se ha apuntado la destrucción en 1928 del pueblo de Mascali, aunque amenazó a otros como Randazzo y Zafferana. Las últimas erupciones no han sido muy desastrosas, pero sí muy mediáticas.

El Etna es peligroso y tiene en su haber la muerte de dos turistas en 1987, lo que no ha frenado la popularidad de la zona. Está entre Messina y Catania, aunque esta última ciudad es la base idónea para iniciar la aproximación por la cara sur. Podemos llegar en coche hasta el refugio Sapienza, a 1910 metros. Esta zona es muy popular en invierno por la estación de esquí. Desde aquí podemos utilizar un teleférico que nos dejará a unos 2.500 metros y seguir el camino hasta la zona de cráteres de dos formas: andando o en 4×4. Por la cara norte, en Piano Provenzana, el camino es más largo, pero podremos disfrutar de bosques y ríos de lava petrificados. En ambos casos es recomendable subir muy pronto, porque por la tarde las nubes suelen cubrir la cima. Una forma más tranquila de visitar la zona es tomando el ferrocarril Circumetnea, que rodea el volcán. Para relajarnos del todo podemos disfrutar de alguna de las playas volcánicas o degustar un vino de la denominación de origen del Etna.

Fotos: BenAvelingNASA

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