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Necrópolis etruscas de Cerveteri y Tarquinia

Necrópolis etruscas de Cerveteri y Tarquinia

Lacio (Italia)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 20 06, 2017
  • Categoría:

Romanos antes de Roma


Antes de que desde la península itálica los romanos dominaran Occidente, estos territorios vieron el apogeo y posterior asimilación de una de las culturas más ricas previas al imperio: la cultura etrusca. Los etruscos se localizaron principalmente en la zona de la actual región de Toscana, a la que le dieron nombre. Desde allí se fueron expandiendo desde el siglo VIII a.C., hasta que alrededor del siglo IV a.C. fueron consumidos por los romanos, a los que se unieron. Los etruscos tuvieron influencias de origen helénico, fenicio y de la Magna Grecia, al sur de su península. A su vez, la cultura etrusca fue uno de los pilares de la gran Roma. Sus ciudades fueron asimiladas por estos, por lo que su pasado nos ha llegado en gran medida a través de sus necrópolis. Dos destacan por encima del resto: Cerveteri y Tarquinia. Además de ser un prolongado catálogo etrusco desde el siglo IX al I a.C., ambas necrópolis se complementan para enseñarnos distintos rasgos de esta cultura.

Tumba de los leopardos en la necrópolis de Tarquinia

Etruria ocupó el espacio geográfico de la cultura de Villanova, centrada en la región que rodea Bolonia, desde aproximadamente el siglo IX a.C. Los historiadores antiguos afirmaban que este pueblo procedía de la isla griega de Lemnos, aunque este hecho no ha sido corroborado. También se baraja la posibilidad de que los etruscos sean simplemente una evolución de Villanova. El caso es que desde el siglo VI a.C., su crecimiento geográfico fue imparable gracias a las ganancias obtenidas en la minería. Se aliaron con los cartagineses frente a los griegos para repartirse el mar Tirreno, pero en el reparto cedieron terrenos al sur de la península. Este hecho, junto con la recuperación griega, el ataque de galos desde el norte y el auge definitivo de Roma llevaron a la desaparición de los etruscos. Aunque más bien podríamos hablar de incorporación a la ciudad de Roma, que algunos afirman que tiene origen etrusco y que indudablemente fue una de sus fuentes culturales.

Una de las más famosas alianzas comerciales de los etruscos fue el Dodecapoli, formada como su nombre indica por doce ciudades. Esta alianza se dice que fue fundada por el Tarconte, hermano de Tirreno, en el siglo VI a.C. Al frente estaba la ciudad del Tarconte: Tarquinia. Enriquecida por la minería, Tarquinia tuvo su auge con la familia Spurinna en la etapa final etrusca. Su esplendor se puede disfrutar en la necrópolis de Monterozzi. Está formada por 6.000 tumbas, de las cuales 200 están pintadas. Para acceder a ellas hay que descender bajo tierra, lo que hace de Tarquinia una especie de Valle de los Reyes egipcio a la etrusca. Las escenas festivas y mitológicas se suceden en un catálogo de arte de incalculable valor. La más antigua y famosa es la tumba de los toros, del siglo VI a.C. Contiene escenas eróticas, algo no habitual, pero tampoco extraño en Tarquinia. La mejor conservada es la tumba de los Leopardos, aunque las hay de una mayor calidad pictórica como la de Triclinium. A partir del siglo IV a.C. proliferaron las tumbas esculpidas y pintadas.

Tumba de los relieves en la necrópolis de Cerveteri

Cerveteri fue la antigua Caere, cuyo cénit fue anterior al de Tarquinia: en el siglo VI a.C. pudo tener hasta 40.000 habitantes. Con Tarquinia se alió en el siglo IV a.C. frente al auge romano, pero ambas ciudades cayeron derrotadas y fueron asimiladas. La necrópolis de Banditaccia complementa a la de Monterozzi. Aquí lo que destacan son las propias tumbas en sí. Banditaccia tiene túmulos, tumbas excavadas en la roca y otras en forma de cubo. Muchas de estas tumbas tienen forma de casa y alojan los restos de linajes enteros entre artefactos y habitaciones que son un compendio de la vida diaria de los etruscos. Estas tumbas-hogar se ordenan entre sí en una red de calles y plazas que representan el urbanismo etrusco: Banditaccia es una ciudad en sí. De entre todas las tumbas destaca la Tumba de los Relieves, del siglo IV a.C., con trece nichos distintos. Contiene frescos, bajorrelieves y esculturas.

Ambas necrópolis fueron admiradas desde el Renacimiento y analizadas ya en el siglo XIX. Son fácilmente accesibles desde Roma vía autobús, coche o tren. Aunque factible, es un poco ajustado intentar ver ambas necrópolis en el mismo día, por lo que puede ser buena idea hacer noche en Civitavecchia, entre ambas. El tiempo se nos irá seguramente disfrutando de los museos, donde se conservan muchos artefactos y obras de las necrópolis. El de Tarquinia pasa por ser el mejor museo etrusco fuera de Roma. Cerveteri tiene también uno más modesto que podemos complementar en la propia Roma. Allí, en el Museo Nacional Etrusco podremos ver la mayor parte de los artefactos del día a día guardados en las tumbas-hogar de la antigua Caere, además de otros de Tarquinia.

Fotos: AlMareRoberto Ferrari

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