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Paisaje cultural de Aranjuez

Paisaje cultural de Aranjuez

Madrid (España)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 24 06, 2017
  • Categoría:

Oasis renacentista


1808 fue un año de transición para España, en el que se considera que el Antiguo Régimen sencillamente dejó de tener vigor. El acontecimiento que marca el punto de inflexión es el motín de Aranjuez, en el que una turba logró la destitución del primer ministro Godoy y la abdicación del rey. Todo sea dicho, su hijo ascendió al trono y la historia no varió tanto. Es paradójico que este hecho ocurriera en una villa que no mucho tiempo antes se había creado alrededor de uno de los sitios reales más queridos por la Corona de España. Lo era desde finales del XV, pero unas décadas después Felipe II inició las obras del actual palacio y los jardines. Situado a orillas del río Tajo, el conjunto forma un paisaje cultural en el que predomina la comunión entre arquitectura y naturaleza. Es algo muy propio del Renacimiento que vio nacer el sitio, pero Aranjuez ha inspirado tanto a artistas, poetas y músicos que una obra del siglo XX que lleva su nombre, el Concierto de Aranjuez, pasa por ser una de las composiciones musicales españolas más interpretadas del mundo.

Fuente del Espinario en el Jardín de la Isla de Aranjuez

Esta zona, en la que los ríos Jarama y Tajo se unen, fue habitada por carpetanos, romanos, visigodos y musulmanes hasta que llegó a manos de la Orden de Santiago. Ellos utilizaron la zona para cazar y construyeron un primer palacio. Cuando la Orden fue incorporada a la Corona en el siglo XV, los terrenos se convirtieron en reales. Situada estratégicamente entre Madrid y Toledo, Felipe II decidió cambiar el palacio para construir aquí la versión civil y humanista de su otra gran obra: el monasterio de El Escorial. El sitio siguió creciendo con sucesivos reyes, aunque tuvo etapas de escasez que la dinastía borbónica se propuso corregir. Fernando VI fue un amante del lugar. Además, derogó en 1752 la prohibición de asentamiento. Sería bajo su hijo Carlos III cuando se diseñara el casco antiguo que vemos hoy. Su diseño sigue los preceptos racionalistas e ilustrados. En 1868, el palacio pasó a manos estatales y perdió su relevancia mientras la ciudad se convertía en un núcleo industrial dependiente de Madrid.

El Palacio es hoy nuevamente residencia real. Fue construido bajo la dirección de Juan Bautista de Toledo y su discípulo, un joven que alcanzaría gran fama y estilo propio: Juan de Herrera. Ya entonces se unió por el sureste con la Casa de Caballeros y Oficios. En el XVIII tuvo una gran ampliación y se cerró el patio de armas. Entonces se construyó también la Casa del Labrador, en el jardín del Príncipe. La mejor vista la tenemos llegando por la plaza Elíptica. En el interior destacan las salas china y de los espejos. Anexado al suroeste está el jardín del rey. Este sigue la moda renacentista de jardines secretos. También se conoce como jardín de las estatuas por los catorce bustos de emperadores romanos y reyes españoles que tiene. Entre ellos se encuentra el que ordenó su construcción: Felipe II. Este jardín forma parte del conocido como del Parterre, del siglo XVIII, en el que además destaca la fuente de Hércules y Anteo.

Palacio Real de Aranjuez

El jardín del Parterre forma parte de los cuatro que hay en Aranjuez. El río Tajo fluye entre ellos vertebrando un paisaje verde que parece un oasis en la estepa castellana. El más valorado es el jardín de la isla, rodeado por el Tajo y un canal artificial del mismo construido por los caballeros de la Orden de Santiago. Su esplendor se refleja en las numerosas fuentes y estatuas, las más de las veces dedicadas a figuras mitológicas recuperadas en el Renacimiento. No todas son del siglo XVI y el jardín de la Isla se ha ido enriqueciendo con el paso de los siglos. El jardín del Príncipe es el más extenso con 150 hectáreas. Además de una amplia zona de arboleda hay también espacio para la arquitectura, especialmente en el estanque de los chinescos. El último jardín, el de Isabel II, es el más pequeño y reciente.

Aranjuez cuenta hoy con unos 60.000 habitantes y su situación, cuarenta kilómetros al sur de Madrid, lo convierte en una ciudad dormitorio. Se puede llegar fácilmente en coche, pero lo más tradicional es usar el tren. No en vano, la línea Madrid-Aranjuez fue la segunda de España: era el año 1851. Se le llamó el tren de la fresa, uno de los productos más típicos de la zona junto a los espárragos. En sábados, domingos y festivos de primavera y verano circula un tren que recrea un viaje del siglo XIX. Primavera es en concreto la mejor época por la floración y la agradable temperatura. Eso sí, si estamos interesados en la historia, cada septiembre se recrea en la villa el histórico motín. Aranjuez es una excursión idónea para un día si estamos en Madrid o Toledo, o incluso menos si nos limitamos a pasear por los jardines. Una alternativa a pasear por el pueblo es hacerlo en piragua por el río Tajo.

Fotos: Benjamín Núñez GonzálezRamón Durán

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