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Parque Nacional de los Katíos

Parque Nacional de los Katíos

Antioquía y Chocó (Colombia)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 4 07, 2017
  • Categoría:

Tapón colombiano


El gobierno de Colombia tomó una decisión muy meritoria en el año 2009 al solicitar proactivamente la ayuda internacional, encabezada por la UNESCO, para proteger el Parque Nacional de los Katíos, creado en 1973. Este parque de 72.000 hectáreas es la sección colombiana protegida del Darién, una región tropical que separa Panamá y Colombia o, lo que es igual, Centroamérica de Sudamérica. Históricamente ha sido siempre un área habitada por poco más que indígenas dispersos, pero en los últimos años la situación se había complicado. La presencia de guerrilleros aumentó los asentamientos ilegales y con ello las actividades extractivas: tala, pesca y caza incontroladas. Especialmente la tala ha sido un problema histórico en todo el Darién y en los Katíos en particular. Afortunadamente, la ayuda recibida y las medidas tomadas permitieron respirar a los Katíos, que en el 2015 pudo salir de la lista de patrimonio en peligro.

Cascada de la Tigra en Los Katíos

Los Katíos complementa perfectamente el gran Parque panameño de Darién, al otro lado de la frontera. El paisaje aquí es puramente tropical, desde los 2 hasta los 600 metros sobre el nivel del mar que hay. Estos últimos se alcanzan en la serranía del Darién, un accidente que comienza ya en el cabo Tiburón, en el Caribe. La arteria principal del Parque, y de toda la región, es el río Atrato. Este río no es solo el más caudaloso del país, sino que teniendo en cuenta su limitada cuenca es uno de los más eficientes del mundo y de los que más agua desaloja al mar. Esto sucede a través de un enorme delta de siete brazos, pasado ya los Katíos. El río Atrato aumenta más aún su caudal en época lluviosa y empantana varias partes. Esta época lluviosa también aumenta el tamaño de las muchas lagunas de la zona, especialmente en las Ciénagas de Tumaradó. De la serranía le llegan al Atrato multitud de pequeños afluentes que forman saltos de agua. En algunos casos son espectaculares, como los cien metros de El Tilupo o la cola de caballo del Tendal.

El 20% de la flora es endémica del Darién y depende de la altitud: pasamos de un bosque tropical en las alturas a tierras bajas húmedas. En estas tierras bajas, la vegetación ha tenido que adaptarse a resistir las periódicas inundaciones del terreno. Las orillas de los ríos están flanqueadas por enormes árboles cativales de hasta cincuenta metros. El Darién ha funcionado desde hace millones de años como tapón biológico para separar las regiones de Centroamérica y Sudamérica. Vivir aquí no es sencillo para muchas especies, aunque por la protección del Parque actualmente sobreviven aquí muchas especies extintas en otros lugares de Centroamérica. Destacan el cocodrilo americano, presente en las ciénagas, el manatí en las aguas del río Atrato, el oso hormiguero gigante o el tapir centroamericano. Hay 450 especies de aves, lo que significa una gran proporción del país e incluye dos colibríes endémicos.

Ciénaga de Tumaradó en Los Katíos

Katío es la forma alternativa para denominar a los indígenas emberá, los habitantes del Parque. Además de los investigadores y responsables del Parque, son los únicos autorizados a vivir en su interior. Son cazadores-recolectores, aunque también practican horticultura a pequeña escala en sus asentamientos, que cuando son demasiado grandes se dividen en dos. Ellos mismos se organizan entre los que viven en la costa, en los ríos, en los bosques, en las montañas y en las zonas deforestadas. Los emberá desplazaron en el siglo XIX a los indígenas kuna, presentes en otras zonas del Darién. También tuvieron que ver los colonos, que llegaron a la zona ya en el año 1500, cuando Vasco Núñez de Balboa remontó el río Atrato. En la zona de Riosucio se levantaron pequeñas poblaciones pobladas por piratas, contrabandistas y aventureros de origen europeo. Tiempo después llegaron los cafeteros para montar haciendas, lo que abrió las puertas a la deforestación de la que ha escapado de momento los Katíos.

Visitar este territorio está actualmente muy limitado por la misma presencia de guerrillas que llevó a pedir ayuda internacional. En principio está solo permitido el acceso a investigadores, aunque se puede intentar pedir permiso al gobierno colombiano e informarse de la situación del Parque. La entrada al mismo más factible es a través de la localidad de Turbo, que tiene aeropuerto conectado con Medellín. En Turbo cogeremos un barco que remontará el delta del río Atrato y nos dejará en el campamento de Sautatá. De aquí parten distintas expediciones y caminatas para conocer el Parque. De diciembre a marzo es la época seca y por tanto más practicable para el senderismo.

Fotos: Fredy GómezLucas Rios

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