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Patrimonio natural y cultural de la región de Ohrid

Patrimonio natural y cultural de la región de Ohrid

Suroeste (Macedonia)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 19 04, 2016
  • Categoría:

El antiguo lago de los Balcanes


Todo huele a antiguo en el lago de Ohrid, situado en medio de los Balcanes. El propio lago, las ciudades y las iglesias que se han extendido a sus orillas tienen mucho tiempo. Este lugar de paso de todo tipo de culturas es una de las cunas del cristianismo. En sus alrededores cuenta la leyenda que hubo un momento en que había 365 iglesias: una para cada día del año. Aunque fue otomana durante siglos, la ciudad de Ohrid ha sido antes y después testigo de la expansión de la cultura eslava entre los siglos VII y XIX. Como ciudad más importante del lago tiene el privilegio de portar su nombre. El Jerusalén de los Balcanes respira historia en cada una de sus estrechas calles, históricas casas y sus numerosas iglesias. Si la ciudad de Ohrid ya existía en tiempos griegos, todo el lago ha estado habitado desde hace 5.000 años como atestiguan los 250 sitios arqueológicos que van del Neolítico hasta la Edad Media.

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Vista de la iglesia de San Juan Evangelista y el lago Ohrid

El lago tiene muchos más años: entre tres y cinco millones de años. Esto le convierte en uno de los antiguos de Europa y del mundo. Parece que la subducción que sufre la zona compensa la sedimentación, que es la que paulatinamente deshace los lagos. Este, de 30×15 kilómetros de superficie, guarda en su interior un endemismo muy acusado gracias a la edad del lago. Las especies se han adaptado de tal forma a sus aguas que resisten la introducción de especies exóticas. A lo largo de las 200 especies endémicas está representada toda la cadena trófica, aunque destacan dos truchas. Han pasado una mala época por culpa de la sobrepesca, pero afortunadamente se están recuperando. También se asientan en sus orillas muchas aves amenazadas.

Los Dassareti y los Enchelei, dos tribus helenísticas, son las primeras de las que se tiene constancia que habitaron el lago. En tiempos de Filipo II, el padre de Alejandro Magno, ya existía una gran ciudad que se llamaba Lychnidos, la ciudad de la luz. Esta ciudad adoptó el cristianismo muy pronto, antes de que los eslavos del sur llegaran aquí en el siglo VI. En el 867 los que llegaron fueron los búlgaros, que cambiaron el nombre del sitio al actual Ohrid y convirtieron a la ciudad de la colina en su capital durante un tiempo, momento en el cual levantaron el fuerte de Samuel que hoy se puede visitar. En una zona estratégica, Ohrid cambió de manos entre bizantinos, búlgaros, Cruzados, etc. Así hasta que llegaron los otomanos, que en 1395 la conquistaron con Bayezid I. Aunque el cristianismo descendió, la relevancia del arzobispado había dejado ya su obra en forma de multitud de iglesias, de las que varias fueron transformadas en mezquitas. La ciudad no perdió relevancia con los otomanos e incluso tuvo un florecimiento económico en el siglo XIX, pero finalmente la crisis de este imperio hizo que pasara a manos serbias en 1912.

Nártex de la iglesia de Santa Sofía en Ohrid

Nártex de la iglesia de Santa Sofía en Ohrid

Así pues, las iglesias del siglo IX al XIV son la mayor joya de Ohrid. San Pantaleón fue obra de San Clemente de Ohrid, primer arzobispo de Bulgaria. Además de sus apreciables mosaicos, su relevancia viene de que es considerada una de las primeras universidades de la historia. Aquí se enseñó glagolítico y cirílico, que luego se utilizó para traducir la Biblia al protoeslávico. En el monasterio de San Naum, 18 kilómetros al sur, también quedan trazas de esta función escuela que tenían los monasterios del lago de Ohrid. En lo alto de la colina se sitúa la catedral de Santa Sofía, del siglo XI, que ha conservado unos magníficos frescos del siglo XI al XIII. Junto a los de la iglesia de San Clemente, estos frescos son muy relevantes porque suponen el cambio del icono a las figuras individuales. Una de las iglesias más bonitas es la de San Juan Evangelista, que además de tener frescos en su cúpula forma una bella estampa con el sempiterno lago de fondo.

Ohrid es hoy una ciudad pequeña de unos 42.000 habitantes que no obstante atrae mucho turismo, sobre todo en verano, una vez que las guerras y tensiones de los últimos tiempos se han suavizado. Por eso cuenta con un pequeño aeropuerto y es incluida en muchos circuitos por los Balcanes. El verano es la mejor época porque permite disfrutar del propio lago, con playas como la de Ljubanista, con un precioso atardecer. Además, en esta época es cuando se suceden las fiestas en la región, como un festival de música que durante cuatro días atrae a músicos de todos los Balcanes. La sopa de pescado es lo más típico, pero en cuanto a pescado hay que evitar los sitios donde ofrecen la protegida trucha del lago.

Foto: groucho / Klovovi

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