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Plaza de São Francisco en São Cristovão

Plaza de São Francisco en São Cristovão

Sergipe (Brasil)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 20 03, 2017
  • Categoría:

Colonia ibérica


España y Portugal fueron dos rivales enfrentados en la labor de colonizar el nuevo mundo, especialmente Sudamérica. Sin embargo, hubo un tiempo en el que los destinos de ambos países se cruzaron cuando la casa real de España dominó la política portuguesa. En ese periodo, la expansión colonial no se detuvo e hizo que en algunos lugares se fundaran ciudades que mezclaban influencias de ambas culturas. Tal es el caso de São Cristovão, el cuarto asentamiento fundado por portugueses en las costas brasileñas. São Cristovão es un representante prototípico de la arquitectura franciscana del noreste de Brasil, donde de asienta en la desembocadura del río Vaza-Barris. Capital del estado de Sergipe hasta el siglo XIX, la inactividad posterior ha permitido conservar el centro histórico, en el que la plaza de São Francisco funciona como punto neurálgico. Aquí es donde mejor se pueden apreciar la fusión de estilos portugués y español.

Vista de la plaza y convento de São Francisco

Felipe II, rey de España y de Portugal, fue por tanto el que mandó establecer un punto de control en la costa entre las ciudades de Salvador de Bahía y Olinda, la capital de Pernambuco. La intención fue doble: expulsar a los contrabandistas franceses de la región que se estaban lucrando con la madera del palo brasil y controlar a los indígenas tupi. Cristóvão de Barros fue el encargado de fundar en 1590 una villa a la que le puso el nombre de su santo. La ciudad se mudó un par de veces hasta asentarse en su lugar actual en 1607. La ganadería, las plantaciones de tabaco y caña y el comercio de la madera de palisandro impulsaron la ciudad y atrajeron la mirada de los holandeses. Estos acosaron la costa y dañaron fuertemente la ciudad en 1637. Un siglo después fueron unas revueltas internas por el pago de impuestos las que dejaron casi en ruinas a São Cristovão. Sin embargo, el traslado de la capital a Aracaju en el siglo XIX fue una bendición para la conservación de la ciudad. La economía y la expansión lo notaron negativamente y São Cristovão se detuvo en el tiempo.

Tanto es así, que desde 1967 las autoridades brasileñas decidieron proteger la ciudad. El diseño es similar al de otras ciudades coloniales, pero con aportaciones de ambos países. De los portugueses heredó la clara división entre la zona administrativa y la comercial. La primera está en lo alto de la ciudad, donde está el centro civil y religioso. La segunda en el puerto, junto a la industria y las casas más modestas. En el centro destaca la plaza de São Francisco, que recuerda más a las plazas de armas de las ciudades españolas. Sus medidas de 51×73 metros vienen, de hecho, de ordenanzas españolas. Posteriormente, con la división de las coronas en 1640, la ciudad se expandiría a la manera de las ciudades portuguesas, adaptándose a la geografía y las condiciones locales, en este caso con un clima muy tropical.

Una de las numerosas iglesias de São Cristovão

La presencia religiosa en São Cristovão fue muy intensa desde el siglo XVII y hoy es uno de los focos de peregrinación más relevantes del país. El centro histórico cuenta con multitud de iglesias que uno se va encontrando en unas calles que confluyen en la plaza. En esta, dominada por una gran cruz, se reparten los principales edificios. Destacan la iglesia y santa casa de Misericordia del siglo XVII de las hermanas clarisas y el palacio provincial del siglo XIX. Por encima del resto de edificios coloniales está la iglesia y convento de San Francisco. El conjunto fue iniciado en 1693 tras una colecta entre los habitantes para recaudar fondos. Su pórtico con cuatro arcos y sobre todo las volutas de su fachada indican un claro estilo barroco. Buena parte de la iglesia fue hecha en adobe, lo que en el siglo XIX anunció colapso. Se reconstruyó una torre, pero la obra se quedó a medias cuando la capitalidad se trasladó a Aracaju.

Esta es la ciudad de referencia más cercana, pues desde Aracaju apenas tenemos un paseo en coche. Aracaju tiene aeropuerto, pero también se puede llegar desde Bahía, unas cuatro horas al sur. En todo caso, las visitas suelen ser cortas porque la ciudad no es grande y no tiene muchas infraestructuras. De hecho, apenas hay turismo salvo por los propios habitantes de Aracaju, que se acercan a comprar artesanía o queijadinhas, un postre típico de la época colonial. São Cristovão solo se llena en el anual festival de artes del mes de diciembre, que ocupa a la ciudad durante tres días. Hay que informarse bien de los horarios de las distintas iglesias y museos. Entre estos destaca el de arte sacro, uno de los más relevantes del país. Está en la misma plaza, al lado del convento de San Francisco.

Fotos: Anderson SchneiderMarinelson Almeida

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