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Reservas naturales del Aïr y el Teneré

Reservas naturales del Aïr y el Teneré

Agadez (Níger)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 24 03, 2016
  • Categoría:

Cada gota de agua cuenta


Hasta que fue derribada accidentalmente en 1973 por un camionero en estado ebrio, había una acacia en el Sáhara que estaba considerada el árbol más aislado del mundo. Era la última superviviente de un pequeño grupo que creció cerca de un pozo subterráneo. Durante mucho tiempo fue referencia para las caravanas del desierto: es lo que tiene ser el único árbol en 400 kilómetros a la redonda. Se la conocía como el árbol de Ténéré, haciendo referencia al desierto en el que se encontraba. Este desierto, uno de los más duros del mundo, hace frontera por el oeste con las montañas de Aïr. Una porción de ambas regiones constituye una de las reservas naturales más grandes de África, pero también una de las más sensibles, tanto por las extremas condiciones en las que la vida se ha hecho paso aquí como la situación política de los últimos tiempos.

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Dunas de Teneré con las montañas Aïr al fondo

Por tanto, tenemos dos regiones bastante opuestas. Las montañas Aïr son una cordillera granítica de color oscuro formada por nueve macizos que generan una meseta a una altura de entre 500 y 900 metros. El pico más alto es el Idoukal-n-Taghès, que llega a los 2.022 metros. Diversos wadis o valles, más ricos en vegetación, se forman cuando el agua aumenta de caudal. Cuando el nivel del agua desciende, el agua queda atrapada en lagos conocidos como gueltas: son un tesoro para fauna y nómadas. Dentro de las montañas Aïr destacan especialmente las Montañas Azules, donde el granito de tipo Cipollino genera un paisaje espectacular. Al este de las montañas se extiende el mar de dunas conformado por el desierto de Ténéré, donde las condiciones para la vida son todavía más extremas, con temperaturas muy elevadas y apenas precipitaciones.

Esta zona no siempre fue tan dura y las poblaciones abundaron en la zona hace miles de años. Testigo de ello es el arte en roca que hay en distintas partes, en el que destaca el petroglifo de Dabous. Hace unos 2.500 años, el clima empezó a cambiar radicalmente y los pobladores que quedaron aquí fueron los duros tuareg. Organizados en clanes nómadas en torno al pastoreo de cabras y camellos, se han ido adaptando a la vida sedentaria poco a poco. De los 7.000 tuareg que quedan en el territorio de la reserva, la mayoría viven en los wadis y oasis más ricos. En Ténéré solo hay dos emplazamientos con vida: las extremadamente aisladas ciudades de Fachi y Bilma. La zona montañosa fue dominada por el sultanato de Aïr hasta que llegó la colonización francesa, respondida con mucha resistencia por parte de los tuareg. En los últimos tiempos, las luchas por el reparto de la riqueza generada por las minas de uranio de Arlit han provocado dos rebeliones bastante cruentas.

Guelta en Aïr, cerca de Timia

Guelta en Aïr, cerca de Timia

La relevancia de esta ecorregión es que supone una ramificación del monte xerófilo del Sahara occidental, lo que significa menores temperaturas y un poco más de humedad. Por tanto, la biodiversidad es una mezcla de la del Sáhara y la del Sahel. En las zonas montañosas abundan la datilera del desierto y la acacia de copa plana. Cuando en los wadis el agua se multiplica aparecen la goma arábiga y las palmeras. Sorprende que en las partes más elevadas se encuentren algunos ejemplares de los típicamente mediterráneos olivos. En cuanto a la fauna, el adax es una de las principales razones de ser de la reserva. Esta especie de antílope blanco fue reintroducida cuando su extinción era inminente. Las rebeliones tuareg han puesto en duda la viabilidad del proyecto y actualmente se desconoce el estado de conservación de los adax. Comparten espacio con la gacela común y la de Loder, también amenazadas. Los depredadores más comunes son los zorros fennec y los guepardos, de los que se calcula que quedan tan solo unas veinte unidades. Los wadis son también zona de paso fundamental para aves migratorias y se han registrado hasta 165 especies distintas.

La ciudad de Agadez es la puerta de entrada a la reserva natural de Aïr y Ténéré. Hasta aquí se puede llegar en avión. Entre las dos rebeliones tuareg, a finales de los 90 y comienzos de siglo, el turismo despuntó en la región y los tuareg eran los guías ideales para los occidentales. Sin embargo, la situación se ha complicado hasta el punto de que el turismo es muy raro de ver. Tuaregs procedentes de la guerra de Libia han desestabilizado la zona y no es aconsejable viajar, aunque conviene informarse por si la situación mejora. Si se intenta, se necesita un permiso especial expedido por Níger y llevar el viaje contratado desde el origen. Para cuando el turismo vuelva a ser habitual, lo ideal es viajar después del verano, cuando las temperaturas bajan algo y las lluvias han animado ya a los wadis.

Foto: willemstom / Denvermaxwell

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