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Residencias de la Casa Real de Saboya

Residencias de la Casa Real de Saboya

Piamonte (Italia)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 25 05, 2017
  • Categoría:

Diplomáticos amantes del Barroco


Más vale maña que fuerza podría ser un buen eslogan para los Saboya. Esta casa real es una de las que tiene una historia más prolongada en el complicado continente europeo. Se formó en el 1003 y cerró su historia en primera línea, siendo reyes de la Italia unificada. Lo hicieron derramando la sangre justa, tirando de alianzas, matrimonios y mucha habilidad negociadora: mucha maña. La casa arranca su historia en el condado de Saboya, que se divide en territorios actualmente franceses, suizos e italianos. De condado pasaron a ducado y con Victor Emmanuel II, unificador de Italia en 1861, gobernaron todo el país hasta la II Guerra Mundial. Los últimos Saboya permitieron los desmanes de Mussolini, lo que les condenó cuando se proclamó la república en 1946. Fue su punto final tras casi un milenio siendo parte central de la historia europea. A nivel arquitectónico dejaron su huella por toda la región italiana del Piamonte, que llenaron de palacios y residencias reales barrocas entre los siglos XVII y XVIII.

Piazza Castello, en el centro de Turín, con dos palacios de los Saboya

Procedentes de Magdeburgo, Humberto I ascendió a conde de Saboya en el 1032. Controlando los pasos por los Alpes se hicieron ricos. Ya en el siglo XI se unieron por matrimonio con Turín, la que con el paso del tiempo sustituiría a Chambéry como capital. Reclamaron también el cantón suizo de Vaud, que perdieron en la Reforma protestante. En 1416 tenían tanto poder que ascendieron a ducado. Un siglo después pasaron su peor momento cuando el rey francés Francisco I ocupó sus territorios. Los Saboya desplegaron su capacidad estratégica y se aliaron con los Habsburgo españoles para recuperar sus territorios en la batalla de San Quintín. Se expandieron entonces hasta Niza y Sicilia, que luego intercambiaron por Cerdeña. La primera república francesa y Napoleón dañaron su poder al oeste de los Alpes, pero ampliaron territorios con la República de Génova. Fue Carlos Alberto el que firmó el Statuto Albertino, precursor de la primera constitución de la Italia unificada.

Turín fue la capital de los Saboya desde 1562, cuando Manuel Filiberto se mudó a la casa del obispo y la estableció como residencia real. En Turín y sus alrededores se acumulan las posesiones de los Saboya, que fueron grandes constructores y quisieron demostrar su poder a través de sus obras. Cuando los Saboya se trasladaron a Turín, la ciudad estaba todavía anclada en un medievalismo simbolizado por sus murallas. Esta modesta ciudad disfrutó desde entonces una profunda renovación barroca que tiene en la enorme plaza Castello su centro neurálgico. Esta plaza, símbolo de poder de los Saboya, incluye dos palacios. El Madama recibe su nombre de dos reinas de los Saboya que modificaron la base del siglo XV. Todavía se esconde en la parte trasera. La parte que mira a la plaza deslumbra con su pomposo barroco. El palacio Real es algo posterior, del XVI, y fue remodelado un siglo después también en barroco.

Pabellón de caza de Stupinigi, de los Saboya

A finales del sigo XVII, la ciudad se fue expandiendo. Lo hizo en primer lugar hacia el este, para lo cual tuvo que cruzar el río Po, que articula la ciudad. En la otra orilla, los Saboya levantaron Villa della Regina, una villa regia con sus propios viñedos. En el siglo XVIII, Víctor Amadeo II se expandió hacia el otro lado, hacia el oeste. Allí son referencia el castillo de Rivoli y el Pabellón de caza de Stupinigi. El primero era una vieja posesión de los Saboya desde que se levantara en el siglo XI, aunque por supuesto tuvo su renovación barroca. El segundo destaca por el parque natural de Stupinigi, que tiene un agradable paseo en el que se pueden ver bastantes animales. Este es solo uno de los diversos pabellones de caza que los Saboya tienen en el Piamonte. La unidad arquitectónica de esta casa no se puede entender sin la red de villas que rodean la ciudad. Situadas en altos de colinas o en bosques, funcionaban como villas de verano o lugares de caza, pero también como puntos de referencia económicos y estratégicos. Para ello estaban conectadas muy bien con la capital.

Los Saboya impulsaron una ciudad que ha crecido enormemente y es hoy un centro industrial y empresarial de Italia. Con un millón de habitantes, la del automóvil es su industria más puntera y su referencia en el triángulo que forma con Milán y Génova. Muchos turistas llegan aquí para curiosear sobre el sudario de Turín, el objeto más famoso de la ciudad. Está guardado en la catedral de San Juan Bautista. Más relevante a nivel artístico es su fantástico museo egipcio, solo superado por el de El Cairo. Turín tiene un gran aeropuerto y el centro se puede pasear fácilmente. Para llegar a sitios como el castillo de Rivoli o Villa della Regina podemos utilizar transporte público, pero para sitios más lejanos es recomendable un coche. El producto más famoso de Turín es el chocolate, que tiene hasta un festival de dos semanas. El preferido por muchos es el Gianduiotto.

Fotos: GrassitelliValerio Fuoglio

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