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Saltaire

Saltaire

Yorkshire y Humber (Reino Unido)

Paternalismo industrial


La Revolución Industrial fue una época paradójica: el progreso empeoró simultáneamente la vida de algunas ciudades por las condiciones laborales, el urbanismo descontrolado y la polución. Frente a estos problemas hubo reacciones, las más de las veces paternalistas. Sir Titus Salt es uno de los ejemplos prototípicos en este sentido. Salt, hijo de un comerciante y granjero, montó junto a su padre una empresa de comercio de lana. Intentó abrir mercado para la lana rusa, pero al no conseguirlo montó su propia fábrica. El éxito inicial se multiplicó al ser el primero en introducir en Reino Unido la valiosa lana de alpaca desde Sudamérica. No solo fue industrial, sino que también saltó a la política. Mezclando ambos mundos llegó su obra definitiva: la ciudad de Saltaire. En ella, Salt mezcló su instinto empresarial, paternalismo, filantropía y su propio ego. Su figura es venerada en la región y la ciudad a la que dio nombre ha pasado a ser histórica como modelo de ciudad victoriana industrial.

Vista de Saltaire, con la fábrica principal destacando

El salto político de Salt llegó en el año 1848, cuando se hizo alcalde de Bradford. Esta ciudad de Yorkshire pasaba por ser una de las más polucionadas y superpobladas del norte de Inglaterra. Salt propuso reducir los niveles de polución, pero sin llegar a un acuerdo emprendió un plan alternativo. Con la idea en mente de ampliar su capacidad de producción, escapó del cinturón industrial de Bradford hacia una zona limpia al norte. Allí, a orillas del canal Leeds-Manchester y el río Aire, levantó la ciudad de Saltaire, que une su nombre al del río. Comenzó por abrir la fábrica de lana más grande por metros cuadrados del mundo. A su vera creó una ciudad con más de 800 edificios con ayuda de los arquitectos Henry Lockwood y Richard Mawson. Muchos eran viviendas, ordenadas en nivel de calidad según jerarquía en la compañía, pero en todo caso dotadas de servicios como agua corriente y con la piedra como material de construcción. También levantó edificios públicos como baños, un instituto cultural con biblioteca, hospital, asilo, sala de billar, sala de conciertos e iglesias. La obra de la que se sintió más orgulloso fue la iglesia congregacional.

Titus Salt era el dueño y señor de Saltaire para bien y para mal. En su afán paternalista, por ejemplo, abrió un comedor social para mejorar la dieta de sus trabajadores, a la vez que prohibió la apertura de tabernas que sirvieran cerveza. Salt no era un filósofo y no pretendía repetir experimentos como New Lanark. Sin embargo, sí tenía sus propias ideas de lo que tenía que ser una ciudad armoniosa y decente. Mezcló su espíritu capitalista con su ethos religioso cristiano. No fue el único y varias ciudades le siguieron, tanto en Reino Unido con Copley y Ripley Valley, como en EEUU o Italia, donde destacó Crespi d’Adda. Titus murió en 1876 y a su entierro acudieron 100.000 personas para darle un adiós antes de que fuera enterrado en un mausoleo de su iglesia. Los hijos continuaron su legado, pero Saltaire finalmente se vendió a un consorcio encabezado por Sir James Roberts, que da nombre al parque más importante de la ciudad. Tras pasar por distintas empresas y un gran declive, la fábrica cerró sus puertas en 1986.

Iglesia Congregacional de Saltaire, orgullo de Titus Salt

Saltaire ha mantenido en estos más de 150 años su diseño urbanístico de forma impoluta. Visto desde el cielo es una rejilla ordenada en torno a la fábrica, que a orillas del canal marcaba el ritmo de la ciudad. Esta fábrica, como el resto de la ciudad, está basada en la arquitectura italianizante tan de moda en Reino Unido en aquella época. Tras cerrar sus puertas fue adquirida por Jonathan Silver, que renovó el edificio. Lo limpió de maquinaria y abrió en su interior viviendas, restaurantes, oficinas y galerías. La iglesia congregacional es uno de los edificios más protegidos. Está justo enfrente, simbolizando la dualidad de Titus Salt entre negocio y religión. En su interior caben hasta 600 personas. El Victoria Hall, antiguo instituto cultural, es usado ahora para conciertos.

Saltaire forma parte del área metropolitana de la ciudad de la que partió Titus Salt, Bradford. Está conectada con esta ciudad y con Leeds por tren. Ambas son historia viva del industrialismo británico y comparten aeropuerto. A pesar de formar parte de la ruta del patrimonio industrial europeo, Saltaire es una ciudad muy tranquila que podemos pasear en una mañana. En el edificio de la antigua fábrica, la galería más relevante es la del artista local David Hockney. Desde 2003, cuando Saltaire cumplió su 150º cumpleaños, se celebra anualmente un festival en septiembre que culmina con un fin de semana lleno de actividad en la calle. No es mala época para ir a esta lluviosa ciudad.

Fotos: Jon Farmandiamond geezer

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