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Sitio arqueológico de Joya de Cerén

Sitio arqueológico de Joya de Cerén

La Libertad (El Salvador)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 17 05, 2017
  • Categoría:

La cocina de los mayas


La historia de la erupción del Vesubio y el enterramiento total de la ciudad romana de Pompeya no es un ejemplo único en el mundo. Otras ciudades han sido cubiertas por cenizas y olvidadas por la historia. Solo es cuestión de encontrarlas. En el pequeño país de El Salvador, el volcán Loma Caldera cubrió por completo un pequeño asentamiento maya situado a menos de un kilómetro del cráter. La virtud de este descubrimiento es similar a la de Pompeya: la rapidez de los acontecimientos hizo que lo que hoy vemos parezca un instante pausado en la vida de los mayas. Joya de Cerén no era un gran asentamiento, sino una modesta población agrícola. Aquí podemos conocer la vida diaria del pueblo llano. Las cenizas han conservado durante siglos las ruinas. Paradójicamente, desde su descubrimiento, Joya de Cerén corre peligro: sus construcciones de tierra compactada están sufriendo una excesiva humedad que produce vegetación en la superficie de los edificios, a lo que se suma la erosión del viento. El futuro de Joya de Cerén es incierto y va a requerir una gran inversión.

Estructura 11 de Joya de Cerén: una cocina y surcos de cultivo

San Andrés fue una ciudad maya de importancia local que tuvo relaciones con Copán, Tikal e incluso Teotihuacán. Joya de Cerén fue solo una de sus ciudades tributarias, pero en la actualidad su valor arqueológico es superior por su originalidad. El pequeño pueblo existió en primera instancia del 1200 a.C. al año 200. Una erupción lo hizo evacuar temporalmente: unos 200 años después, la ceniza no solo se había enfriado sino que había generado un sustrato muy fértil. Así, Joya de Cerén se había vuelto a desarrollar en torno a la agricultura cuando el volcán volvió a rugir, sobre el año 590. Fue una erupción pequeña: apenas cubrió cinco kilómetros cuadrados, lo justo para enterrar el pueblo para siempre. Afortunadamente, la erupción fue lo suficientemente lenta como para permitir la huida de todos sus habitantes. Estos seguramente se asentaron en las cercanías y mantuvieron un estilo de vida que casi se puede prolongar hasta la actualidad.

Catorce capas de ceniza cubrieron Joya de Cerén durante más de catorce siglos. En 1976, el gobierno estaba excavando unos silos para el Instituto Regulador de Abastecimientos cuando las ruinas aparecieron. Un paleontólogo estadounidense, Payson Sheets, se puso al mando de la investigación en 1978. La guerra civil de El Salvador detuvo temporalmente las obras, que se reiniciaron en 1988 ya sin pausa alguna. Se han desenterrado las principales estructuras de la ciudad, en total más de 70. No se conocen los límites exactos del pueblo, pero se estima que vivían en él unas 200 personas. Más allá de las estructuras, Joya de Cerén es valioso a nivel de paleoetnobotánica, es decir, por los restos que nos permiten entender el día a día de la vida de un asentamiento maya.

Temazcal o sauna maya de Joya de Cerén

Esto es posible gracias al efecto que la ceniza húmeda caída súbitamente tiene sobre las estructuras: las enfría y las previene de la humedad, evitando que se pudran. Esto nos ha permitido entrar en las estancias mayas como si usáramos una cápsula del tiempo. Sus casas tienen tres estructuras delimitadas: dormitorio, cocina y bodega. A veces incluyen una cuarta estancia de usos variados. Las cocinas son una auténtica mina de información. En ellas se han recuperado utensilios de cocina como cuchillos o piedras de moler, así como alimentos que nos cuentan mucho de la dieta maya: frijoles, cacao, chile, etc. Que fuera un pueblo no quiere decir que no hubiera edificios comunes. En Joya de Cerén no hay grandes pirámides, pero sí un edificio religioso, un edificio público, una sauna o temazcal y una plaza pública. Además de los edificios, en Joya de Cerén podemos ver distintos jardines y cultivos. Se cree que un campo de yuca intacto, único en su clase, fue plantado horas antes de la erupción.

Joya de Cerén no es el yacimiento maya más visitado, pues no es muy monumental y está en un país menos turístico que Guatemala o México. Está muy cerca de la capital San Salvador, a unos treinta kilómetros, por lo que se suele visitar en una excursión de medio día o día completo. Se combina casi siempre con el yacimiento de San Andrés e incluso con el de Tazumal. Se suele incluir en los viajes por la zona y en todo caso es recomendable ir en tour por cuestión de seguridad. En Joya de Cerén hay un modesto museo local que básicamente sirve para guardar todos los artefactos que se han encontrado hasta ahora. En total su visita nos llevará hora y media.

Fotos: MariordoVáclav Synáček

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