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Valle Santo (Uadi Qadisha) y Bosque de los cedros de Dios (Horsh Arz Al Rab)

Valle Santo (Uadi Qadisha) y Bosque de los cedros de Dios (Horsh Arz Al Rab)

Norte (Líbano)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 4 11, 2016
  • Categoría:

Dioses y cedros


Los primeros cristianos no lo tuvieron fácil. Rodeados de gobernantes hostiles ante la nueva religión, buscaron refugio en distintos lugares. El valle de Qadisha, en el actual norte del Líbano, era ideal para ello. Se trata de un profundo valle de 35 kilómetros marcado por el río Qadisha, río sagrado para los arameos y santo para los cristianos. El Qadisha discurre por debajo del monte al-Makmal. Este monte alberga un bosque de cedros testigos de una época en la que este legendario árbol dominaba el país. El valle alberga, además, multitud de cuevas donde los primeros cristianos encontraron un lugar ideal para meditar y para refugiarse. Es tal la tranquilidad y retiro que se respira, que santos sufíes compartieron lugar en su momento. Con el tiempo, las cuevas dejaron paso a los monasterios de piedra, que se encuentran entre los más antiguos del mundo cristiano. Pertenecen principalmente a los maronitas, una rama del cristianismo adherida al catolicismo, pero con sus propias normas. En el siglo XVII, el valle atrajo a intelectuales y artistas por su visión piadosa de la vida.

Monasterio de Mar Lichaa, asentado sobre la pared del Valle Santo

Monasterio de Mar Lichaa, asentado sobre la pared del Valle Santo

Más de mil cuevas horadan el Valle Santo en distintos puntos. Algunas como la de Aassi fueron utilizadas mucho tiempo antes de los cristianos, en el Paleolítico. Fue en el primer milenio cuando progresivamente los cristianos llegaron al valle. Cultivaban en terrazas y meditaban en cuevas. Comunidades de antioquenos, melquitas, nestorianos, armenios y etíopes se hicieron un hueco en el Valle Santo. Por encima de ellos gobernaron los maronitas, que hoy suponen el 22% de la población libanesa. Llegaron en el siglo VII perseguidos por otras comunidades cristianas y los primeros musulmanes. En el siglo X se intensificó su presencia tras ser expulsados del monasterio de Maron. Lo hacen principalmente en el monasterio de Qannubin, que se convierte en el centro de valle. El origen de este monasterio no está claro por falta de trabajo arqueológico, pero lo relevante es que el patriarcado maronita se estableció aquí definitivamente en el siglo XV. Antes, Qannubin había resistido ataques constantes, sobre todo de los mamelucos. Estos musulmanes intentaron en vano conquistar el Valle Santo para avanzar hacia Trípoli, donde les esperaban los Cruzados.

Existen multitud de iglesias y monasterios en el Valle Santo. Algunos son auténticos complejos monásticos de grandes proporciones. Varios de ellos utilizan la pared del valle como acomodo, como el propio monasterio de Qannubin o el de Mar Lichaa del siglo XIV. Al otro lado del río está el de Qozhaya, que según los documentos pudo ser construido en torno al año 1000. Ha sido históricamente uno de los más ricos y poblados. En él se instaló la primera plancha de impresión de Oriente Medio, en 1584. El de Mar Sarkis está en un alto y domina una gran vista sobre el valle, además de tener una iglesia del siglo VIII. El de Nuestra Señora de Hawqa se construyó cerca de una gran cueva, accesible solo desde una escalera. En tiempos difíciles servía de refugio. En cuestión de cuevas destaca la de Asi-al Hadath, en la que en 1990 se descubrieron ocho momias naturales maronitas. Según los artefactos y otros documentos son del año 1283.

Bosque de los Cedros de Dios nevado

Bosque de los Cedros de Dios nevado

La historia del cedro viene de muy atrás. La madera de este árbol ha sido apreciada por muchas civilizaciones. Fue utilizada en los templos de Jerusalén, aparece en la epopeya de Gilgamesh y es nombrado 103 veces en la Biblia. Para entender la influencia del cedro en el Líbano solo hay que mirar su bandera, donde se encuentra presente. Ya en el siglo VI su deforestación empezó a ser un problema, pero se siguió utilizando incluso en las primeras vías del tren. En 1876, la conciencia sobre su escasez creció y se amuralló una zona en lo alto de Valle Santo para proteger a los retoños del ganado. Actualmente hay 375 ejemplares. Algunos de ellos tienen más de mil años y dos tienen más de 3.000. Los más grandes tienen 35 metros de altura y 14 de ancho.

El Valle Santo se encuentra entre las ciudades de Bcharri y Tourza, siendo la primera la más preparada para el turismo. Para llegar a ella hay que ir a Trípoli. Desde aquí, una carretera serpenteante nos lleva a la parte superior del valle. Hay muchas rutas de trekking por la base del valle en las que se visitan monasterios. La señalización no es la mejor y es conveniente llevar guía. También es posible visitar el bosque de los cedros, que está a 1.900 metros de altitud. Eso sí, por su elevado nivel de protección lo de hacerlo con guía aquí es obligatorio. El Valle Santo es bonito en cualquier momento del año, pero en invierno suele nevar y los paisajes son inigualables. El único pero es el exceso de construcciones que ha habido en las últimas décadas, aunque afortunadamente la situación parece estar más controlada.

Foto: Arian ZwegersBlingBling10

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