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Antigua ciudad de Polonnaruwa

Antigua ciudad de Polonnaruwa

Centro Norte (Sri Lanka)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 29 09, 2016
  • Categoría:

Lluvia aprovechada


El embalsamiento de agua para actividades humanas ha ocupado a ingenieros, constructores y dirigentes de todas las épocas. Uno de ellos, Parakramabahu I, lo resumió declarando que “ni siquiera una pequeña gota de lluvia debe fluir hacia el océano sin que sirva de utilidad al hombre”. Es por eso que transformó su capital cingalesa de Polonnaruwa y la dotó de reservas de agua suficientes para alimentar sobradamente a su población. El impulso económico de este rey sirvió para engalanar de edificios su ciudad, que fue capital de Sri Lanka durante más de 200 años. No fue mucho tiempo, pero el suficiente para que hoy podamos disfrutar de algunas de las ruinas más relevantes del país. Esto incluye el vatadage mejor conservado en Sri Lanka. Estos vatadages eran estructuras propias del país, formadas por dos círculos concéntricos para proteger una pequeña estupa. En el caso de Polonnaruwa, esa pequeña estupa conservó una reliquia de Buda: un diente.

Vatadage de Polonnaruwa, con su estatua de Buda

Vatadage de Polonnaruwa, con su estatua de Buda

Parece que Polonnaruwa creció junto a un asentamiento del siglo IV a.C. llamado Vijithagama. Era solo una residencia real temporal cuando la invasión chola cambió su rol. Este pueblo del sur de la India inició una expansión hacia el este durante el siglo X. Entonces, la capital de Sri Lanka estaba en Anuradhapura. Cuando cambió a manos de los chola en el 993, Polonnaruwa ascendió a capital. Tiempo después, los chola conquistaron también la nueva capital. Desde el sur, el rey Vijayabahu I de la región de Ruhuna se planteó retomar la isla echando a los invasores. Aseguró su reino y marchó hacia Polonnaruwa en 1066. La conquistó temporalmente, pero la llegada de refuerzos de los chola le obligó a replegar. Cuatro años después, las guerras internas de los chola le dieron la oportunidad perfecta para retomar el intento. Aprendiendo de los errores del pasado atacó por tres flancos para evitar la llegada de refuerzos. Vijayabahu I se convirtió en el primer rey cingalés en unificar toda la isla. Junto con la conquista devolvió al budismo su preponderancia en Sri Lanka.

Está claro que el papel de este rey fue clave, pero la ciudad le debe más aún a Parakramabahu I, cuyo reinado se inicia en 1153. Este es el periodo de oro de Polonnaruwa. Eran tiempos de paz y se aprovechó para reunificar a todos los efectos la isla, comerciar con países lejanos como China e incluso permitirse ayudar en el sur de la India a sus amigos pandya contra los odiados chola. Los sistemas de irrigación y conservación de agua fueron deslumbrantes. Lo que es mejor: permitían conseguir varias cosechas de arroz al año. La mejor representación de los avances hidrológicos se encuentra en el enorme lago artificial de Parakrama Samudra. Servía simultáneamente de reserva de agua y protección de la ciudad, pues se sitúa justo al suroeste, cerrando la ciudad por este flanco. Su sucesor, Nissankamalla I, extendió el periodo dorado de Polonnaruwa, pero la dinastía empezó a entretenerse en disputas internas y a lo largo del siglo XIII empezaron a sufrir invasiones, otra vez del sur de la India. Así hasta 1284, cuando la dinastía Aryacakravarti invadió el país y movió la capital a Dambadeniya, poniendo fin a la etapa gloriosa de Polonnaruwa.

Dos de las estatuas esculpidas de Gal Vihara

Dos de las estatuas esculpidas de Gal Vihara

Bajo el mandato de Parakramabahu I se rediseñó la ciudad entera. Se protegió bajo una triple muralla que escondía una auténtica ciudad-jardín llena de templos y palacios. Como capital, recibió la reliquia del diente de Buda, que había llegado a Sri Lanka desde el sur de la India. Antes  estuvo en Anuradhapura, la anterior capital. El vadatage ya no tiene este uso, pues el diente está en Kandy, pero conserva fantásticos relieves. Aunque los mejores son los de Gal Vihara, con cuatro estatuas talladas en la propia roca. Lankatilaka es un altísimo templo que conserva una enorme estatua de Buda de trece metros de alto. Si queremos frescos con siglos de antigüedad tendremos que desplazarnos hasta Tivanka Pilimage, con pinturas que cuentan la vida de Buda. Todas estas obras son de época de Parakramabahu, mientras que de su sucesor se puede destacar la estupa Rankhot Vihara.

Polonnaruwa está a unos 200 kilómetros de la capital Colombo. El mejor medio para llegar es el transporte privado. Las ruinas son también visitadas habitualmente en los circuitos por la isla. Kaduruwela y New Town son las ciudades que le dan servicio. Desde ellas se puede ir en tuk-tuk. Dentro del recinto también se puede utilizar tuk-tuk para cubrir las grandes distancias que hay, pero es más recomendable hacerlo en bicicleta. Se pueden alquilar en el museo arqueológico, a la entrada. Hay que tener cuidado porque el recinto está lleno de macacos sínica, que llevan aquí tanto tiempo como las ruinas. Después de la visita se puede dar un paseo por el lago Parakrama Samudra, muy animado por la tarde. La temporada de lluvias se ha extendido en los últimos años, pero llueve menos de febrero a septiembre.

Foto: Terry FeuerbornAmila Tennakoon

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