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Centro histórico de Córdoba

Centro histórico de Córdoba

Andalucía (España)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 21 05, 2016
  • Categoría:

Recuerdos romanos y musulmanes


A orillas del río Guadalquivir y a los pies de Sierra Morena se encuentra una de las ciudades españolas con más historia en su haber. Dos momentos gloriosos contemplaron la ciudad de Córdoba: su época romana y la musulmana. En esos dos periodos de tiempo, la ciudad se convirtió en el centro político, económico y sobre todo cultural de su región. Cuando el resto de la península se distribuía en pequeñas urbes que intentaban organizarse y sobrevivir, la ciudad musulmana de Córdoba contaba con 450.000 habitantes que disfrutaban de escuelas, bibliotecas y universidad. Aquí nacieron filósofos como el musulmán Averroes y el judío Maimónides entre unas murallas que ya siglos antes habían visto nacer al romano Séneca. De todas estas etapas de esplendor queda hoy en Córdoba un nutrido patrimonio: es el segundo casco histórico más grande de Europa y el recinto urbano más grande protegido por la UNESCO. Por encima de todo este conjunto artístico se erige su mezquita, que en su momento solo tuvo por encima a la de La Meca.

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Interior de la mezquita de Córdoba

Marco Claudio Marcelo, militar romano, fundó la ciudad en el 169 a.C. sobre un asentamiento de origen tartesio enriquecido por los cartagineses. Aquí se retiró tras conquistar Lusitania, el actual Portugal, y vio cómo su ciudad crecía. Ya en el siglo I a.C., Córdoba se convierte en capital de la provincia romana y hay un fuerte desarrollo urbanístico que incluye el mayor anfiteatro de Hispania. Cuenta ya por entonces con 250.000 habitantes. En el siglo III abraza el cristianismo gracias entre otros a Osio, su obispo, un consejero en Roma de Constantino I. Con el declive romano llega su primera época de contracción mientras visigodos y bizantinos se la disputan. Entonces, en el 716, fue invadida por los musulmanes. Primero como capital de provincia dependiente de Damasco y luego, con Abderramán I, como emirato independiente y califato, la estrella de Córdoba vuelve a lucir.

Lo hizo hasta aproximadamente el año 1000, pues tras la muerte de Almanzor la gloria de la ciudad volvería a reducirse. En estos dos siglos, Córdoba fue una ciudad que disputó con ciudades como Damasco ser la cabeza del mundo musulmán. Es la época de la construcción de la mezquita y de la ciudad de Medina Azahara. Pasado el declive, mantuvo su importancia regional con los almohades, a pesar de que la capital se trasladó a Sevilla. En 1235, los cristianos tuvieron una oportunidad para conquistar las torres de la ciudad y abrieron las murallas a un contingente que se hizo con la ciudad. Luego tuvieron que soportar un asedio que fue liberado con el apoyo de Fernando III. Arranca así la etapa cristiana y lo hace con fuerza: catorce iglesias para catorce barrios y la muy oportuna consagración de la mezquita. El Alcázar de los Reyes Católicos se convierte en el edificio más relevante de esta época. Unos siglos después, los cristianos diseñaron desde aquí la toma de Granada. Sin embargo, el fatídico siglo XVII para España afectó especialmente a Córdoba, que vio reducida su población a 20.000 habitantes e inoculó un carácter ligeramente fatalista que identifica hoy a los cordobeses.

Puente romano de Córdoba

Puente romano de Córdoba

Sobra decir que la Catedral de la Asunción de Nuestra Señora es el edificio más importante de la ciudad. Se entiende mejor si hablamos de su nombre no oficial: la mezquita de Córdoba. Edificio más representativo de los omeyas, se construyó desde el 786 sobre las ruinas de una basílica que a su vez ocupó el lugar de un templo romano. Se accede por la puerta del Perdón al patio de los naranjos. Ya en el interior, destacan las 1.300 columnas de mármol, jaspe y granito y el profusamente decorado mihrab, que no apunta a La Meca. En el medio está la construcción plateresca del año 1523. Del resto del centro destacan el puente romano del siglo I, en su día único punto de paso del Guadalquivir, y la judería, un atractivo barrio de callejuelas repleto de pequeños monumentos como una sinagoga. Las mismas calles de este barrio, como la de las flores o el pañuelo, son un monumento.

Córdoba tiene aún hoy unas 100.000 personas menos que en su cénit musulmán. Está bien conectada por tierra gracias al tren de alta velocidad que te deja en Sevilla o Madrid en poco tiempo. Su gastronomía es de la más apreciable de Andalucía, con el salmorejo o la ensalada naranja picada destacando. Ir en verano es muy desaconsejable por las altas temperaturas. Sin duda alguna, mayo es el mes ideal: temperaturas suaves y multitud de fiestas como las cruces, la feria y sobre todo patios, que es Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. En ella, multitud de patios vecinales se engalanan con todo tipo de flores.

Foto: Olga / Jorge Garcia

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