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Centro histórico de Viena

Centro histórico de Viena

Viena (Austria)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 24 01, 2016
  • Categoría:

Melodía barroca


Mozart, Beethoven, Haydn, Schubert, Brahms, Mahler, Strauss son solo algunos de los responsables de que Viena esté considerada la ciudad de la música. Todos ellos nacieron y/o trabajaron en la capital de la actual Austria. Antes lo fue también del ducado de Viena, Sacro Imperio Romano Germánico o Imperio Astrohúngaro. Esta ciudad llena de historia está en la mente de todos por la música y las artes, pero ha sido y es mucho más. Viena es actualmente una moderna urbe de más de dos millones de habitantes centrada en la ciencia. Año tras año aparece como una de las mejores ciudades del mundo para vivir. Situada a la orilla del Danubio por más de 2.000 años, su historia reciente también está marcada por la II Guerra Mundial y la Guerra Fría.

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Un detalle en Hofburg, principal monumento de Viena

Existen evidencias de asentamientos celtas desde el siglo V a.C., pero la ciudad vivió un impulso en el siglo I a.C. con los romanos. Ellos la llamaron Vindobona y construyeron la primera muralla de la ciudad. Viena comenzó su crecimiento político en el siglo X cuando Leopoldo I de Babenberg fue nombrado conde de la marca este, origen del ducado de Viena. Fue su capital desde el 1145. Entonces, Viena tiró abajo sus murallas y construyó una fortificación de mayor perímetro para alojar más población y mejorar sus defensas. Estas fueron clave en los asedios de los otomanos de los años 1529 con Suleimán el Magnífico y 1683. Viena se convirtió en la frontera de facto del cristianismo, en el punto donde los otomanos no pudieron continuar su expansión. Por entonces era ya la capital del Sacro Imperio Romano Germánico. En este periodo fue cuando los Habsburgo establecieron su sede en Viena y la ciudad vivió sus mejores momentos en artes y ciencias, pues fue sede de la primera universidad alemana en el 1365.

Tras las guerras napoleónicas, Francisco II rechazó prolongar el Sacro Imperio Romano Germánico y se limitó al austriaco. Poco después, Viena vivió una nueva edad de oro que tras crisis económicas derivó en el modernismo pujante de comienzos del siglo XX. Esta etapa tuvo sus claroscuros: Viena fue atacada por las tropas aliadas durante once días hasta su rendición en la II Guerra Mundial y vio como mucha parte del centro quedaba destruida. Posteriormente, vivió diez años con la ciudad dividida. Se convirtió así en protagonista de una Guerra Fría que amenazó con replicar la situación de Berlín. Afortunadamente, la independencia del país unificó los cuatro sectores en los que Viena se había dividido. Desde entonces, el progreso urbano de la ciudad ha sido y sigue siendo ejemplar.

Un fragmento de la Ringstrasse, que rodea el centro de Viena

Un fragmento de la Ringstrasse, que rodea el centro de Viena

Arquitectónicamente, se distinguen claramente tres periodos. El primero es la ciudad medieval, de la que todavía quedan trazas en el centro histórico. De esta época datan el Schottenkloster, primer monasterio de la ciudad; la principal iglesia gótica de la ciudad, Maria am Gestade; o la catedral de San Esteban, construida entre los siglos XIV y XV. El segundo periodo es el más reconocible para el turista: Viena es una de las ciudades más representativas del barroco. Muchos palacios e iglesias tuvieron en esta época remodelaciones barrocas y se diseñaron muchos jardines y palacios como el de Schönbrunn y el de Belvedere. El corto pero brillante periodo económico del Gründerzeit a mediados del siglo XIX marca la última etapa arquitectónica. Además del ayuntamiento, esta etapa tiene como mejor ejemplo la creación de la Ringstrasse, una avenida que rodea completamente a la ciudad y que fue levantada para sustituir a las murallas medievales. El Palacio Imperial de Hofburg es, además del monumento más importante de Viena, el resumen perfecto de estas tres etapas: tiene un poco de cada una de ellas.

Viena recibe unos cinco millones de turistas al año, muchos de ellos con circuitos que incluyen Budapest y Praga. Para moverse por la ciudad, lo ideal es caminar por el centro o utilizar el transporte público, muy eficiente. Además de las visitas preceptivas, ser la ciudad de la música hace que los conciertos sean innumerables. Si se tiene suerte y dinero se puede asistir a uno en el Burgtheater. El vals es también originario de aquí y una atracción; para verlo, lo mejor es acudir en enero y febrero, en plena temporada. Gastronómicamente, Viena es conocida por el Wiener Schnitzel, escalope de ternera, y por sus numerosos postres como el Apfelstrudel. También los cafés tienen una larga historia desde que las tropas otomanas se dejaron un montón de sacos de café en su segundo asedio. Por último, es obligado nombrar el Prater, el parque más famoso de la ciudad. Abierto al público en 1766, contiene la famosa noria Riesenrad, operativa desde hace más de un siglo. Es uno de los iconos más conocidos de la ciudad gracias a películas como El tercer hombre.

Foto: Bill Barber / Robert Baloi

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