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Centro histórico de San Petersburgo y conjuntos monumentales anejos

Centro histórico de San Petersburgo y conjuntos monumentales anejos

Leningrado (Rusia)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 24 03, 2017
  • Categoría:

La modernidad rusa


Quizás lo más sorprendente de la monumentalidad de San Petersburgo es que apenas cuente con 300 años. Esta ciudad, a orillas del río Neva, en la porción de tierra entre el lago Ladoga y el mar Báltico, fue el proyecto personal del zar Pyotr Alexeyevich, más conocido como Pedro el Grande. Arrebató la capital del país a Moscú para traerla a esta ciudad de canales e islas. En ellas se fusionan con facilidad estilos tan contrapuestos como el barroco petrino o el neoclasicismo. San Petersburgo significó la modernidad de Rusia. Fue construida al comienzo de la Ilustración y su diseño intentó seguir sus preceptos. Esto ha dejado su poso en la ciudad, en la que otros europeos se sentirán más en casa que en la bizantina Moscú. Además, San Petersburgo ha vivido la historia reciente de Rusia con inusitada intensidad. Sus cambios de nombre, Petrogrado y Leningrado, nos hablan de ello. Se le llama la ciudad de las tres revoluciones porque la ciudad fue el centro del cambio que derivó en el comunismo que gobernó Rusia casi todo el siglo XX.

Vista del Palacio de Invierno, sede del Hermitage

Hasta el siglo XVII, esta zona era el territorio sueco de Ingria. A comienzos de ese siglo, los suecos construyeron el fuerte de Nyenskans ante el empuje ruso. A finales, los rusos fueron capaces de fijar su frontera justo hasta aquí: San Petersburgo fue la forma de asentar el poder tras su fundación en 1703. Por su sensible posición, lo primero fue levantar una fortaleza en la isla Záyachi: San Pedro y San Pablo. Fue el punto de partida para que los rusos pudieran controlar mejor su comercio con Europa a través del Báltico. El estilo de esta primera época es el barroco petrino, materializado por el italiano Domenico Trezzini en la catedral o los Doce Colegios, destinados a los órganos gubernamentales. San Petersburgo levantó ampollas entre los nobles de Moscú, pero desde 1732 se convertiría de forma estable en la capital rusa. Sobre 1760, la ciudad viró hacia el neoclasicismo y su urbanismo evolucionó. Las orillas de los canales se forraron de granito y a mediados del siglo XIX se abrió el primer puente, el de Blagoveshchensky. Hoy hay 400.

A estas alturas, el clima político estaba cambiando. El zar Alejandro II acabó con la servidumbre en 1861, lo que tuvo diversas consecuencias. La principal para San Petersburgo fue que se llenó de antiguos campesinos que atiborraron los arrabales y las fábricas de la ciudad. Esta concentración de gente fue el caldo de cultivo para las sucesivas revoluciones. La primera en 1881 acabó con la muerte del propio Alejandro II. Luego vinieron las de 1905 y finalmente la bolchevique de 1917 dirigida por Vladimir Lenin. Durante la I Guerra Mundial, la capital se trasladó a Moscú y ya no volvería más. Esto hizo que la nueva arquitectura comunista afectara en menor medida a San Petersburgo, que preservó su centro histórico. La periferia, eso sí, vio nuevos proyectos de corte funcionalista en las soluciones habitacionales conocidas como kommunalkas. Otro título de la ciudad es el de heroica, pues soportó en la II Guerra Mundial un asedio alemán de 872 días: uno de los más largos y mortales. Desde el fin del comunismo en 1991, lo que está resultando heroico es que el centro se libre de los numerosos proyectos urbanísticos que lo amenazan.

Vista del fuerte de San Pedro y San Pablo, germen de San Petersburgo

El diseño del francés Alexandre Le Blond en San Petersburgo está basado en multitud de islas naturales o artificiales, formadas en el delta del Neva, atravesadas por canales formando una rejilla. San Petersburgo está además rodeada de otras ciudades como Kronstadt, puerto comercial, y multitud de fuertes y palacios. En total hablamos de unos 4.000 monumentos. La Fortaleza de San Pedro y San Pablo, con la catedral, puede ser el punto de partida idóneo. Cruzando el puente levadizo del palacio llegaremos a la inmensa plaza del palacio. Aquí están el enorme museo del Hermitage, el Palacio de invierno, sede de los zares, o el de Mármol, representante del neoclasicismo. A espaldas de este conjunto está el Almirantazgo, un edificio del que parten tres avenidas importantes, incluida la occidentalizada avenida Nevski.

Cinco millones de personas hacen de San Petersburgo la segunda ciudad más grande de Rusia. Su visita requiere planificación y tiempo por la cantidad de monumentos. No obstante, mucha gente pasa solo un día llegando en cruceros por el Báltico. Otros lo hacen en barco también, pero desde Moscú. Solo el Hermitage nos puede llevar un día entero, pues hablamos de uno de los museos más importantes del mundo. Si somos afines al comunismo podremos seguir algún tour específico de la figura de Lenin. Una actividad casi obligatoria es acudir a algún ballet. Los más pudientes lo harán al teatro Mariinsky, donde figuras como Nureyev dieron sus primeras clases magistrales. Es imprescindible ir a San Petersburgo en verano, cuando el clima es agradable y hay mucha luz. Como las lluvias son habituales en pleno verano, el mes ideal es junio, aunque la ciudad por ello estará llena.

Fotos: NinaraAlexxx Malev

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