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Estación ballenera vasca de Bahía Roja

Estación ballenera vasca de Bahía Roja

Terranova y Labrador (Canadá)

Persiguiendo cetáceos


El vasco ha sido siempre un pueblo nutrido de marineros arduos y aventureros. En la primera circunnavegación de la Tierra, por ejemplo, casi un cuarto del pasaje era vasco, encabezado por Juan Sebastián Elcano. Su fama procede de mucho antes, cuando se especializaron en pescar bacalao y ballenas, dos de sus especialidades. Se refleja en la cultura de muchas localidades costeras. Las lucrativas ballenas, en concreto, les hicieron viajar por medio mundo en su búsqueda. Muy lejos, en la costa noreste de Canadá, en la península de Labrador, los vascos se instalaron en una zona conocida hoy como Bahía Roja. Esta bahía, puerto natural de granito rojo, fue refugio de galeones y marineros. Aunque hoy es una pequeña villa de pescadores, en en siglo XVI se llegaron a juntar más de mil personas y diez galeones en la temporada ballenera. Bahía Roja fue el centro ballenero vasco fuera de la costa cantábrica por excelencia.

Antiguo barco vasco en Bahía Roja, frente a la isla Saddle

Hay una factura del siglo VII que nos habla de la venta de aceite de ballena en Bayona, aunque no queda claro que no dejara de ser una ballena varada, porque hasta el siglo XI no hay constancia clara de la caza de ballenas. Arrancó en el País Vasco francés y se fue extendiendo por el lado español y el resto de la costa cantábrica. La parte vasca en España, de hecho, dominó de lejos el negocio desde el siglo XIII. La metodología era simple: se avistaban ballenas desde la costa y cuando se veía una se lanzaban en traineras al mar para cazarlas a base de arponazos. Una vez en la costa, lo principal era su grasa, transformada en aceite para iluminación. Incluso en las mejores épocas, raro era pasar de cinco ballenas por temporada y pueblo. A pesar de las pocas capturas, a mediados del siglo XVI las ballenas escaseaban. La razón era que las presas elegidas eran las parejas madre-cría, lo que perjudicó seriamente la supervivencia de las especies.

Buscando nuevos caladeros, los vascos siguieron una pista bretona que hablaba de ballenas al otro lado del océano: en Terranova. Viajaron hasta el estrecho de Belle Isle, que separa esta isla de Labrador, y recuperaron la industria. Se centraron inicialmente en el bacalao y la carne de ballena, pero a mediados del siglo XVI construyeron plantas para procesar la grasa y así facilitar el transporte de aceite en barriles y venderlos en media Europa. Tan lucrativo negocio empezó a suponer decenas de galeones en la temporada migratoria, en verano. La táctica de caza era parecida, para lo cual se contaba con chalupas que esperaban en localidades como Bahía Roja. No todo era idílico: los marineros sufrían la piratería, ataques de inuits, naufragios y, los que se quedaban, duros inviernos. A finales de siglo, los galeones vascos fueron llamados para ser parte de la Armada Invencible y los franceses ocuparon su espacio, pero por poco tiempo más. Las ballenas empezaban ya a escasear y desde el comienzo del siglo XVII apenas hubo gente en Bahía Roja. Los balleneros fueron desplazándose poco a poco hacia el sur.

Vista de Bahía Roja, antiguo centro ballenero

Los marineros vascos levantaron varios asentamientos a lo largo de la costa de Labrador. De ellos, Bahía Roja, conocida entonces como Gran Baya, fue el principal. Entre la costa continental y la pequeña isla de Saddle Rocks levantaron 16 plantas de procesado de grasa de ballena. Funcionaron durante setenta años con bastante rendimiento, llegando en los años mejores a 9.000 barriles de aceite. En la zona de Bahía Roja hay vestigios de hornos, tonelerías, casas de marineros y embarcaderos, además de un pequeño cementerio de 140 tumbas en Saddle Rocks. Esto a la vista, porque hundidos se han descubierto e investigado tres pecios de galeones vascos desde 1978. Se han dejado hundidos para su preservación. Lo que sí se rescataron fueron algunas chalupas.

Bahía Roja o Red Bay es hoy una pequeña villa de apenas un par de cientos de personas. Para llegar aquí hay que tomar un ferry de Terranova a la localidad de Blanc Sablon, una hora al sur. Este ferry no funciona en invierno y en todo caso el viaje es aconsejable en verano. En Bahía Roja, lo más interesante es el centro interpretativo que cuenta la historia de los balleneros y conserva bastantes artefactos de la época. Además se pueden hacer rutas de trekking por los alrededores o tomar un barco para avistar ballenas. Al otro lado del estrecho, en Terranova, está el interesante sitio de L’Anse aux Meadows, los vestigios vikingos que hay en Canadá.

Fotos: ZorionAxel Drainville

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