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Grutas de Ajanta

Grutas de Ajanta

Maharashtra (India)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 17 02, 2016
  • Categoría:

Esculpidas, pintadas y olvidadas


En 1819, un oficial británico bajo la presidencia de Madrás llamado John Smith estaba de caza en el estado de Maharashtra. Persiguiendo a un esquivo tigre, escaló una zona de vegetación espesa y entró en una cueva. Allí se dio de bruces con un grupo de gente que rezaba alrededor de una tenue luz. Smith empezó a mirar a su alrededor y se dio cuenta de que toda la cueva estaba esculpida en la roca volcánica. Había descubierto las cuevas de Ajanta, una de las muestras del arte troglodita indio más relevantes. William Erskine dirigió el primer estudio en 1822 y ya desde el comienzo llamaron la atención los frescos de las cuevas, que han sido datados como los más antiguos de la India. Hoy, los frescos de Ajanta atraen la atención tanto por su importancia como por su conservación: estos dos siglos de redescubrimiento los han dañado y las distintas reproducciones de los mismos han vivido todo tipo de desgracias. Por eso es vital su cuidado, porque son testigos de una época fundamental en esta zona central de la India.

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Mural pintado en una de las grutas de Ajanta

Las cuevas de Ajanta están emparentadas con las de Ellora, pero dos cosas las diferencian fundamentalmente. Ajanta está dedicada íntegramente al budismo y, aunque su segunda fase casi coincide con Ellora, la primera se remonta varios siglos en el tiempo. Hay discrepancias al respecto, pero podemos fijar el siglo I o II a.C. y la dinastía Satavahana como comienzo de Ajanta, lo que se nota sobre todo en el estilo arquitectónico. No se sabe la razón por la cual un grupo de monjes budistas eligieron una curva en forma de U del río Waghora, en los montes Sahyadri, para hacer cuevas. El caso es que montaron todo un complejo de templos budistas, donde los monjes convivían y aprendían las enseñanzas. Tampoco se sabe la razón por la cual las cuevas de Ajanta fueron abandonadas, pero probablemente fuera por el ascenso del hinduismo en la zona.

Llegamos al siglo V y los Vakataka, contemporáneos de los Gupta del norte, son los que gobiernan la zona. El rey Harishena, gran mecenas del arte budista, fue el responsable de recuperar las cuevas de Ajanta. Junto a otros gobernadores locales arrancó las nuevas obras, que se prolongaron durante un tiempo. Cuánto tiempo depende de la fuente. Tradicionalmente se había pensado que las cuevas fueron esculpidas otros dos siglos, pero el historiador Walter M. Spink, especializado en Ajanta, está convencido de que tras veinte intensos años de apertura de nuevas cuevas y remodelación de las antiguas, Ajanta palideció tras desaparecer Harishena del mapa. Su herencia implicó luchas por el poder que dejaron a Ajanta en un abandono progresivo. La jungla reclamó para sí el sitio y solo los locales guardaron memoria del mismo. Así, hasta que John Smith las redescubrió para el resto de la India y para Occidente.

Templo esculpido sobre la roca en Ajanta

Templo esculpido sobre la roca en Ajanta

Cada época tiene su estilo. El más antiguo se considera budismo hinayana y elude la presencia figurada de Buda, que se representa con estupas. Estas no desaparecen con la segunda etapa, considerada mahayana, pero se añaden Budas tallados en la piedra. Esta piedra es aquí en Ajanta de basalto tipo trap, lo que implica distintas capas y obliga a la improvisación a los escultores. La planificación del trabajo se puede comprender con la cueva 24, solo comenzada: los escultores arrancaban por el techo y de ahí expandían la cueva hacia abajo y hacia los lados. Además de cuevas más funcionales que estéticas, en Ajanta hay templos vihara, que se asemejan a un claustro cristiano, y chaityas, más alargados con una estupa al fondo. Los trabajos de la segunda etapa son más finos, así como los frescos, que son la joya de Ajanta. La disposición de estos es bastante original, con una gran escena desplegándose y motivos tanto religiosos como palaciegos.

A Ajanta llegan sobre todo indios: unos 350.000 al año. El turismo ha dañado aún más los frescos y está en estudio limitar las visitas en las cuevas más sensibles. A 60 kilómetros al norte de Ajanta se sitúa la ciudad de Jalgaon, con aeropuerto. Sin embargo, lo más habitual es llegar aquí desde la turística ciudad de época mogol Aurangabad, cien kilómetros al sur. Con suficiente planificación se puede visitar junto con las de Ellora en un intenso único día. Las espectaculares cuevas de Ellora están a solo treinta kilómetros de Aurangabad y son más visitadas por los extranjeros, que se suelen conformar con estas. Se recomienda calzado cómodo, porque a los templos hay que entrar descalzo, y abundante agua. En esta región el calor puede ser asfixiante. De octubre a febrero el clima es simplemente tolerable.

Foto: Kunal Mukherjee / Pablo Pecora

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