Menú de navegación
Puente del Gard

Puente del Gard

Languedoc-Rosellón (Francia)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 27 04, 2017
  • Categoría:

Agua calculada


Las ciudades romanas supusieron un antes y un después en el urbanismo. Los romanos no solo tuvieron grandes ciudades, sino que las humanizaron con modernos elementos como un avanzadísimo tratamiento de aguas. Llenar baños públicos y desaguar miles de viviendas lo requerían. Las canalizaciones bajo tierra fueron fundamentales para ello. Estas eran suficientes casi siempre, pero cuando una canalización larga se encontraba con determinados accidentes geográficos, se necesitaba algo más. En el acueducto de cincuenta kilómetros entre Uzès y Nîmes, ese accidente fue el valle del río Gardon. Aquí se levanta el que probablemente sea el más prototípico de los acueductos romanos, el puente del Gard. Solo igualado por el acueducto de Segovia en España, el puente del Gard es anterior y más alto, alcanzando casi cincuenta metros. Afortunadamente, su uso como mero puente durante siglos le salvó de la destrucción por el paso del tiempo.

Vista del Puente del Gard reflejado en el río

La ciudad de Nîmes, Nemausus para los romanos, era problemática en cuanto al agua. Al sur y al este, planicies más bajas que la ciudad. Al oeste, una cordillera llena de irregularidades. Los romanos miraron hacia el norte y designaron la ciudad de Uzès como la idónea para nutrir de agua a Nîmes. Allí está la Fontaine d’Eure, a solo veinte kilómetros de Nîmes en línea recta. Sin embargo, las montañas de las Garrigues de Nîmes exigieron un rodeo que elevó a cincuenta kilómetros el trazado. Un ingeniero de Nîmes diseñó el recorrido y vio la necesidad de solventar pasos complicados como el río Gardon. La visita en el año 19 a.C. de Marco Vipsanio Agripa, yerno de Augusto y responsable de aguas de Roma, fue un impulso para el proyecto. El puente de Gard, no obstante, se inició sobre el año 40. Las obras llevaron unos quince años y dieron trabajo a unas mil personas. Anterior al de Segovia, la técnica constructiva implicó el uso de excesivos arcos en la parte superior, lo que elevó la factura final.

27 horas tardaba el agua en llegar a Nîmes, donde el agua se distribuía a los distintos barrios. Durante años, el puente fue mantenido perfectamente por los romanos, que tenían que lidiar con los depósitos de carbonato de calcio y la vegetación. A partir del siglo IV, las invasiones bárbaras afectaron este mantenimiento y el agua empezó a fluir peor. Se calcula que entre el siglo VI y el IX el flujo cesó. Sin embargo, el puente del Gard empezó a funcionar como puente de paso fronterizo. Esto permitió su conservación durante siglos a pesar de que alguna que otra piedra se utilizó para otras construcciones y el paso de artillerías pesadas no le vino bien. A mediados del siglo XVIII, Henri Pitot levantó un puente paralelo que finiquitó la función del puente del Gard. Lo que podría haber sido una buena noticia, en realidad fue el inicio de la falta total de conservación. Las frecuentes crecidas del Gardon hicieron temer por su verticalidad. En 1850, Napoleón III, un amante de los tiempos romanos, tomó las riendas de su conservación, que se ha prolongado hasta hoy.

Detalle del acueducto del puente del Gard

Así, hoy podemos decir que junto al de Segovia es el acueducto romano mejor conservado. El de Gard alcanza 48,8 metros. Podían haber sido seis más, pero los ingenieros romanos procuraron aumentar la pendiente previa para ahorrarse unos metros. Esto implicó que de Gard a Nîmes el gradiente tuviera que ser mínimo. La precisión romana se resume en que en los cincuenta kilómetros de acueducto solo se descienden 17 metros. En el caso concreto del puente, en sus 275 metros solo hay 2,5 centímetros de descenso. Un flujo continuo de 200.000 metros cúbicos de agua atravesaba diariamente el puente. Este tiene una triple arcada, siendo cada nivel más grueso al superior, de nueve metros a solo tres. En total quedan 52 de estos arcos a la vista. El material utilizado fue caliza de una cantera cercana sin mortero y el resultado es algo tosco. El interior del canal, sin embargo, se suavizó con distintos materiales para facilitar el flujo.

Una asociación de constructores francesa, la Compagnons du Tour de France, lleva siglos haciendo viajes temáticos por Francia para aprender de las obras del pasado. Es decir, que el turismo en el puente del Gard es de los más antiguos que existen en Francia y hasta reyes como Luis XIV se unieron a este tour para visitarlo. Hoy, millón y medio de visitantes llegan aquí cada año. El puente está cerca de la localidad de Remoulins. Desde aquí podemos estirar el viaje en coche y aparcar a diez minutos andando del puente o dar un paseo directamente desde Remoulins. Afortunadamente, desde hace unos años ya no se pueden circular por el puente del siglo XVIII y toda la zona se ha peatonalizado. Es habitual ver a gente bañándose en las frías aguas del Gardon y también se puede descender en kayak pasando por debajo del bimilenario acueducto.

Fotos: GordonHans Veneman

Deja un comentario