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Sitio de Palmira

Sitio de Palmira

Homs (Siria)

  • Autor: info@viajealpatrimonio.com
  • Fecha de publicación: 10 03, 2017
  • Categoría:

Oasis de discordias


La frontera del este del Imperio Romano fue una de las más difíciles de gestionar. No en vano, Oriente Medio ha sido siempre cuna de grandes pueblos e imperios. Entre ellos está Palmira, que se comportó como un exigente aliado de los romanos. Esta ciudad de origen semita se mantuvo siempre fiel a sus raíces, marcadas por la dureza del desierto sirio, sobre el que se asienta en un oasis envidiable. Palmira nació mucho antes del Imperio Romano y creció gracias a una Ruta de la Seda secundaria que se puede decir que inventaron ellos. Los romanos dejaron su marca como tantos pueblos: la verdadera grandeza de la espectacular ciudad de Palmira es la combinación de su corazón semita alimentado con multitud de influencias. Helenísticos, partos, persas y con el paso de los siglos islamistas hicieron de Palmira una ciudad en capas difícil de igualar. Toda esta grandeza se resumió durante un corto espacio de tiempo en la mítica figura de la reina Zenobia, que visionó a Palmira como la capital de un imperio.

Vista panorámica de Palmira

El oasis supuso en primer lugar agricultura y ganadería ya en tiempos neolíticos. Hablamos de una Palmira temprana, cuyas primeras referencias proceden en torno al segundo milenio a.C., cuando se llamó Tadmor. Su posición le hizo crecer como paso hacia el Mediterráneo de pueblos del este como los asirios, pero su despegue arranca en periodo helenístico. Tras la muerte de Alejandro Magno, Palmira pasó a manos del imperio persa seleúcida, que la encumbró. Aquí comienza el culto intenso al dios semita de Baalshamin, que se materializa en el templo de Bel, corazón de la ciudad hasta que recientemente fue destruido. En el año 64 a.C. Roma se anexiona todo el imperio y la situación de Palmira empieza a virar: siempre con cierta independencia, a veces se acerca a Roma y a veces se aleja. Palmira fue para los romanos el lugar desde el que se gestionó la relación imperial con Partia. En el proceso, Palmira se hizo grande, vio crecer grandes obras y el comercio despuntó definitivamente cuando en el siglo II, tras la caída de los nabateos, todas las vías que pasaban por Petra se trasladaron aquí.
Palmira disfrutaba de posiciones comerciales por medio mundo, pero su rol tuvo que cambiar cuando las relaciones con Partia se complicaron. Más romanizada que nunca, Palmira fue un bastión defensivo. A los partos les sucedieron los sasánidas de Persia y Palmira resistió gracias a Odaenathus. Al morir éste, su mujer Zenobia cambió los planes y aspiró a una Palmira extensa e independiente. Intentó gestionar su relación con Roma, pero estos no aceptaron la ambición de Zenobia y la aplacaron. Tras un conato de insumisión, los romanos se cansaron y arrasaron la ciudad. La gran Palmira había quedado reducida a una simple villa llena de escombros. La historia desde aquí se difumina entre bizantinos, la invasión musulmana del 634 y muchísimos cambios de manos. En 1400, la ciudad estaba en manos del clan Al-Fadl cuando el turco-mongol Tamerlán le dio otro buen repaso. El templo de Bel, fortificado, fue casi lo único que permaneció habitado en un tiempo junto al fuerte Fakhr-al-Din al-Maani, que los musulmanes construyeron en una colina. La ciudad había vuelto a su modesto pasado agrícola cuando los occidentales se interesaron por su pasado. En 1902, Otto Puchstein hizo las primeras investigaciones. Bajo dominio francés se convenció a los habitantes de Palmira para mudarse y así intensificar el ritmo de estas.

Tumbas Torre de la ciudad de Palmira

El patrimonio de Palmira era y es deslumbrante. El eje lo forma la zona donde estaba el templo de Bel, cuya transformación en mezquita no le valió el perdón del Estado Islámico, con la larga avenida de columnas, un diseño muy romano. De esta parten calles perpendiculares y en ella están edificios como los baños, un teatro, el ágora, un templo semita, una iglesia bizantina de 1.500 años de antigüedad y barrios de viviendas. La calle acaba en el campo militar de Diocleciano y el templo semita de Al-lat. Hay cuatro necrópolis en distintos estilos alrededor de Palmira. Destaca una subterránea que incluye el hipogeo de los tres hermanos y el valle de las tumbas. En este se yerguían torres como la de Elahbel, víctima también del Estado Islámico. En su interior hay una serie de relieves con retratos de frente cuyo estilo se aleja del romano y es un claro predecesor del bizantino.
Palmira fue siempre la principal razón de viajar a Siria, pues además es muy accesible en un viaje de ida y vuelta desde Damasco. Hoy la historia es diferente y la ciudad es territorio de guerra. Ha cambiado de manos varias veces entre el gobierno sirio y el Estado Islámico. Antes de ser capturada por éstos en 2015 se pudieron salvar buena parte de sus tesoros, aunque muchos han acabado en redes de tráfico de antigüedades. En todo este último dramático capítulo en la historia de Palmira, la irreparable pérdida del Templo de Bel en agosto de 2015 ha sido sin duda la peor de las noticias. Quizás no sea la última: el tiempo dirá.

Fotos: James Gordonsyeefa jay

Esta entrada fue previamente publicada en colaboración con la web QueAprendemosHoy.

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