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Ciudad histórica de Banská Štiavnica y monumentos técnicos de sus alrededores

Ciudad histórica de Banská Štiavnica y monumentos técnicos de sus alrededores

Banská Bystrica (Eslovaquia)

Ingenieros de minas


Hacer de la necesidad virtud es un dicho que se ajusta perfectamente a lo ocurrido en el siglo XVIII en la zona minera Banská Štiavnica, entonces en manos de los Habsburgo. En ese siglo, las minas de las montañas Štiavnica llevaban siglos trabajándose y se estaban agotando. Al menos bajo técnicas tradicionales, porque se sabía que daban más de sí. Hablamos de plata y oro, por lo que la empresa merecía la pena. Era el siglo de la Ilustración y los locales lo tuvieron claro: una escuela atraería el mejor talento para así desarrollar la ingeniería de minas, que fundamentalmente nació aquí. En 1735, Sámuel Mikoviny arrancó la escuela y los frutos no tardaron. Junto a József Károly Hell y Maximilian Hell, Mikoviny ideó un sistema hidráulico para recuperar la actividad en las minas. El entusiasmo de los Habsburgo fue tal que la propia emperatriz María Teresa le dio a la academia carácter de enseñanza universitaria en 1762, sirviendo de inspiración a la Politécnica de París. La academia fue tan relevante que incluso cuando se acabó la minería mantuvo viva a Banská Štiavnica, cuyo centro urbano recuerda la mejor época de una ciudad entregada a sus minas.

Tajch de Horný rybník cerca de Banská Štiavnica

El origen de las montañas Štiavnica, una sección de los Cárpatos, se encuentra en un antiguo volcán que colapsó dejando un enorme cráter. Marcó la riqueza de metales de la zona, explotada desde la Edad de Bronce tardía. El primer asentamiento minero fue fundado por los celtas, atraídos por la plata. Los romanos hablaron en sus textos de estos pueblos mineros de Eslovaquia central. Los eslavos construyeron una fortificación en el siglo X y en el XII Banská Štiavnica era conocida por sus minas. Fueron reforzados poco después por mineros germanos que impulsaron la producción hasta convertirse en el referente en oro y plata del Reino de Hungría. Los otomanos pusieron su ojo en la ciudad, que se reforzó especialmente en el siglo XVI. Es la época en la que se forma el centro histórico con los elementos tardogóticos y renacentistas que conocemos hoy, castillos incluidos. En el siglo XVII, las vetas empezaron a agotarse, aunque se estiraron gracias al entonces innovador uso de la dinamita.

Por entonces, Banská Štiavnica era conocida en media Europa, pero su carácter didáctico la puso a nivel científico en el centro de la Ilustración. Mikoviny, Hell y Hell dieron un golpe de timón al recuperar las minas, anegadas de agua. Construyeron para ello un sistema de sesenta reservas de agua, denominadas tajchy, y cien kilómetros de canales y túneles. Además de liberar las minas usaron la potencia del agua para generar energía e impulsar la industria local. La academia recibió fondos y construyó uno de los laboratorios químicos más avanzados. Recibió personalidades como el químico francés Antoine Lavoisier, que alabó las instalaciones. En el siglo XIX, la ingeniería minera fue complementada con otras disciplinas como las ciencias forestales. Más o menos por entonces, las minas cesaron su actividad definitivamente por falta de rentabilidad. Banská Štiavnica declinó, pero su academia la mantuvo con vida hasta que se mudó a Sopron, en Hungría, tras la creación de Checoslovaquia en 1919.

Centro histórico de Banská Štiavnica

Estamos en una zona montañosa no muy elevada, de unos mil metros como máximo, en la que sobreviven 24 tajchy y se acumulan minas en desuso conformando un paisaje protegido. Banská Štiavnica es un pueblo de unos 10.000 habitantes asentado en una zona de desniveles. Protegida en el pasado por murallas y dos castillos, hoy solo sobrevive la puerta Piarg y elementos de ambos castillos como una torre vigía. El centro está en la plaza de la Trinidad, donde se alza una columna de la victoria en el estilo de Olomouc. Aquí destaca el ayuntamiento, que se fue ampliando y reformando con los siglos hasta el actual barroco. Tiene adosada una capilla y son de importancia la entrada y el reloj. Entre las iglesias destaca la de Santa Catalina, de gótico tardío y rico interior. En ella se hacían enterrar los burgueses más ricos, cuyas mansiones podemos descubrir en las calles del pueblo.

Banská Štiavnica está a 180 kilómetros de Bratislava y se puede llegar en autobús, tren o transporte privado, que nos dará más libertad. Está en una zona ideal para un viaje de unos dos días y así poder completar con alguna actividad al aire libre. Los tajchy de Rozgrund, Počúvadlo y Veľká Richňava son los más grandes y en ellos es posible navegar. Es obligatorio acercarse al museo al aire libre de la minería, cerca del pueblo, que tiene visitas guiadas. Se puede complementar con la exposición del edificio Kammerhof, ya en la ciudad. Los dos castillos son visitables y el nuevo ofrece buenas vistas. Mejores aún tendremos desde la colina del Calvario, plagada de capillas.

Fotos: Natalia Pindrochova / Marekkacir

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