Romanticismo del norte
Muchas dinastías europeas nacieron en la Edad Media después de procesos históricos anteriores. Los movimientos de tribus germánicas en el siglo V liberaron tierras alrededor del río Elba que ocuparon eslavos polabios con distintas tribus como los obroditas. Batallaron con el Sacro Imperio hasta que fueron paulatinamente asimilados cultural y religiosamente sobre el siglo XII. El hijo de un caudillo obrodita fundó entonces la dinastía Mecklemburgo, una de las más longevas en Europa. Elevados al rango de duques y grandes duques, los Mecklemburgo tuvieron en Schwerin su referencia, capital salvo un breve lapso. Cuando recuperó este rol en el siglo XIX se reformó integralmente su conjunto palaciego. Se tomó como referencia al duque Juan Alberto I, cuyo gobierno en el siglo XVI era simbólico para Mecklemburgo. Da nombre al estilo predominante de Schwerin, estilo que es parte de la corriente historicista alemana de ese romántico siglo.
Schwerin es una pequeña capital de estado con cerca de un milenio de historia fundada a orillas del lago homónimo. Sobre una isla había un asentamiento obrodita que fue arrasado por los sajones, razón que llevó a levantar un primer castillo, tras el cual la ciudad se fue expandiendo. Al crearse el ducado de Mecklemburgo, Schwerin fue elegida como capital y siguió creciendo, especialmente con Juan Alberto, además de transformar el castillo en palacio. La única etapa de declive ocurrió en el siglo XVIII, cuando la capital se trasladó a Ludwigslust. Fue solo un paréntesis convertido en oportunidad para la transformación. Esta afectó tanto al tejido urbano como especialmente al palacio, que bajo Federico Fernando II y la dirección del arquitecto Georg Adolf Demmler vivió una profunda remodelación desde 1843. Todo el vasto programa de reconstrucción duró hasta comienzos del siglo XX.
La geografía ha sido clave en Schwerin desde la fundación de la ciudad. El lago homónimo, uno de los más extensos del norte de Alemania, ofrecía protección natural y aquí se levantó el castillo. Esta estampa hizo la mitad del trabajo en las reformas estéticas románticas. Un añadido del XIX está en el extremo norte de la ciudad: el estanque ornamental de Pfaffenteich. Desde este tenemos una vista privilegiada de la catedral gótica y sus esbeltas agujas del mismo siglo, a cuyos pies se encuentra la plaza del mercado, centro urbano. Caminando al sur pasamos por el teatro y el viejo jardín cruzando el puente a la isla en la que se alza el palacio, situado entre los lagos Burg y Schwerin. Otro puente nos lleva a los jardines nuevos, en los que destacan los jardines franceses de Kreuzkanal, adornados con varias estatuas barrocas. En el siglo XIX, el paisajista Theodor Klett aumentó la ambición expandiéndolos de forma pronunciada con un estilo más naturalista.
La joya de Schwerin es el palacio historicista que gobierna su propia isla bajo un diseño pentagonal. Demmler dirigió tanto la demolición del antiguo fuerte medieval como las obras. La excepción fue la iglesia del palacio, pues Federico Fernando llamó a Zwirner, famoso por rematar la catedral de Colonia. Aunque el palacio conserva algunas estructuras previas, sus estilos dominantes son el neorrenacentista francés y el estilo local propio denominado Johann Albrecht. Se caracteriza por una reinterpretación del Renacimiento italiano usando en la fachada ladrillos claros, frontones semicirculares, ventanas en arco de medio punto y una rica decoración con medallones, estatuas y relieves cen terracota natural. Al aspecto romántico contribuyen las cinco esbeltas torres puntiagudas en el perímetro y sobre todo la torre de cúpula dorada que domina el perfil del castillo desde todo el lago. En el interior destacan la sala del trono y la de las flores. No obstante, buena parte del interior es una interpretación del estilo romántico, pues el palacio sufrió un grave incendio justo antes de la I Guerra Mundial, cuando la casa Mecklemburgo se disolvió.
Schwerin es una tranquila ciudad de provinciana entre Hamburgo y Rostock, a la cual ganó la capitalidad de la región. Se pasea en una mañana incluyendo una visita al museo y el recomendable ascenso a la torre de la catedral, desde la que tendremos una vista privilegiada del palacio. Este tiene ingreso de pago si queremos visitar sus principales salas y quizás conocer al protector Petermännchen, un pequeño ser legendario de tiempos precristianos que mora entre las salas. Podemos acabar la visita dando un paseo por los jardines a los pies del castillo, incluyendo la orangerie y la encantadora isla del amor. Cruzando el puente, desde Kreuzkanal tendremos una nueva vista imperdible del palacio. Fuera del invierno es también posible hacer un recorrido en barco por el lago, especialmente popular en verano. Es la mejor época para venir por el clima frío de la región y para aprovechar el festival de verano del palacio. El plato más típico de Mecklemburgo es el asado de costillas de cerdo relleno de frutas locales.
Fotos: WorldKnowledge0815 / Ввласенко



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