Vida a oscuras
Las cuevas conforman uno de los ecosistemas más fascinantes del planeta. Entre su fauna distinguimos dos grandes grupos: aquellos que utilizan las cuevas de forma funcional y los de tiempo completo. Los primeros, los troglófilos, incluyen a los famosos murciélagos y muchos insectos que las usan regularmente, pero no siempre. En el segundo grupo están los auténticos especialistas. Son los troglobios y estigobios, dependiendo de si son terrestres o acuáticos. Han evolucionado hasta tal punto que no pueden dejar sus cuevas, pues su metabolismo no puede soportar cosas tan mundanas como los cambios de temperatura. La principal consecuencia es que troglobios y estigobios presentan unos porcentajes de endemismo excepcionales. Es más, con el tiempo todas se vuelven endémicas de sus sistemas de cuevas. Uno de los más ricos es el karst de lo Alpes dináricos, que genera formaciones en toda la cara occidental balcánica. Entre ellas se encuentra Vjetrenica, que pasa por ser una de las cuevas más biodiversas del planeta.
El principal elemento de este paisaje es el polje de Popovo. Un polje es un valle cerrado con suelo de caliza proclive a la formación de cuevas, sobre todo si fluye en ellos un río como el Trebišnjica. Es su cuenca más relevante, aunque no siempre lo podamos ver. Como en otros paisajes similares, el Trebišnjica emerge o se hunde bajo tierra dependiendo de la sección. Esta foto no es fija, sino que es excepcionalmente dinámica en términos geológicos. Lo mismo ocurre con las cuevas. El Trebišnjica no atraviesa Vjetrenica, pero sí forma parte de su particular cuenca. Pese a ello estamos, con más de siete kilómetros, ante la cueva más larga tanto del polje como de toda Bosnia. Vjetrenica tiene otros cursos de agua y lagos de hasta 180 metros en varias de las cuatro partes en que está dividida. Tenemos el nivel principal, más amplio, sobre el que yace otro superior dividido en cinco partes y otro inferior unos veinte metros por debajo. Los conecta el nivel vertical que conecta con la superficie.
Las particularidades geológicas de Vjetrenica hacen de su biodiversidad algo excepcional. Su estabilidad, antigüedad y sobre todo el dinamismo biológico que le aporta la conexión con el Trebišnjica han multiplicado las especies hasta sumar casi cien especies entre troglobios y estigobios a los que se unen otras 135 especies troglófilas. Más de la mitad son endémicas del polje, algunas incluso de la propia cueva. Otro fenómeno que suma a esta biodiversidad es el fenómeno de la radiación adaptativa local, esto es, especies que se han adaptado a microambientes hasta suponer una nueva, como le ocurre al género de crustáceos Niphargus, con nueve especies ligeramente diferentes. Además, en Vjetrenica hay especies consideradas fósiles vivientes, pues proceden de antiguas especies cuyos demás parientes han desaparecido. El más grande de los troglobios de Vjetrenica es el Proteus anguinus, un habitual de las cuevas dináricas. Se trata de un anfibio ciego y pálido con un metabolismo extraordinariamente ahorrador que le hace tener una larga vida sin ver el sol.
También es cierto que Vjetrenica tiene tantas especies documentadas porque es una de las cuevas más investigadas del planeta desde hace mucho. Dicen que desde la época romana, aunque las referencias de Plinio en su Historia Naturalis son más generales y no aluden inequívocamente a Vjetrenica, cuyo nombre, que se puede traducir como pequeño viento, es posterior. Seguramente de la época medieval, cuando el viento fresco que emana la entrada de la cueva alimentaba leyendas locales. La Sociedad Yugoslava de Espeleología fue la primera en investigar y cartografiar el interior de la cueva hace aproximadamente un siglo. Con las décadas se añadieron a las mediciones los tramos subacuáticos y se inició el extenso catálogo de biodiversidad de Vjetrenica. Además de la cantidad, fue relevante el descubrimiento del primer hábitat higropétrico conocido, formado por una fina lámina de agua sobre la roca que es suficiente para formar el hogar de algunas especies.
Aunque no tiene grandes amenazas, el turismo puede convertirse en uno, pues Vjetrenica está ganando fama entre los visitantes de una región al alza. La cueva puede ser una parada ideal, por ejemplo, si vamos en ruta de Mostar a Dubrovnik o al revés, pues se encuentra a poco más de una hora de ambas. Desde cualquiera de las dos podemos hacer la visita en excursión de un día. La cueva está perfectamente habilitada para su visita, pero siempre en grupos guiados que parten de la entrada cada hora. Es más o menos lo que dura el recorrido en el que se recorre medio kilómetro de galerías en cada sentido visitando Sala de los Lagos, Galería de los Murciélagos y Pasaje del Viento. No es muy complejo, pero como muchas otras cuevas no es accesible y hay que llevar algo de abrigo. Conviene reservar, especialmente en los meses de verano.
Fotos: Gergely Balázs / Bdx



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