Mirar hacia adelante
Uno de los conceptos más debatido de África es ubuntu, de origen bantú. Alude a la condición del hermanamiento y conexión con los otros como base de nuestra humanidad, poniendo el acento en lo común por encima de lo individual. Grosso modo, porque las comparativas con ideologías occidentales son peligrosamente complicadas. Aplicado a la justicia, ubuntu es poner por delante la reconciliación a una justicia punitiva. Ubuntu fue la filosofía subyacente en el proceso que siguió al acabar el apartheid sudafricano a finales del siglo pasado. No sin oposición, el nuevo presidente Nelson Mandela y el arzobispo Desmond Tutu promovieron un proceso que implicaba el reconocimiento por los promotores del apartheid del daño causado y la reparación de las víctimas. Era el punto y aparte de uno de los procesos históricos más influyentes del siglo XX, aunque enraizado en el esclavismo. En sitios clave se crearon espacios de memoria para no olvidar una liberación que fue esencialmente dolorosa durante décadas.
El infame reparto de África del siglo XIX inició una era que ahondaba en los daños causados por el esclavismo. Con la excusa de civilizar sociedades consideradas inferiores, los europeos esquilmaron el continente y se instalaron marcando distancia con los pueblos indígenas. Tras la II Guerra Mundial se inició un proceso de independencia que en Sudáfrica ya estaba en marcha. Igual que otros territorios como Canadá o Irlanda, los primeros pasos se dieron mucho antes y tomaron forma bajo el Estatuto de Westminster de 1931. La formación de la Unión Sudafricana en 1910 fue también el contexto de la formación del Congreso Nacional Africano o ANC, cuya primera conferencia tiene lugar dos años después en Waaihoek. Faltaban seis años para el nacimiento de su figura más prominente, Nelson Mandela, cuya infancia estuvo influida por el regente Jongintaba Dalindyebo, que impartía justicia en Mqhekezweni bajo la atenta mirada de quien rebautizó como Madiba. Años después, Mandela fue alumno de la universidad Fort Hare, una de las más implicadas en el desarrollo de las ideas de liberación negra.
La Unión Sudafricana no terminaba de funcionar como otros territorios de la futura Commonwealth. Características particulares como la composición racial y el tipo de economía impulsan al gobierno al apartheid, que no deja de ser la legalización de una realidad. El ANC toma posiciones firmando la Carta de Libertad en la plaza Walter Sisulu, donde se reclama una igualdad legal de forma pacífica. Sin embargo, sus líderes, Mandela incluido, son apresados por subversivos. Aunque absueltos, por el camino ocurre la masacre de Sharpeville. Durante una protesta pacífica, la policía dispara y mata a 69 manifestantes desarmados. El ANC empieza a tomar conciencia de que necesita una rama armada y se instala en Liliesleaf, una granja propiedad de un blanco que apoya la resistencia. A estas alturas, Sudáfrica es expulsada de la Commonwealth por sus políticas y el país se convierte en una república. La puntilla llega con la captura de los líderes del ANC en Liliesleaf. El ANC queda descabezado, pero el espíritu permanece. Aflora en protestas como en la que tiene lugar años después en las calles de Orlando West en Soweto.
En 1989, Frederik de Klerk toma el mando del país y empieza un giro político forzado por las presiones externas y la crisis interna. Libera a Mandela y desde los Union Buildings de Pretoria declara el fin del apartheid. En 1994 se celebran las primeras elecciones democráticas con el voto negro y Mandela, que vota en el simbólico instituto de Ohlange, gana las elecciones. El proceso de reconciliación que prosigue está representado por la renombrada Constitution Hill. Sede del juicio al ANC y prisión, se convierte en 2004 en sede de las cortes constitucionales y el centro de protección de los derechos humanos. Fue un año después del fin la Comisión de la Verdad y Reconciliación, cuyo legado es innegable, pues evitó un conflicto civil, pero que también ha tenido sus críticas por la impunidad e insuficiente reparación del daño. Años después, la brecha económica, entre otras, sigue siendo enorme.
Todos los sitios relacionados con la formación del ANC, su represión y la posterior reconciliación son lugares de visita que sirven para comprender la historia sudafricana del siglo XX. La mayor parte de los más visitados están en torno a la capital, Johannesburgo, que tiene en su área metropolitana ciudades como Soweto, Pretoria y Sharpeville. En la propia capital está Constitution Hill, posiblemente el sitio más simbólico y preparado gracias a su didáctico museo, los edificios modernos de las cortes y monumentos como la Llama de la Democracia. Al norte, en Pretoria están los Union Buildings, aunque aquí la visita se limita más a los jardines. Al oeste, en Soweto se encuentran Orlando West, la simbólica Casa de Mandela y la plaza Walter Sisulu, donde diez pilares recuerdan los diez artículos fundamentales de la Carta de Libertad.
Fotos: peragro / Edward Matenga



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