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Eje central de Beijing: un conjunto de edificios que representa el Orden ideal de la capital china

Eje central de Beijing: un conjunto de edificios que representa el Orden ideal de la capital china

Pekín (China)

  • Author: info@viajealpatrimonio.com
  • Date Posted: 11 09, 2025
  • Category:

Línea monumental


Con más de dos milenios, el urbanismo chino es uno de las más antiguos. Procedente seguramente de textos perdidos en el tiempo, durante la era Han se compuso el llamado Kaogongji, descripción pormenorizada de cómo construir una ciudad nueva. Describía, por ejemplo, el número de puertas y calles ideales, distintas alineaciones de edificios e incluso dimensiones de murallas y torres. Aunque a ojos occidentales pueda parecer muy funcional, en el texto se mezclaban también consideraciones cosmológicas y numerológicas que lo relacionan con el feng shui, concebido más para la armonía interior. El Kaogongji siguió presente siglos y llegó a manos de la dinastía mongola Yuan, que lo utilizó para levantar su capital de invierno Dadu en el siglo XIII. No lo hicieron desde cero, sino sobre una antigua ciudad china que los Ming volvieron a rebautizar: Pekín. Estos dejaron Dadu ligeramente al norte y modificaron el eje central de la capital china basado en el Kaogongji.

Pekín desde la colina de Jingshan

Pekín tiene una historia de 3.000 años, pero en rigor se trata de varias historias. La zona donde se asienta la capital china fue elegida para levantar Jicheng, capital del estado Ji, en esa época. Seguramente tuvo que ver su geografía, con dos ríos casi paralelos que dejan buen espacio urbanizable. Tuvo distintos nombres y estatus según las dinastías, pero partió casi de cero tras ser arrasada por Gengis Kan en el año 1215. Su nieto Kublai fue el responsable del renacimiento definitivo bajo el nombre de Dadu, que estableció las bases del eje central de Pekín. En Dadu tenemos los principales preceptos del Kaogongji: un mercado detrás de la corte, un templo y un altar a ambos lados, una almendra con nueve cuadrantes y tres puertas de acceso en cada lado del damero. De casi cuatro kilómetros de longitud, el eje de la dinastía Yuan atravesaba puertas, palacios y dos puentes: Wanning y el desaparecido Zhouqiao. 

Una vez que los Ming expulsaron a los Yuan, Pekín se mantuvo en un segundo plano hasta la llegada de Yongle a comienzos del siglo XV. Entonces, la capital era Nankín, pero el nuevo emperador reformó y amplió el eje de Pekín. El cuadrante original se desplazó dejando Dadu al norte, donde levantó las torres del Tambor y la Campana. Nacen los conceptos de ciudad interior y exterior, siendo la primera la famosa Ciudad Prohibida. Fuera de estas se diseñaron nuevos templos como el del Cielo y el Altar de la Agricultura. En 1420, los edificios estaban terminados y Yongle hizo efectivo el cambio de capital, que pasó a tener casi ocho kilómetros de eje central. Las décadas siguientes vieron una mejora de las defensas y la construcción de nuevas torres, pero el diseño básico se mantuvo hasta el siglo XX. Entonces se acometieron algunas reformas entre las que destacó la apertura de la inmensa plaza de Tiananmen.

Plaza de Tiananmen de Pekín

Además de funcional y simbólico, el eje central de Pekín es monumental. Quince son los elementos principales entre los que destacan la Ciudad Prohibida y el parque público del Templo del Cielo. Tenemos también el jardín real asociado a la Ciudad Prohibida sobre la colina Jingshan, puertas como Duanmen o Zhengyangmen, puentes como Wanning y Jinshui, torres como la de la Campana y  del Tambor, altares y templos rituales de la era imperial. El eje también atraviesa la moderna plaza de Tiananmen, centro de referencia desde hace unas décadas. Se trata de un espacio duro de 765 metros de longitud y 282 de anchura. Integrados en el eje tradicional de Pekín se erigieron monumentos del gusto comunista como el Monumento a los Héroes del Pueblo y el mausoleo de Mao Zedong. La plaza se hizo mundialmente famosa por las protestas de 1989 contra el régimen que tuvieron su foco aquí. El nombre de la plaza viene de otra puerta, la que le separa de la zona de la Ciudad Prohibida. 

Pekín es la puerta de entrada a China y recibe unos cuatro millones de turistas al año. La presión turística está conllevando medidas como cupos y entradas anticipadas, así que es conveniente reservar las visitas. Dado que se usa la ciudad también para acercarse a otros lugares como el Palacio de Verano o la Gran Muralla, es habitual destinar varios días. El centro histórico nos llevará al menos dos. El primero lo podemos dedicar a recorrer la longitud entera del eje central, pues sus ocho kilómetros se pueden realizar a pie. Eso sí, es necesario atravesar la Ciudad Prohibida, que exige entrada. También lo requieren la Torre de la Campana y del Tambor, el parque Jingshan, la puerta Zhengyangmen y el Templo del Cielo. Las mejores épocas para visitar Pekín son primavera y otoño, que disfrutan de sus propios festivales. El Año Nuevo chino tiene también su referencia en Tiananmen con el festival de los faroles.

Fotos: Ermell / McKay Savage

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