Tierra empapada
Cuando aprendemos sobre los distintos tipos de carbón, la lección empieza con la turba, versión con el menor poder calorífico. Su porcentaje de carbono es muy reducido y su uso ha estado generalmente limitado al ámbito doméstico en regiones frías donde no hay mejores opciones. Implicaba la extracción, muchas veces comunitaria, de grandes bloques a escasa profundidad que luego se dejaban secar durante días o semanas. Tiene una larga tradición en el norte de las islas británicas, donde encontramos enormes turberas. Allí se las denomina turberas en manta cuando ocupan no solo depresiones puntuales sino grandes terrenos ondulantes. Su presencia es resultado del contexto geológico y climático, pues requieren mucha lluvia y poca evapotranspiración. Hoy, la turba apenas tiene uso, pero las turberas más extensas están en entredicho por el cambio climático. Incluso la mayor de todas, que conforma el conocido como Flow Country, localizado en la parte norte de Escocia.
El paisaje de los condados de Caithness y Sutherland se parece al de otras zonas escocesas, pero con un relieve más plano pese a las pequeñas formaciones que lo puntean. Como en otras partes, la hidrología juega un papel fundamental formando ríos, lagos y humedales gracias a la alta pluviosidad. Las cuencas fluviales, que descargan al norte y este, son la base de las turberas en manta que ocupan la práctica totalidad de un paisaje originalmente desnudo de árboles. Los que vemos de coníferas son producto de la intervención humana. La turbera en manta penetra hasta ocho metros bajo tierra alternando zonas encharcadas en las que destacan las lagunas negras o dubh lochan, de color oscuro por la alta cantidad de materia orgánica, y mantos de vegetación baja como musgos, brezos y praderas. En todos los casos se trata de vegetación adaptada a los suelos ácidos y saturados de agua que caracterizan el Flow Country.
Esta turbera comenzó a formarse hace unos 9.000 años, al final de la Edad de Hielo. Cuando este se retiró, la zona seguía siendo fría y húmeda como para crear turberas. Clave en ello es la presencia de musgos Sphagnum, de los cuales Flow Country alberga unas treinta especies diferentes. Son imprescindibles para crear la turba y se convierten en el ecosistema de especies adaptadas al bajo oxígeno y acidez. Son las mismas condiciones que provocan la conservación de polen y especies del pasado, siendo así un lugar objetivo para los paleoecologistas que pueden analizar la evolución del lugar en estos nueve milenios. La fauna presente está encabezada por las aves, siendo Flow Country un humedal idóneo. Habituadas a construir sus nidos sobre el suelo, hay tanto especies propias como la agachadiza o el corremolinos como muchas migratorias. También hay una generosa presencia de mamíferos, algunos de gran tamaño como ciervos y corzos y otros especialistas en turberas como las nutrias o los topillos de agua.
Esta zona de Escocia ha sido habitada desde hace milenios, como atestiguan los asentamientos de las Orcadas. En la Edad Moderna, las turberas empezaron a ser utilizadas para el pastoreo de ovejas, pero los desplazamientos forzosos practicados por los británicos con el objetivo de crear grandes latifundios vació el lugar. En el siglo XX, las autoridades británicas volvieron a afectar el lugar al promover la plantación de coníferas para madera. Esto generó la reacción de la comunidad científica, que ya empezaba a entender el rol de las turberas como sumideros de carbono y, por tanto, como prevención ante el cambio climático. Paradójicamente, este proceso es la principal amenaza del lugar. Los cambios climáticos globales es muy probable que afecten la cantidad de agua y temperaturas, poniendo en peligro las turberas de una forma similar al blanqueamiento de los corales tropicales. Si las turberas se secaran, se convertirían en emisores a la atmósfera del carbono que almacenan.
Flow, palabra escocesa para denominar musgo, es una región muy septentrional donde apenas llega el turismo. Por referencia, Inverness es la ciudad con aeropuerto más cercana, a algo más de una hora del lugar, aunque lo ideal es alojarse en algún pueblo de la costa norte, desde los que parten los barcos a las Orcadas. Una red de carreteras y senderos permite que visitemos Flow Country. Fuera de los puntos señalados es conveniente no aventurarse porque las turberas no son lugares ideales para caminar. En los senderos podremos encontrar puntos de avistamiento de aves y miradores. Uno de los lugares más frecuentados es la Reserva Natural Nacional de Forsinard Flows, en el entorno del río Halladale que parte en dos la zona más extensa de turberas. Bien entrada la primavera es el momento ideal para visitar el lugar por la longitud de los días, las menores lluvias y el momento de floración del musgo. En pleno verano el sitio también recibe muchos visitantes, aunque los mosquitos pueden ser una molestia.
Fotos: Andrew Tryon / Richard Lindsay



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