Frontera costosa
En el centro de Roma se erige uno de los monumentos más loados de la Edad Antigua: la columna de Trajano. Inaugurada en el 113, mide cerca de cuarenta metros y está formada por 18 bloques de mármol que forman un cilindro hueco coronado en su día por una estatua del emperador. La columna destaca por el trabajo escultórico que se desarrolla en su exterior en un recorrido helicoidal de unos 200 metros de longitud. Compuesto por centenares de figuras en una especie de cómic antiguo, se narra desde un punto de vista totalmente propagandístico la victoria del emperador sobre los dacios, uno de los pueblos que más complicaciones dio a Roma. Antes y después de la conquista, porque el mantenimiento de la única provincia enteramente al norte del río Danubio fue una preocupación constante. Apenas 170 años después, Roma tuvo que ceder y replegarse al sur del Danubio. Es la mejor prueba de lo compleja que fue la frontera dacia, plagada de fuertes que intentaron proteger los intereses romanos.
Dacia atraía a los romanos por sus recursos minerales, especialmente la plata y el oro que luego explotarían en minas como Rosia Montana. Pero Dacia tenía una estructura política bien establecida y contaba con protecciones naturales como el mismo Danubio y los Cárpatos, entre los que se escondía su capital Sarmizegetusa. Sin embargo, el rey Decébalo soliviantó los ánimos romanos y Trajano, 150.000 soldados mediante, conquistó la región en un hito para el Imperio de comienzos del siglo II. Rápidamente, Roma tendió calzadas, levantó ciudades y explotó las minas dacias. Para poder llevar a cabo su habitual proyecto romanizador atrajo a veteranos y mineros de otras zonas del Imperio y trató de buscar élites dacias que no hubieran participado en los conflictos previos. En el mapa de la Rumanía moderna podemos ver el patrón de ocupación de Roma, que se estableció en una línea paralela a los Cárpatos por el oeste, cubrió la rica meseta de Transilvania y cerró el territorio volviendo al Danubio en otra línea al este que atravesaba las montañas y seguía el curso del río Olt.
Todo este limes de compleja orografía tenía que ser protegido. Aquí no había ríos que limitaran el tránsito ni amplios desiertos, así que la defensa se tuvo que basar en una infinidad de fuertes, torres vigía y campamentos temporales. Las amenazas empezaron a ser cada vez más numerosas y belicosas en el siglo III: godos, carpos y sármatas rodeaban al imperio hostigándolo con incursiones y saqueos. Además, el clima político del Imperio no daba el contexto idóneo para invertir más en la defensa, por lo que la rentabilidad económica de la provincia se debilitó. Aureliano tomó la difícil decisión de retirarse a la otra orilla del Danubio, donde renombró la provincia como Dacia Aureliana con capital en la actual Sofía. Mientras, en territorio rumano los pueblos germánicos ocupaban el espacio. Muchas infraestructuras romanas se perdieron en el tiempo bajo campos de cultivos o entre montañas. Sin embargo, la romanización dejó su huella, como podemos apreciar en el idioma del estado moderno.
Se han identificado más de 250 sitios romanos en el limes dacio: fuertes legionarios y auxiliares, murallas, torres vigía, campamentos y edificios seculares. Casi siempre hablamos de sutiles restos arqueológicos que han salido a la luz de diversas formas. Quizá no justifican una visita de por sí, pero conjuntamente transmiten la relevancia del limes. Muchos, además, nos hablan del dinamismo de un limes que fue variando y adaptándose. Hay distintos puntos para apreciar el legado romano: el puente y castro de Drobeta-Turnu Severin; el antiguo fuerte romano y ciudad civil de Tibiscum; restos romanos en la rica ciudad de Alba Iulia; el enorme castro romano de Potaissa en la moderna Turda; y los restos romanos en la ciudad de Porolissum que incluyen fortificaciones, puerta monumental, templo de Júpiter e incluso un teatro. El sitio más relevante por extensión, variedad y conservación es Ulpia Traiana Sarmizegetusa, capital de la provincia romana con una población estimada de 25.000 habitantes. Además de restos urbanos podemos apreciar hasta un anfiteatro.
Numerosos sitios en esta zona de Rumanía tienen habilitada la visita a los restos romanos. La región de los montes Apuseni o Cárpatos Occidentales es la que tiene mayor disponibilidad de zonas arqueológicas con ciudades como Porolissum, Potaissa, Tibiscum o Alba Iulia. La principal visita es no obstante Ulpia Traiana Sarmizegetusa, fácil excursión de medio día si estamos alojados por la zona de Hunedoara, muy famosa por su castillo y desde la que también podemos llegar en excursión de día a la Sarmizegetusa dacia en los montes Orastia. En el sitio arqueológico romano podemos ver foros, anfiteatro, termas y su recomendable museo romano. No es el único que tenemos en Rumanía, destacando el Museo Nacional de Historia de Rumanía en la capital Bucarest.
Fotos: Raimond Spekking / Danielaiulia



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