Persas antes de Persia
En el colegio aprendimos que los conflictos entre Grecia y Persia se englobaron bajo el título de guerras médicas. Este término no alude a ninguna profesión relacionada con la sanidad, sino a un reino, o como mínimo grupo: los medos. En realidad es un error, porque los persas que batallaron con los griegos fueron los posteriores aqueménidas, pero el nombre permaneció en el imaginario popular. Posiblemente la confusión tiene que ver con la relación entre los medos y los aqueménidas, ambos radicados en la misma región y con lazos culturales, de forma similar a la relación entre etruscos y romanos. Igual que de los primeros, de los medos no contamos con fuentes escritas originales y su estudio ha sido harto complejo, generalmente basado en fuentes secundarias, esto es, lo que de ellos decían otros. Porque la arqueología tampoco ha podido hallar apenas sitios medos con información valiosa. Una de las excepciones es Hegmataneh, el sitio arqueológico de la que supuestamente fue su capital Ecbatana. Esta ciudad fue además capital de verano de las sucesivas dinastías persas y luego destruida totalmente hasta renacer como la moderna Hamadan.
Como los persas, los medos fueron un grupo de origen iranio surgido en el noroeste montañoso del estado moderno. Sabemos muy poco de sus orígenes, pero empiezan a aparecer en distintas fuentes como grupo consolidado sobre el siglo VIII a.C. Con vecinos tan poderosos como los neoasirios, su punto de inflexión llega de la mano del rey Ciáxares, que aliado con los neobabilonios se sacudió el dominio neoasirio ganando su independencia. Fue a finales del siglo VII a.C. y abrió una nueva etapa expansiva para Media, aunque tampoco podemos acotar con exactitud su extensión. Unas décadas después, el aqueménida Ciro, vasallo de los medos, lideró su propia revolución iniciando un cambio de mando cuya historia posterior conocemos mejor. Los medos pudieron quedar oscurecidos en la historia, pero su influencia cultural, política, militar e incluso religiosa en los aqueménidas es muy profunda. En muchos sentidos podemos situar el inicio de la hegemonía persa con ellos.
Igual que Media, los orígenes de Ecbatana no son fáciles de trazar, pero probablemente fuera relevante antes de los propios medos atendiendo a su estratégica localización. Fue elegida como capital meda en el siglo VII a.C., lo que parece que inició una prolífica etapa constructiva de una ciudad amurallada y palaciega. Bajo los aqueménidas siguió siendo poderosa y con los seléucidas vivió una crucial batalla frente a los partos, con los cuales tuvo una etapa comercialmente óptima antes de declinar con los sasánidas. Todas estas dinastías persas premusulmanas fueron el anticipo de una doble destrucción a manos de los mongoles y timúridas. El arqueólogo francés Charles Fossey investigó la moderna Hamadan en 1913 y las campañas han sido numerosas, pero complejas por las construcciones modernas e infructuosas en la búsqueda del legado medo. Se han diferenciado tres colinas arqueológicas de las cuales solo la de Hegmataneh se puede datar parcialmente en la era previa a los aqueménidas.
Adyacente al centro histórico de la actual Hamadan, Hegmataneh es una colina con restos datados hasta el siglo VII a.C., al menos aparentemente. Además de lo perteneciente a este grupo, las innovaciones urbanísticas introducidas por los partos son también de gran relevancia. Esta dinastía implementó en Ecbatana un diseño modular regular basado en la planificación urbanística y la interacción entre los distintos grupos de población. Aunque podemos encontrar restos de medos y aqueménidas, lo más apreciable de la colina de Hegmataneh es parto. También hay en la ciudad restos posteriores y un acervo patrimonial de la era musulmana en el que destacan el bazar histórico, la mezquita del Viernes, construida encima de un templo zoroastriano previo, tumbas, mausoleos y restos de otras religiones como la cristiana y la judía. El centro histórico vivió un rediseño moderno radial en el siglo XX basado en anchos bulevares que cambió la fisionomía urbana. Es el último giro de una histórica ciudad que gracias a su localización lleva siendo relevante más de 2.700 años.
Hamadan está lejos de las cifras de turismo de otras ciudades iraníes, especialmente si hablamos de llegadas de extranjeros, muy escasas. No obstante es un punto intermedio ideal entre la capital y la zona kurda del Hawraman, algo más frecuentada. Estando a unas cuatro horas de Teherán, una excursión de día es muy exigente, aunque también hay vuelos disponibles. El tell de Hegmataneh nos ofrecerá una visión de un montón de casas de adobe agolpadas, estando las principales piezas de museo entre el del propio sitio y el Nacional de Teherán, donde tienen piezas como un valioso ritón de oro aqueménida. Además de bazar y mezquita merece la pena acercarse a la tumba Ester y Mordejai, las inscripciones de Ganjnameh y al moderno monumento a Avicena.
Fotos: Einollah Khazaei / Carole Raddato



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