Tierras altas para todos
Los homininos que poblaron el planeta no se caracterizaron por sus agudos sentidos o capacidades físicas, aspectos en que eran superados por otras especies. Sin embargo, todos mostraron una extraordinaria capacidad de adaptación hasta confluir en el Homo Sapiens, herederos de un puñado de especies relacionadas como Erectus, Habilis, Heidelbergensis, Ergaster, etc. Muchos fueron capaces de progresar centenares de miles de años en contextos ecológicos muy diferentes entre sí. En cada uno sabían cómo hacer progresar sus poblaciones aprendiendo de las oportunidades y amenazas del entorno. Encontramos homininos en prácticamente todos los puntos del planeta y no podía ser una excepción las tierras altas del valle del río Awash. Esta cuenca, fundamental para entender la evolución de todos los homininos, incluido el Sapiens, tiene en Melka Kunture y Balchit varios yacimientos clave para comprender esta adaptación. Conjuntamente aportan una visión de los homininos y sus contextos ecológicos de los últimos cerca de dos millones de años.
Estamos a unos 2.000 metros de altitud, cerca de Adís Abeba, en una región marcada por el curso alto del río Awash. En esta sección, el paisaje volcánico dominado por el monte Zuqualla marcó la evolución histórica del curso fluvial, que fue cambiando de acuerdo a distintos procesos eruptivos y enterrando restos arqueológicos. Uno de los más relevantes creó una presa natural de lava solidificada que en su parte superior generó una zona de depósitos aluviales en óptimas condiciones de conservación y datación. Esto ha permitido establecer las condiciones en las que distintos homininos vivieron y se adaptaron en las tierras altas, incluida la flora y fauna con la que compartieron espacio, en la que destacan especies de hipopótamos. La presencia de materiales líticos como obsidiana, basalto o porfirita fue una de las claves para atraer a las poblaciones de homininos, que aquí tenían la oportunidad de seleccionar, probar, descartar y elegir las herramientas. Con el tiempo, distintos afluentes del Awash fueron formando quebradas que seccionaban las montañas y dejaban expuestos estos materiales, unas condiciones ideales para paleontólogos y arqueólogos.
La cantidad de lugares con potencial para ser excavados ha generado en apenas cincuenta años unas ochenta capas arqueológicas con decenas de miles de herramientas primitivas, restos humanos y de otras especies y distintas huellas. Temporalmente hablamos de algo menos de dos millones de años, lo que proporciona información de tres homininos: Erectus, Heidelbergensis y el Sapiens del Paleolítico. En términos de industria lítica lo traducimos como industrias olduvayense, achelense y Edad de Piedra. Entre los materiales utilizados, la obsidiana de la gran formación de Balchit fue una de las más solicitadas. A mayor altitud y algo de distancia del resto de sitios, los distintos homininos hasta el Sapiens venían hasta aquí para proveerse de obsidiana que extraían de la formación o los fragmentos partidos de forma natural alrededor del mismo. El resto de sitios se denominan bajo el nombre genérico de Melka Kunture y sus nombres aluden a accidentes geográficos cercanos: Gombore-Garba, Simbiro, Kella, Wofi y Atebella.
Estos sitios se encuadran en las seis fases de erosión y sedimentación marcadas siempre por eventos eruptivos que cambiaban las condiciones en cada zona. La última fase es la que dejó expuestas las zonas que han sido trabajadas. Los primeros sitios fueron descubiertos en 1963 y en esa década arrancan los trabajos sistemáticos en Melka Kunture dirigidos por el francés Jean Chavaillon, siendo relevante la incorporación de un equipo italiano desde 1999. Entre los distintos sitios destaca el de Gombore-Garba, dos sitios que conjuntamente suponen un resumen del impacto de Melka Kunture al recorrer toda la historia arqueológica. Gombore cubre la etapa más antigua y alberga restos de Homo Erectus y Heidelbergensis, destacando herramientas en bifaz de obsidiana y huellas de una familia de homininos. Garba va todavía más allá cubriendo hasta el Paleolítico. Su industria lítica es más avanzada con señales de estandarización de la producción, mayor calidad e incluso uso del fuego para tratar las herramientas de piedra.
El sitio de Gombore-Garba es el único que tiene infraestructuras suficientes para merecer una visita, lo que tampoco quiere decir que estemos ante un sitio turísticamente muy concurrido. En todo caso es un buen plan de mañana si estamos en Adís Abeba, porque podemos llegar en transporte privado en poco más de una hora. Al otro lado del río Awash, en la localidad de Melka Kunture, están los yacimientos y el museo del sitio. Este cubre los aspectos arqueológicos, geológicos y paleontológicos del lugar. Luego podemos pasar a los museos a cielo abierto que consisten en dos zonas ya trabajadas que se han protegido para su visita: en una podemos ver restos reales in situ y en otra reproducciones. Existen visitas guiadas, pero de forma muy limitada, pero además podemos concertar una excursión desde la capital que seguramente se acerque también al sitio de Tiya, unos kilómetros al sur.
Fotos: Richard Mortel / Margherita Mussi



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