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Minas de oro de la isla de Sado

Minas de oro de la isla de Sado

Niigata (Japón)

Isla dorada


Como alternativa a penas más fuertes, el exilio forzoso ha sido una práctica punitiva aplicada a distintas élites. No tenían por qué ser necesariamente delincuentes, valía con ser figuras incómodas al poder establecido tras un cambio de gobierno. Uno de los países donde más se estiló fue Japón. Especialmente en las etapas más convulsas, cuando estaba más políticamente fragmentada, los exilios fueron muy habituales como herramienta para garantizar la paz. Un destino preferente para exiliar políticos y religiosos fue la isla de Sado. A poca distancia de las cuatro islas principales, tenía una comunidad establecida que podía acoger al exiliado, que no era tratado como un preso corriente. Esta costumbre tuvo un fuerte impacto en la cultura de Sado, que recibió decenas de figuras prominentes del Japón feudal. Una vez que el país se pacificó y unió en el periodo Edo, en 1603, esta práctica se redujo, aunque no del todo. En paralelo, Sado creció económicamente gracias a las minas de oro, clave para la supervivencia económica del shogunato.

Túnel minero en Aikawa, en la isla de Sado

A solo treinta kilómetros de Honshu, Sado es una isla con una particular orografía de origen tectónico que además explica la presencia de vetas de oro. Con forma de S, tanto la parte norte como la sur están dominadas por sendas cadenas montañosas que en el norte superan los mil metros de altitud. Entre medias queda la llanura Kakakura, donde se agolpa la mayoría de sus aproximadamente 50.000 habitantes, aunque en franco declive en las últimas décadas. Sado está en el centro de corrientes marinas y disfruta un clima ligeramente más benigno que la cercana costa de Honshu, por lo que ha estado habitada desde hace unos 10.000 años. Aparte de su rol como puerto intermedio en rutas de navegación, hasta el auge de la minería sus actividades fueron básicamente agricultura y pesca. De carácter muy tranquilo, distintos exiliados influyeron en su idiosincrasia, algo que tiene resonancia hoy día en rasgos culturales como el teatro noh, que tiene en Sado un lugar de referencia.

Hay constancia de minería en Sado desde el siglo VIII. La actividad empezó a crecer en el siglo XVI gracias a varios señores feudales daimyo, que costeaban sus guerras y contaban además con nuevas herramientas llegadas de China. Tokugawa Ieyasu tomó las minas para el shogunato y las explotó durante siglos. Pese a la política aislacionista del shogunato, por vía escrita fueron llegando a Sado ligeras innovaciones que fueron mejorando la productividad de las minas, entre las más relevantes del mundo. Principalmente se extraía oro, pero también plata, metal más relacionado con las minas de Ginzan. En Sado se utilizaban distintos métodos dependiendo de si se explotaban depósitos aluviales, rocas superficiales o galerías subterráneas. Para las primeras se perfeccionó el método Onagashi del siglo XVII que utilizaba agua para separar la grava del oro, mientras que la minería pura proporcionaba mena con oro que luego se obtenía con distintos métodos. Al acabar el periodo Edo, las minas continuaron en operación hasta 1989.

Hornos cerca de las minas de Aikawa en Sado

Las minas de Sado se dividen en dos grandes grupos: los depósitos aluviales de Nishimikawa y las minas Aikawa-Tsurushi, separadas por un paso montañoso. Nishimikawa representa el método Onagashi con toda su infraestructura hidráulica asociada: canales de agua, estanques, compuertas y estructuras de piedra para hacer la separación del oro. Aquí la estructura social era más cooperativa y estaba basada en las aldeas Kinzan y Sasagawa, aunque el magistrado del shogunato supervisaba las operaciones a través de intermediarios como Kanzaburo, cuya mansión se conserva. Tsurushi representa una fase temprana de minería antes del impulso final en Aikawa bajo el shogunato. Aquí se encuentran la mayor parte de los 400 kilómetros de túneles mabu, excavados a mano bajo un régimen más duro que implicaba trabajos forzados y un elevado número de accidentes laborales. Todo se controlaba de cerca por el magistrado asentado en su oficina de Aikawa, población costera que creció en torno a la minería y sigue habitada hoy.

Sado se ha convertido en un destino turístico relativamente común dentro de Japón por su ambiente rural y naturaleza, con el toque cultural de las minas. Se llega a través de un ferri en Niigata y es conveniente alquilar coche para movernos por las zonas montañosas Osado y Kosado y hacer el perímetro completo, lleno de bellos acantilados. El legado minero está más explotado en Aikawa, donde se encuentra el centro de visitantes y un museo, aunque también hay otro en el área de Nishimikawa. Es posible visitar el interior de los túneles, donde varios dioramas representan las duras condiciones de los trabajadores. No es preciso reservar la actividad, cuyos tours duran una media hora. Siendo una isla japonesa, el sushi y el sashimi están aquí entre los mejores del país. En invierno el clima puede ser duro y las carreteras estar nevadas, así que es mejor evitarlo.

Fotos: amaknow / Sado City

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