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Misiones jesuíticas de Chiquitos

Misiones jesuíticas de Chiquitos

Santa Cruz (Bolivia)

Misiones prolongadas


Cada dos años tiene lugar en el este boliviano, en zonas poco pobladas de la sabana tropical, un festival internacional de música barroca y renacentista. Puede parecer el último lugar del mundo asociado a esta música, pero tiene su explicación. En las tareas de restauración de las misiones jesuíticas de Chiquitos se desenterraron miles de partituras de música de los siglos XVII y XVIII. Este descubrimiento confirmó las historias que hablaban de indígenas perseguidos para forzarles a trabajar para la industria del caucho que huían a zonas inaccesibles llevándose consigo partituras y libros de oraciones. Con el resurgir indígena en Bolivia, chiquitanos, moxos y otros muchos grupos étnicos están recuperando un legado que, aunque anteceda a los jesuitas, tiene en estos una ineludible referencia. Aunque esencialmente las misiones de Chiquitos nacieron con una idea similar a las guaraníes, aquí se llevó más lejos el concepto de utopía en la jungla tanto en lo arquitectónico como en lo cultural.

Misión chiquitana de Concepción

Ñuflo de Chavés puso el nombre de Chiquitos a una etnia mayoritaria cuyas chozas tenían pequeñas entradas. Hay más de cuarenta grupos étnicos en la región de Llanos de Chiquitos, pero este nombre se les asigna de forma genérica a todos. Como el nombre indica, estamos en una región principalmente plana de clima templado y precipitaciones medias. Como en otras zonas de América, los jesuitas llegaron más tarde, pero triunfaron con una filosofía clara, la de crear comunidades autosuficientes que funcionaran al margen de una colonia que apenas tenía presencia. Tras trabajar unas décadas en ciudades como La Paz, los jesuitas vieron a finales del siglo XVII la oportunidad de establecer sus misiones o reducciones, empezando con San Francisco Javier. Once fueron las fundadas en Llanos de Chiquitos, una zona fronteriza con los portugueses y grupos indígenas beligerantes, circunstancia que complicó la vida en Llanos. Era tan estratégica la región que, cuando los jesuitas fueron expulsados en 1767, España colocó a nuevos sacerdotes que mantuvieron en bastante medida el espíritu social de las misiones.

Pese al declive que vivieron, este interés de la Corona es fundamental para entender el buen estado de conservación de las misiones bolivianas en comparación con Paraguay y Argentina. La otra causa es la completa identificación de los chiquitos con su forma de vida. Como prueba, en las crónicas de mediados del siglo XIX, décadas después de la expulsión jesuita, se cuentan excelencias de la música de las misas chiquitas. Tras una época convulsa, en 1931 se entregaron las misiones a los franciscanos y en los 70 fueron restauradas. Generalmente de unos 3.000 habitantes, las misiones tenían un diseño común con una gran plaza cuadrada con tres lados dando a viviendas, sustituidas en su mayoría por edificios coloniales clásicos, y el cuarto al complejo principal con funciones culturales, comerciales y religiosas. Las iglesias tienen un original estilo barroco-mestizo y materiales locales, principalmente madera y adobe. Como en las viviendas, lo más característico son los tejados proyectados formando anchas cornisas sujetas con columnas. Estos porches protegen la decoración de las iglesias, enlucidas con detalles barrocos.

Misión chiquitana de San José

Las reducciones forman una línea noroeste-sureste de unos 500 kilómetros. Entre las mejor conservadas están San Francisco Javier, Concepción, San Rafael, San José, San Miguel y Santa Ana. Las cuatro primeras datan del siglo XVII, pero sus iglesias fueron reformadas en el XVIII. En varios casos, el autor fue el jesuita suizo Martin Schmid, que marcó el estilo local. Una muy diferente al resto es San José, de arquitecto desconocido. Es la única en piedra y presenta un barroco más tradicional. La de San Miguel es también diferente por su campanario de adobe en lugar del habitual y sencillo de madera. Seguramente el complejo completo misionero más auténtico es el de Santa Ana, el más reciente. En este, San Miguel y San Rafael sobreviven viviendas originales. Entre los principales retablos está el de Concepción, con un cuadro en el que aparecen jesuitas e indígenas.

Llanos de Chiquitos lleva años impulsando el turismo para mejorar la economía local. Este se concentra en torno a San Ignacio de Velasco y Concepción, desde las que podremos ver cinco misiones. La entrada es siempre por la gran ciudad de Santa Cruz, donde podremos contratar algún tour de tres o cuatro días. Menos es complicado por el estado de las carreteras, cosa a tener en cuenta si utilizamos transporte privado o colectivos trufis para acercarnos a las dos localidades. En ellas encontraremos museos como el de Concepción y alojamiento. Este solo escasea durante la época del festival bienal de música, un momento de explosión cultural en Chiquitos. No hay una sede única, sino eventos en muchos pueblos y misiones durante varios días de abril. Desde esta zona podemos llegar al Pantanal brasileño vía Quijarro o al Parque Nacional Noel Kempff Mercado.

Fotos: Bamse / Geoffrey Groesbeck

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