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Monasterio de San Hilarión / Tell Umm Amer

Monasterio de San Hilarión / Tell Umm Amer

Gaza (Palestina)

Pionero bajo amenaza


En el último medio siglo, Gaza se ha convertido en sinónimo de aislamiento, ocupación, densidad poblacional, destrucción, terrorismo, genocidio y resistencia. Esa es su historia reciente, porque solo viendo su localización entre Egipto y el Levante mediterráneo uno puede intuir que aquí han pasado muchas cosas y que las montañas de escombros se convertirán en uno más de los estratos arqueológicos de una larga trayectoria. Apenas cuarenta kilómetros de una estrecha franja costera, Gaza ha actuado como bisagra territorial durante milenios. En tiempos de guerra era escenario de batallas y asedios entre Egipto y distintos estados levantinos como Canaán o Asiria, mientras que en tiempos de paz era puerto de paso de unos u otros. Griegos, nabateos y romanos fueron sus principales dueños en la Edad Antigua. La etapa final del imperio romano fue muy convulsa por las disputas internas entre paganos y cristianos. Inicialmente una minoría, los segundos se alzaron con el poder a comienzos del siglo V. Por entonces había ya una pionera comunidad monástica en San Hilarión que sentó las bases de este tipo de vida en la región.

Mosaico del monasterio de San Hilarión

Gaza era por entonces un puerto de referencia que conectaba Oriente Medio con el Mediterráneo gracias a la pax romana, una larga etapa de prosperidad y crecimiento económico. Esto tuvo reflejo en un gran número de templos paganos levantados antes de la progresiva conversión al cristianismo, iniciada sobre el año 250. Antes del impulso definitivo bajo el obispo San Porfirio fue clave la figura de San Hilarión, un anacoreta nacido en el año 291 considerado el fundador de las órdenes monásticas de Gaza. Influido por Antonio Abad, primer monje eremítico ubicado en Egipto, quiso ir un paso más allá desligándose de todo contacto humano y bien terrenal retirándose al desierto de Gaza, en el interior del puerto de Maiuma, sobre el año 308. Tras una larga etapa aislado del mundo, Hilarión comenzó a recibir fieles entre los que se le atribuyeron multitud de milagros, lo que inevitablemente implicó la llegada de discípulos y la formalización de un monasterio, algo de lo que el joven Hilarión habría renegado con profusión. 

Tras varios viajes, Hilarión murió en Pafos, en la isla de Chipre, pero su cuerpo regresó a su monasterio para su veneración. Situado en un cruce de caminos tan estratégico como la propia franja, este se convirtió en una pieza fundamental para la popularización de las órdenes monásticas en el Levante. Con el establecimiento del cristianismo como religión oficial en el imperio bizantino, el monasterio de San Hilarión se convirtió en la cabeza de la escuela monástica gazatí y no dejó de crecer en los siglos V y VI, como demuestran sus sucesivas ampliaciones. Sin embargo, esta posición dominante en su región fue un obstáculo para su supervivencia en tiempos musulmanes. Con el ascenso del Islam se pierde el rastro de San Hilarión, que se hunde bajo la arena y se recupera siglos después como el tell arqueológico de Umm Amer. En 1993, un grupo de arqueólogos israelíes descubrió sus restos cerca del campo de refugiados de Nuseirat. Además del registro histórico, varias inscripciones dieron solidez a la identificación del lugar con San Hilarión.

Vista aérea del baptisterio de San Hilarión

Tell Umm Amer nos habla de la vida monástica en sus primeros pasos por la distribución del espacio: cinco iglesias superpuestas datadas en los cuatro siglos de historia del complejo que culminan en una gran basílica, baños, una de las mayores criptas de la región, sistemas de agua y calefacción y zonas residenciales dedicadas tanto a los monjes como a los peregrinos. Desde el punto de vista decorativo, San Hilarión destaca especialmente por sus mosaicos con motivos geométricos, vegetales y  animales. Están entre los más valiosos y representativos de la era bizantina en el Levante por diseño y calidad. La zona mejor conservada corresponde al baptisterio del monasterio, pero el tema de la preservación es sin duda el reto del lugar. El clima político de Gaza, que nada tiene que ver con el contexto que vivió en su día San Hilarión, complican sobremanera la gestión de los restos arqueológicos al haber muchas prioridades por delante de estos. 

Obviamente, la situación de Gaza desde hace décadas hace del turismo una práctica de riesgo total o una cuestión directamente imposible por los bloqueos de fronteras. La única manera viable de entrar en la franja es siendo parte de algún contingente humanitario y aun así será complicado moverse. El sitio no tiene ningún servicio de visitas, aunque permite una aproximación a través de unas pasarelas de madera. Lo único apreciable son las modestas infraestructuras destinadas a preservar el lugar que poco podrán hacer en caso de que una bomba accidentalmente caiga en el lugar. Antes de la última guerra, el monasterio estaba mostrando su potencial turístico siendo el sitio arqueológico de referencia en Gaza, algo que ojalá tenga continuidad en el futuro.

Fotos: UNESCO Ramallah Office / Première Urgence International

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