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Obra arquitectónica de Le Corbusier – Contribución excepcional al Movimiento Moderno

Obra arquitectónica de Le Corbusier – Contribución excepcional al Movimiento Moderno

Alemania, Argentina, Bélgica, Francia, India, Japón y Suiza

Arquitectura y urbanismo del siglo XX


Con Le Corbusier ocurren dos cuestiones conectadas: es difícil encontrar un arquitecto del siglo XX con mayor influencia a nivel mundial y por ello es también difícil encontrar uno que haya recibido más críticas. Para entender su figura hay que remontarse al urbanismo resultante de la Revolución Industrial. La ausencia de transporte rápido había provocado que fábricas y viviendas convivieran muy cerca entre sí acumulando población en núcleos urbanos cada vez más alejados de la naturaleza. Ya lo había denunciado Ebenezer Howard, primero en hablar de la ciudad jardín e inspiración de Le Corbusier. La llegada del coche, además, planteaba nuevos retos en unas calles nada adaptadas a su circulación. La solución de Le Corbusier fue su Villa Radiante, que si bien no desarrolló en su totalidad, sí influyó en ciudades como Brasilia y por extensión en numerosos programas de actuación urbanística desde los años 50, además de inspirar el brutalismo. Más allá de la polémica es necesario analizar una figura clave de la arquitectura moderna.

Palacio de la Asamblea de Le Corbusier en Chandigarh, India

Le Corbusier nace como Charles-Édouard Jeanneret en 1887 y se ve atraído desde pronto por las artes plásticas, aunque no la arquitectura. Empezó a diseñar viviendas en 1905 y poco después trabajó para Auguste Perret, flamante defensor del hormigón, como demostraría en Le Havre. Conoció a otras figuras de la arquitectura y fue cambiando su estilo, siempre con Perret como mentor. Tras realizar algún trabajo, en 1918 se trasladó a París y se mantuvo al margen de la arquitectura para refinar sus influencias y filosofía. El resultado fue declararse enemigo de las artes decorativas y presentar las primeras soluciones habitacionales para resolver problemas del pasado y dar cobijo a millones de personas en lo que él denominó máquinas para vivir. Quiso darle forma proponiendo derruir amplias zonas de París para levantar su polémico y provocativo plan Voisin en el que su marcado funcionalismo se convertía en delirio. La sorna que generó tuvo pronto su venganza al cobrar fuerza el arte moderno.

En el nuevo movimiento, el hormigón no tiene una función menor: la estructura del edificio puede descansar en los pilares y no en las paredes, de modo que hay libertad para diseñar fachadas, plantas, dejar vacío el piso bajo y llenar de ventanales el exterior. Su quinto principio, utilizar la azotea como jardín, enlaza con su filosofía urbana: construir viviendas aisladas en entornos naturales, dividir funcionalmente la ciudad y unirla a través de autovías para aprovechar las ventajas del coche. Si un diseño cumple los cinco principios con todo su purismo, esa es la Villa Savoye en Poissy. La fama de Le Corbusier empezó a crecer y le llegaron contratos e invitaciones para participar en proyectos como Weissenhof, una ciudad modelo cerca de Stuttgart. A nivel urbanístico fue Pessac la ciudad donde levantó su primer proyecto, formado por ocho bloques similares.

Unité d’habitation de Le Corbusier en Marsella

La depresión y II Guerra Mundial aparcaron los proyectos, pero no las ideas, dándole la reconstrucción una oportunidad desde 1945. Pese a su ateísmo, probó suerte con la arquitectura religiosa en edificios tan originales como la capilla Notre Dame du Haut, en que sorprendió al utilizar pronunciadas curvas. El Le Corbusier urbanista vuelve a sobresalir con la Unité d’habitation de Marsella, su primer contrato público. Con la colaboración del artista Nadir Afonso diseñó un edificio funcional y autónomo. Hay que fijarse en el tercer piso, que no contiene viviendas, sino que está orientado a dotar de servicios a la comunidad. Marsella fue el modelo para proyectos similares y punto de partida para su macroproyecto vital en la ciudad india de Chandigarh. El presidente Nehru le ofreció lo que no tenía en Francia: libertad y fondos. Incluso llegó a utilizar su propio sistema de medidas, el modulor. Le Corbusier se ocupó personalmente de los edificios gubernamentales, entre los que destaca el Palacio de la Asamblea. Aunque no todo salió como quiso, la fama ya estaba ganada. Uno de sus últimos proyectos fue el Museo de Arte Occidental de Tokio.

Le Corbusier fue uno de los primeros arquitectos auténticamente internacionales, por lo que su obra está repartida en multitud de estados y ciudades: La Plata, Tokio, Ahmedabad en India, Berlín, Nueva York, Moscú, Ginebra y por supuesto Francia. Quitando Chandigarh, en el norte de la India, este es el país idóneo para una visita completa. Tres serían los puntos: la Unité d’Habitation de Marsella, situada en un barrio al sur y visitable en sus zonas comunes con o sin la recomendable visita guiada. Unas dos horas al sur de Estrasburgo está Ronchamp, donde Notre Dame du Haut está sobre una colina. Se puede visitar por dentro pagando entrada. Por último, Villa Savoye está en Poissy, a las afueras de París. Se llega en bus, aunque la estación está a unos veinte minutos. Si vamos en coche se puede combinar con Versalles. Es visitable por libre, aunque el interior es algo frío al no estar amueblado.

Fotos: Meghana Kulkarni / cittadioro

    1 Comment

  1. Wondrous architectural projects for the betterment of the human race and its surroundings

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