Oasis agotado
La centralización política de las tribus del interior de la península arábiga fue un lento proceso que culminó Mahoma. Hasta entonces, la tónica general fue una constante de alianzas y conflictos tanto entre las tribus como con grandes reinos e imperios como nabateos, romanos y bizantinos. Estos y otros reinos costeros dependían de las tribus para asegurar las caravanas que atravesaban el desierto, por lo que les convenía una gestión ordenada que promovieron. Uno de los éxitos fue el Reino de Kinda, originalmente una confederación tribal asentada en el sur de la península. Otra confederación, Ma’add, solicitó a Kinda que pusiera paz entre sus propias tribus. Para ello se creó el reino y se trasladó su centro administrativo al norte, dejando atrás el menguante oasis de Al-Faw. Aquí, en el borde del durísimo desierto ‘Uruq Bani Maraud, había florecido durante cerca de un milenio una cultura que sirvió como paso de caravanas. Todos los que llegaron aquí dejaron tras de sí un legado formado por ruinas urbanas, relieves, túmulos e infraestructuras hidráulicas.
Una escarpadura recorre la franja izquierda de la meseta Jabal Tuwayq, donde se han ido asentando distintos pueblos desde el Paleolítico. El paisaje era muy distinto en el pasado, cuando distintos cursos de agua cruzaban la región y permitían la vida. Como en el Sáhara, la desertificación del territorio ha sido paulatina: en el Neolítico, los bosques dejaron paso a las praderas, los cursos se fueron secando y al entrar en la Edad Antigua el paisaje es prácticamente desértico. Entonces entran en juego las aguas subterráneas e infraestructuras hidráulicas, que permiten prolongar la vida en Al-Faw unos siglos. La desaparición súbita de la ciudad de Qaryat al-Faw tuvo seguramente mucho que ver con el agotamiento de estos depósitos. Finalizaba una presencia que se extiende más de 10.000 años según sabemos por la presencia de distintas herramientas líticas. En el segundo milenio a.C. se inició una fase más estable, representada por varias necrópolis, que culmina con la fundación de la ciudad en el siglo IV a.C., seguramente con el fin de controlar las rutas comerciales por la península.
Esta primera Qaryat al-Faw fue base para muchas tribus regionales que hacían intercambios comerciales y culturales. Fue ganando relevancia y se convirtió en la capital del denominado Reino de Kinda en sus inicios, que no dejaba de ser poco más que una confederación tribal. De esta época no se conocen nombres de reyes, probablemente porque no existían como tal, lo que no impidió repeler ataques de Saba y acuñar propia moneda. Cuando Kinda estaba ganando relevancia al controlar Ma’add llegó el fin del oasis y la ciudad, que se convirtió en un sitio arqueológico que la arena fue cubriendo. El sitio fue descubierto en 1936 y posteriormente anunciado por trabajadores de una compañía petrolera. Los trabajos arqueológicos arrancan en los años 70 e identifican la ciudad incluyendo relevantes inscripciones como una de las primeras escritas en sabeo, evidencia del árabe antiguo. Con el tiempo se han ido trabajando los sitios anexos no urbanos como las necrópolis.
El legado arqueológico que precede la ciudad de Qaryat al-Faw es extenso y variado. Hay templos neolíticos, estructuras circulares funerarias, túmulos, numerosos cairns, curiosas estructuras en piedra seca con líneas ahusadas sin una función clara y un buen número de petroglifos con imágenes de personas, carros, animales e inscripciones. La ciudad de Al-Faw está flanqueada por dos fuertes con funciones de caravasar que daban paso al tejido urbano. Además, varias casas torre fuera del núcleo parecen sugerir también funciones defensivas. La ciudad en sí está formada por dos partes, una residencial y administrativa y otra religiosa en la que se halló un pequeño santuario del siglo I dedicado a Kahl y Abat, deidades típicas de los tiempos premusulmanes de las tribus arábigas. En ambas zonas urbanas se han identificado estructuras cuadradas con almacenes y un pozo central que se han equiparado a los zocos modernos.
La carretera 177 que conecta el área cultural Hima con el centro del país es la referencia para el sitio arqueológico de Al-Faw, excursión a la que podemos combinar los aspectos naturales con el desierto de ‘Uruq Bani Maraud. Como referencia, la capital se encuentra 700 kilómetros al noreste, así que necesitaremos hacer noche en un punto intermedio como Wadi ad-Dawasir, a cien kilómetros. Siempre en 4×4, ya sea nuestro vehículo o, más recomendable, un coche con conductor. Al-Faw está iniciando sus visitas turísticas y de momento necesita permiso específico para visitarse, pero es probable que la situación se facilite con el tiempo. No obstante, por lo remoto del lugar no será muy visitado. Hacerlo es una experiencia única por ello y por el duro paisaje, pero es muy recomendable venir en invierno, cuando las temperaturas son más suaves.
Fotos: Elise Garcia / Heritage Commission



Comentarios recientes