Rusia preindustrial
Cuando el comunismo tomó el poder en Rusia, la economía estaba fundamentada por un sector primario no modernizado. No había incentivos para la inversión y la industrialización era casi inexistente. Con unos costes humanos elevados, la Unión Soviética se industrializó entonces en tiempo récord. En el norte, más despoblado, este proceso buscaba extraer materias primas, para lo cual era fundamental mejorar redes de transporte como con la creación del canal que unió el mar Báltico con el Blanco, un proyecto basado en el trabajo forzado. Este proceso cambió el aspecto de muchas regiones rurales del norte como el lago Onega, parte del canal. No todas las zonas despertaban el mismo interés para el gobierno comunista y escaparon de este acelerado proceso de industrialización. El más paradigmático es Kenozero, cuya única actividad industrial fue servir de punto de paso para la industria maderera. Finalizado también este rol se creó un Parque Nacional que protege sus aspectos tanto naturales como su arquitectura tradicional.
Muchos de los lagos del norte de Rusia tienen origen glaciar, pero no Kenozero, formado en una depresión natural por una factura tectónica. Esto marca su irregular contorno lleno de pequeñas bahías, penínsulas e islotes. Lo que comparte con otros cercanos es el bosque boreal que lo rodea, cuyo clima es húmedo y realmente duro en invierno. Este lago desagua en el río Kena, afluente del Onega, pero no es el único foco del Parque Nacional al que da nombre. Al sur incluye otro lago de tamaño apreciable, el Lyokshmozero, que sí es de origen glacial. Entre medias yace un humedal de bosques y otros pequeños lagos en un terreno ligeramente ondulado, pero básicamente llano. Ambos lagos son destino de aves migratorias que pasan aquí el suave verano. La fauna se complementa en tierra con mamíferos como osos, alces, lobos y linces. Estos aspectos naturales han sido y son compatibles con la limitada presencia humana y sus actividades extractivas.
Los primeros habitantes de Kenozero fueron tribus fino-úgricas llegadas en el primer milenio a.C. Mercaderes de Nóvgorod que pretendían establecer rutas con el mar Blanco y campesinos buscando tierras libres fueron los primeros eslavos en llegar desde el siglo XII, siendo mayoría para el siglo XVI. Ambas culturas moldearon el carácter de Kenozero y sus tradiciones rurales. Más de cincuenta pequeños asentamientos y cuatro monasterios se instalaron en los cursos de agua y se conectaron con caminos. El carácter agrícola de Kenozero fue matizado durante la era soviética, que concentró la población y apostó por la ganadería, pero no a una escala industrial como para borrar su identidad y cultura. Aunque cristiana, en esta es fundamental la comunión con la naturaleza y la combinación de bosques sagrados con estructuras de madera, cementerios y cruces. Muchas de estas señalan puntos donde hubo iglesias en el pasado. El patrón de despoblación de Kenozero es hoy la principal amenaza para sus aldeas y construcciones.
Kenozero es un repositorio de arquitectura tradicional de madera rusa, clave en el norte del país junto a Kizhi Pogost. Salvo alguna iglesia de piedra, la madera es la materia prima de las estructuras, empezando por las izbas, cabañas de madera en las que destacan la unión de tableros en las esquinas y la disposición interior, que varía según la fecha de construcción. Hay unas 750 izbas listadas en el Parque, a las que se unen capillas e iglesias. Entre estas destacan las presentes en dos pogost o centros religiosos rurales imprescindibles en Kenozero: Porzhensky y Pochozersky, ambos con estructuras desde el siglo XVIII. El primero incluye la valiosa iglesia de San Jorge y el segundo es el único complejo que conserva dos iglesias y un campanario rodeados por una valla de madera. En Kenozero podemos apreciar una de las tradiciones decorativas más relevantes del norte ruso: los cielos. Se trata del techo central de la sala de rezos de iglesias y capillas, en forma de pirámide truncada radiando desde un círculo central, cuyas caras tienen murales pintados con distintas figuras religiosas.
Una de las vías para sostener la población de Kenozero es el turismo, sobre todo interior, que ha crecido exponencialmente en los últimos años, aunque dentro de límites de sostenibilidad. Muchas izbas funcionan como segunda residencia y otras se han transformado en alojamientos rurales sin que haya planes para grandes infraestructuras hoteleras. Nyandoma es la localidad con tren más cercana y desde aquí tendremos que contratar transporte privado o un coche de alquiler, mejor 4×4. Vershinino es la aldea ideal para alojarse y alberga el principal museo de artesanía de la región. Desde aquí podemos optar por recorridos a pie señalizados, paseos en barca y participar en talleres de artesanía. El lago es también famoso por sus cielos estrellados por la baja contaminación lumínica. La mejor época para ir es el verano, pues en invierno las condiciones son muy severas.
Fotos: Mpr89 / Nikolay Kulebyakin



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