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Ruta colonial transístmica de Panamá

Ruta colonial transístmica de Panamá

Panamá (Panamá)

  • Author: info@viajealpatrimonio.com
  • Date Posted: 14 06, 2021
  • Category:

Plata global


Aproximadamente cuatro quintas partes de las mercancías globales se mueven por vía marítima. La estandarización de los contenedores, la deslocalización de la producción y el establecimiento de rutas seguras y cortas han sido clave. Esto último solo fue posible con la apertura de canales como Suez y Panamá. El segundo fue abierto en 1914 y supuso la recuperación de una ruta en relativo letargo clave para el imperio español. Ser el punto más estrecho del continente hizo de la ruta colonial transístmica de Panamá un foco del traslado de mercancías. Entonces, estas debían justificar los costes asociados, de ahí la dominancia de la plata: casi dos tercios de la extraída en Sudamérica pasó por aquí. Por todo ello, este punto del planeta lleva siendo nudo de la economía global desde el siglo XVI. La Ruta incluye los caminos supervivientes y las ciudades en sus extremos, Panamá Viejo y la actual capital. 

Vista aérea del casco viejo de Panamá

Pedro Arias Dávila fundó Panamá en 1519, años antes de la conquista del imperio inca que la convirtió en el puerto de referencia para las mercancías del Perú. El descubrimiento de la plata de Potosí data de 1545 y fue espaldarazo definitivo para las dos rutas comerciales que conectaban las costas desde décadas antes. El Camino Real fue el primero al trabajarse sobre la base de senderos indígenas. Los españoles pavimentaron y mantuvieron los caminos, pero en época de lluvias no era suficiente. El terreno se embarraba durante varios meses, lo que impulsó a diversificar recorridos con el Camino de Cruces. La diferencia fundamental es que se utilizaba el río Chagres, lo que en condiciones ideales lo hacía más lento, pero el único viable en lluvias. En ambos extremos, fuertes y ciudades hacían las funciones de almacenaje.

La piratería era habitual y, sumada a la liberalización del comercio colonial y las nuevas rutas por el cabo de Hornos, hizo descender el tráfico en el siglo XVIII. Los procesos independentistas pusieron la puntilla, pero el traslado de la costa este estadounidense a su oeste encontró aquí su momento óptimo: se recuperaron los viejos caminos y en 1855 se tendió un ferrocarril extraordinariamente lucrativo que seguía el trazado colonial. A finales del siglo XIX se replanteó la histórica idea de conectar océanos mediante un canal que se materializó en 1914. En el proceso se creó el lago Gatún, que inundó parte de los viejos caminos y parte en dos la ruta. Al noroeste queda una sección fluvial conectada con el castillo de San Lorenzo. En el tramo que arranca al terminar el lago, el desbrozado de la selva ha permitido apreciar sofisticados empedrados con anchos estandarizados, bordillos y un ligero drenaje que denotan planificación. El camino acababa en ciudad de Panamá, cuya expansión urbana se fue comiendo los tramos más cercanos.

Ruinas de Panamá Viejo

La actual capital sustituyó a Panamá Viejo, que resistió ataques piratas hasta 1671, cuando Henry Morgan lideró una expedición atravesando la jungla y la saqueó tan furibundamente que forzó la mudanza. Dos años después se fundó la nueva ciudad de Panamá en una península a unos ocho kilómetros, aislada del continente, por donde había llegado el ataque, y protegida por el arrecife que la rodea y una muralla con tres baluartes a la vanguardia de la arquitectura militar. Se utilizaron piedras de Panamá Viejo, lo que redujo la antigua ciudad a un amasijo de ruinas. Esta es hoy un parque público en el que se distinguen el urbanismo colonial y algunas estructuras: destacan los restos de la catedral, con un campanario de treinta metros, y los del Convento de la Concepción. El distrito histórico actual conserva el clásico damero colonial y una arquitectura más diversa que otras plazas coloniales, con influencias francesas e incluso modernistas art decó. Quedan restos de la muralla con el bastión Mano de Tigre, la catedral con su original estructura de piedra y techo de madera y el precioso altar barroco de San José.

Ciudad de Panamá es la puerta de entrada al país y una de las ciudades más modernas de América Latina. El centro histórico es perfectamente paseable, ideal para alojarse, y nos llevará medio día, más si dedicamos tiempo a museos como el del Canal. A Panamá Viejo es mejor llegar en transporte y dedicarle unas dos horas, con la subida al campanario de la catedral como imprescindible. La opción más genuina es recorrer parte del camino que sobrevive: varias secciones enlazadas suman unos 36 kilómetros que se pueden abordar en tres etapas con guías profesionales, aunque sin infraestructuras para dormir in situ. Hay dos opciones más sencillas: recorrer un tramo corto en las afueras de la capital o remontar en barca el río Chagres hasta las ruinas de Venta de Cruces, donde podemos iniciar un tramo del camino original dentro del Parque Nacional Soberanía. En todos los casos lo recomendable es venir entre diciembre y marzo, fuera de la temporada de lluvias que puede complicar mucho los caminos.

Fotos: Garcia.dennis / Rodolfo Aragundi

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