Genocidio involuntario
Famosas crisis demográficas como la peste negra se llevaron por delante a la mitad de la población europea, dato que palidece ante el efecto de la transmisión de enfermedades de colonos en tierras indígenas. A comienzos del siglo XIX, antes del contacto con los europeos, vivían en las islas Marquesas unas 78.000 personas. Poco más de un siglo después eran poco más de 2.000, lo que viene a ser alrededor de un 97% de reducción demográfica causada por el contagio involuntario de enfermedades para las que los indígenas no tenían inmunización alguna. Las Marquesas habían dejado de ser el paraíso polinesio que transmitieron a los primeros visitantes pese a su relativa aridez en comparación con otros archipiélagos. Desde comienzos del siglo XX, la población ha remontado y las islas procuran conservar su legado material indígena en el que destacan la arquitectura en piedra seca y las esculturas.
Las Marquesas forman un archipiélago de quince islas dibujando una recta de unos 400 kilómetros. Son tierra emergida por procesos volcánicos de una meseta submarina sobre un punto caliente. Las islas se han ido formando desde hace seis millones de años, los que tiene Eiao. Están divididas geográfica, política y culturalmente entre norte y sur, aunque todas presentan un aspecto relativamente parecido: son muy escarpadas, con techo en los 1.232 metros del Monte Oave. Comparten también un clima que viene marcado por la relativa aridez, sobre todo debido a los periodos de sequía prolongada que limitan su vegetación, que no presenta el aspecto paradisíaco de otras polinesias. Estas precipitaciones varían notablemente dentro de las propias islas, siendo mucho más verdes las caras norte y este. El clima también marca la ausencia de arrecifes de coral, que no va en detrimento de la rica vida marina que gozan sus aguas con gran presencia de delfines y mantarrayas.
Otro factor clave es el aislamiento: las distancias marcan el gran endemismo de especies que viajaron miles de kilómetros para adaptarse. Hay más de 300 especies vegetales endémicas, el 40% de los peces de sus costas y la práctica totalidad de especies terrestres, muchas amenazadas por sus pequeños hábitats. Entre las aves se cuentan además varias especies migratorias. Este aislamiento no fue impedimento para la llegada de indígenas, que se estima en torno al siglo XI según últimas dataciones. Estos, que denominan a sus islas Te Henua Enata, la tierra de los hombres, progresaron pese a las limitaciones de la escarpada geografía en zonas arables de los valles interiores. En estos, los indígenas se organizaban en jefaturas que habitualmente competían entre ellas por prestigio en los períodos de conflicto toua, pero alternando con periodos de paz moù. Los europeos avistaron las islas en 1595, pero no fue hasta el siglo XIX que llegó el impacto real a las Marquesas.
El proceso de aculturación fue tan brutal como el declive demográfico. La identidad Enata quedó diezmada y la población abandonó sus asentamientos interiores, que se convirtieron en sitios arqueológicos. En las Marquesas es clave la piedra basáltica, materia prima de los paepae y tiki. Los primeros son plataformas de piedra seca sobre las que se erigían distintas estructuras: viviendas, sitios ceremoniales tohua y estructuras religiosas meàe. Los tiki son esculturas monolíticas en piedra basáltica, principal manifestación decorativa junto a los petroglifos y estelas grabadas. Los principales sitios arqueológicos están en las dos islas más pobladas: Nuku Hiva y Hiva Oa. En la primera se encuentra la mayor densidad de sitios, con foco en el valle de Hatiheu, y petroglifos. En Hiva Oa tenemos el valle de Taaoa con los tohua y meàe más sobresalientes por su tamaño: Upeke y Pata. El valle de Puamau, en la misma isla, es conocido como el valle Tiki, gracias a una veintena de esculturas de gran tamaño incluyendo el tiki Takaii, de más de dos metros.
Como en otras islas de Polinesia, la principal complicación de las Marquesas es llegar hasta ellas por su alto coste en tiempo y dinero. Nuku Hiva y Hiva Oa tienen aeropuerto conectados con Tahití, aunque el principal flujo de turistas llega desde esta isla a través de cruceros de unas dos semanas de duración. Aunque ambas islas ofrecen todo tipo de experiencias, se suele identificar a Nuku Hiva con el turismo natural y a Hiva Oa con el arqueológico, además del reclamo del pintor Paul Gauguin. Dentro de cada una de ellas, lo más recomendable es contratar excursiones o un coche con conductor por lo imprevisible del estado de las carreteras interiores. Las Marquesas no son objetivo del turismo de playa, pero también tienen sus lugares para relajarse. La cocina está muy relacionada con la de Tahití tanto en ingredientes como en recetas. En cuanto a la época del año, lo ideal es venir de junio a diciembre, en la estación seca.
Fotos: Jérôme Maurel / Rita Willaert



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