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Zona de monumentos arqueológicos de Xochicalco

Zona de monumentos arqueológicos de Xochicalco

Morelos (México)

  • Author: info@viajealpatrimonio.com
  • Date Posted: 27 10, 2019
  • Category:

Convulsos tiempos tras Teotihuacán


El periodo clásico en Mesoamérica abarca un amplio espacio de tiempo que va del año 250 al 900. En más de seis siglos y tratándose de una gran extensión hubo distintas etapas. El clásico tardío ocupa los dos últimos siglos, marcados por la caída repentina de Teotihuacán y el declive progresivo de grandes ciudades de Yucatán como Tikal. El centro de poder del actual México quedó vacante tras el fin de la primera. Varias ciudades se lo repartieron sin repetir la grandiosidad de Teotihuacán, que junto a Tikal marca el cénit cultural a todos los niveles de la Mesoamérica precolombina. No obstante, el epiclásico no es un periodo oscuro, solo menos innovador: muchos de los avances previos fueron utilizados y mejorados. Ciudades como Xochicalco crecieron en esta época. En este ejemplo concreto, aunque la ciudad existía desde tiempo atrás, la llegada de inmigrantes del sur produjo una fusión cultural que impulsó la ciudad. Quedó reflejado en la calidad de sus relieves, sus conocimientos astronómicos y su sistema hidrológico.

Vista desde Xochicalco hacia los distintos niveles de la ciudad

Las causas del fin de Teotihuacán no están claras, pero sí sus consecuencias: la población se dispersó. Es bastante posible que cambios climáticos y la dificultad de alimentar a tanta gente tuviera que ver. Las reglas del juego cambiaron, siendo las nuevas ciudades más pequeñas y volubles, como las alianzas o una población migrante. Xochicalco, a algo más de cien kilómetros de Teotihuacán, no llegó a pasar de 15.000 habitantes. Se trata de una ciudad prototipo de esta nueva y compleja era en la que controlar los escasos recursos y el comercio era fundamental, como lo fue la capacidad defensiva y bélica de cada nueva ciudad. Fundada sobre el siglo VII, Xochicalco creció tras el declive de Teotihuacán, pero su reinado fue corto: hacia el siglo IX sufrió un gran saqueo e incendio, tras lo cual fue abandonada sin intento de recuperación. Sobre el año 1200, un grupo de gente náhuatl ocupó parcialmente las ruinas, pero no se llegó a recuperar.

Cerca también de Tenochtitlán, la capital azteca, las ruinas fueron conocidas por los colonos desde su llegada, pero la primera descripción se la debemos a Antonio Alzate en 1777. En el siglo XIX fueron investigadas, trabajo que no cesó en el XX y al que se unieron restauraciones. Lo primero que destaca es el acceso: situada sobre varias colinas, un sistema inédito de fosos, bastiones y puertas dan acceso a las plazas de la ciudad. La planificación de Xochicalco también incluyó el aplanamiento de varias zonas para construir estas plazas, que conectan junto a rampas y escaleras las partes de la ciudad formando un eje norte-sur. Se tuvieron en cuenta también las menores lluvias y abundan los sistemas de drenaje y cisternas. Xochicalco se divide en tres partes que de abajo a arriba reproducen la estratificación social: en la zona inferior, menos explorada, está la primera línea de bastiones con edificios residenciales. Por encima está la zona del mercado y la ceremonial de la plaza de los glifos, desde las que se accede a la zona alta o acrópolis, en la que se distribuyen los principales edificios.

Relieves de la Serpiente Emplumada en Xochicalco

Entre las dos zonas más relevantes se localiza la gran pirámide, el edificio más grande de Xochicalco, con siete grandes escalones y restos de un templo en la parte superior. También en el nivel intermedio están el principal juego de pelota y la zona palaciega. La parte superior se divide a su vez en tres partes distribuidas desde una plaza en la que se localiza la pirámide de la Serpiente Emplumada. Es la muestra artística más relevante por su original diseño y los fantásticos relieves de la serpiente Quetzalcoatl. En la parte norte hay otros dos elementos interesantes: por un lado, uno de los baños mayas o temazcales más finos y mejor conservados. Por otro, debajo de una gran cisterna está la entrada a unas cuevas utilizadas primero como almacén y luego como observatorio astronómico. Para ello se enlució el interior y se abrió una chimenea hexagonal teniendo en cuenta los movimientos del sol.

Xochicalco se encuentra relativamente cerca de la ciudad de Cuernavaca, que a su vez está cerca de Ciudad de México, por lo que es factible ver las ruinas en un solo día desde esta e incluso combinar la excursión con algún monasterio en las faldas del volcán Popocatépetl. Por su tamaño, en Xochicalco necesitaremos unas tres horas. Como muchos turistas dedican su día de excursión a Teotihuacán, aquí veremos bastante menos gente. Lo más complicado de encontrar es el observatorio, pero merece la pena. Si venimos entre el 30 de abril y el 15 de agosto más aún, pues es la época en la que el sol ilumina su interior. Además de las ruinas es imprescindible el museo del sitio, muy completo.

Fotos: Esthephani Martínez / Oldracoon

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