Parches de vida
Cuando pensamos en los ciclos climáticos y las glaciaciones solemos remitirnos a los extremos del planeta, donde la capa de hielo avanza o retrocede cambiando radicalmente el paisaje. Los trópicos suelen mantener su temperatura más estable, pero no quiere decir que no sufran cambios, sobre todo en pluviosidad y humedad. Durante una etapa fría, la estacionalidad de las lluvias aumenta y muchas selvas se transforman en sabanas. Luego, la selva recupera terreno. Para fauna y flora, estos ciclos provocan una explosión de biodiversidad. Mientras las selvas son islas aisladas hay un proceso de especiación con linajes separados. Cuando el proceso se invierte, las especies vuelven a coexistir, lo que genera momentos de competencia e hibridación. A largo plazo, esto produce una rica biodiversidad con endemismos muy localizados en lugares donde las selvas están más desconectadas. Un ejemplo lo tenemos en la selva guineana, más parcheada de lo natural por la agricultura, que sobrevive lugares como el complejo Gola-Tiwai, que rebosa biodiversidad pese a su limitada extensión.
El pequeño estado de Sierra Leona es ejemplo de estos vaivenes climáticos, pues su superficie se divide en biomas de sabana y selva, aunque con amplias zonas cultivadas. Sobre todo en su parte central y occidental, donde se acumula la mayor parte de la población y el terreno es más llano. Más accidentado, en el este discurren varios ríos que proceden mayoritariamente de Guinea, que hace frontera en el norte del país. Algunos como el Rokel y el Sewa son fundamentales para la población humana, mientras que el Moa tiene una relevancia natural extraordinaria por su biodiversidad. En él se encuadra la pequeña isla de Tiwai, que pese a su reducido tamaño es un foco de biodiversidad con dinámicas muy específicas según la estación. Esta zona del río Moa conecta con un pasillo ecológico parcialmente fragmentado con el bosque de Gola, la mayor y mejor extensión del bioma de Alto Guinea en Sierra Leona que continúa al otro lado de la frontera con Liberia.
Empezando por sus más de mil especies de flora, Gola-Tiwai es uno de los reductos de biodiversidad endémica del Alto Guinea más valiosos. En el bosque Gola hablamos de amplias regiones de bosque primario, lo mismo que la isla Tiwai, cuya afectación por las talas del pasado ha sido muy escasa. Aunque la extensión del complejo no sea comparable a la de grandes zonas tropicales como el Congo, la diversidad de mamíferos es sobresaliente con más de cincuenta especies diferentes, muchas amenazadas. Destacan especialmente los hipopótamos pigmeos, elefantes de bosque, pangolines, antílopes y una rica variedad de primates. Entre estos destacan las poblaciones de Tiwai, que tiene una de las mayores concentraciones de primates del planeta incluyendo colobos y chimpancés. Investigados desde hace décadas, han sido observados utilizando herramientas de gran complejidad. La variedad de paisajes entre bosque y río hace que la presencia de aves sea también sobresaliente, con cerca de 500 especies diferentes.
Gola y Tiwai, cuya reconexión efectiva es el corazón del proyecto de conservación actual, tienen historias muy diferentes. El bosque comparte pasado con el resto de selvas del país: una etapa de extracción limitada y uso comunitario, un aumento de la explotación maderera tras la colonización y la posterior independencia y etapas funestas durante las guerras civiles, con un aumento de la caza furtiva. Reductos como Gola fueron protegidos a distintos niveles legales hasta culminar con su nombramiento como Parque Nacional en el 2010. No lo es la isla Tiwai, que sin embargo ha llevado mejor los acontecimientos del país y es símbolo de la protección comunitaria, estando su gestión repartida entre las aldeas Mende que rodean la isla, para los que fue un territorio sagrado. No quiere decir que no hubiera actividades extractivas, pero con mucha menos afectación. En los años 70 acogió a los primeros primatólogos atraídos por su excepcional biodiversidad y se convirtió en uno de los laboratorios vivos más valiosos de África occidental.
Pasada la guerra civil, Sierra Leona es un país que intenta atraer un turismo que llega en moderadas cifras cada año por la escasa infraestructura. Es un destino ideal para ecoturismo que busca experiencias sin apenas presencia de occidentales. Ingredientes obligatorios son planificación, guías locales, un 4×4 con conductor y viajar durante la estación seca, entre diciembre y febrero a poder ser. Tiwai es un destino más famoso y habitual gracias a la presencia de la Environmental Foundation for África, que gestiona las visitas. Implica llegar al embarcadero de Kambama y pasar en barco hasta el santuario, donde será fácil encontrar primates por la concentración. Si queremos ir más allá, el bosque de Gola también ofrece itinerarios de distinta longitud desde la localidad de Lalehun. Es obligatorio reservar con antelación los permisos y la logística para el bosque.
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